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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

ESPEJO XV: PERFORMANCE, PAISAJE y ALMA

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El pensamiento ingenioso de la doctora Celia Fernández se revela en estas reflexiones sobre el espejo y el Performance Art, un territorio ya explorado en su emblemática tesis, texto referencial e insigne para investigadora ejemplar. Resultó muy gratificante ser el director de la tesis doctoral de Celia, poder descubrir la facultad de una humanista con agudeza de conceptos y con un sutil pensamiento.

 

En su valentía y sabiduría, se constatan las relaciones entre el espejo y el espejismo espacial del Performance Art, pilares fundamentales del lenguaje metafórico de las Artes Escénicas, un pensamiento científico y metafórico para cubrir y abordar el espejismo de los Accionistas de Viena, de los Rituales mostrados en Imágenes reveladas entre espejos poetizados y reflejos putrefactos de raíz Dada y Surrealista.

 

 

 

Espejo negro y soleado, espejo celeste.

Oro y Plata.

Espejismo y Sombra poetizada: Gruta tapizada de espejos.

Dan Graham: Espejo hundido y estallido ante la Naturaleza.

Viaje de Lorca y Buñuel lejos del espejo, aguas encerradas y enterradas para integrarse con los espejos multiplicados, mosaico escénico, arcano de la Madre Naturaleza.

Ante los espejismos de Celia descubrimos, con fascinación y misterio, los antropológicos paisajes secretos de Dante y las Máquinas Teatrales iluminadas por los Ingenios Metafóricos de Celia.

 

 

 

La Poética del Espejo y el Performance Art

Celia B. Fernández Consuegra

 

… Entrabas

más audaz y liviana que el ala de un ave;

por la escalera, como un delirio,

saltabas de a dos los escalones, y corrías

a través de las húmedas lilas, llevándome lejos,

a tus dominios, al otro lado del espejo.

Arseni Tarcovski (1907-1989)

 

 

 

A lo largo de la historia, en la mitología, la literatura, la leyenda y el arte, el espejo aparece cubierto de un poder que va más allá de su propia forma y tamaño. Cualquiera sea su soporte material, el espejo encierra en sí todos los secretos y misterios que la historia humana ha necesitado guardar en él.

 

En el capítulo, El alma como sombra y como reflejo, de su libro The Golden Bough, James Frazer señala que los hombres primitivos consideraban a su sombra en el suelo y su imagen reflejada en el agua o en un espejo, como su alma, como parte vital de sí mismo, y por lo tanto, algo peligrosamente vulnerable. Cualquiera que maltratara o quisiera dañar esa sombra o ese reflejo, haría que el dueño de la misma lo sufriera1

 

Juan Eduardo Cirlot, relaciona el espejo con el pensamiento, en cuanto este es el órgano de autocontemplación y reflejo del universo. Este sentido conecta el simbolismo del espejo con el del agua reflejante y el mito de Narciso, apareciendo el cosmos como un inmenso Narciso que se ve a sí mismo reflejado en la humana conciencia.2

 

 

 

 

Ben Vautier, en la acción Me Regarder Dans un Miroir, de 1963, estuvo parado delante de un espejo durante cuatro horas. Se realizaron fotografías de este gesto, y una de ellas, la montó en un tablón con una descripción escrita a mano de su acción. De este modo, Vautier presenta una obra de arte que comprende el gesto y su representación. Su intención, fue comunicar cómo realizar un ritual de transformación, un ritual de paso, para conseguir transformar su ego.

 

Además, con esta acción, Vautier se erige en un Narciso moderno; su intención no era perseguir una sombra sino querer aprehender y comprenderse como una imagen, como una imitación perfecta de su idea, como su icono. Vautier considera el espejo como portador de un conocimiento al que se desea acceder, o reflexionar sobre la ‘verdad’ que supuestamente muestra; es la antítesis de inferir que el espejo es generador de engaños, creador de imágenes falsas y por lo tanto el símbolo de la banalidad y de lo fatuo.

 

Tanto Velázquez con su Venus del Espejo, como Caravaggio con su Narciso, Vautier con este performance, y muchos otros, han utilizado el espejo como una herramienta de autoconocimiento. Vautier, considerando el espejo, como símbolo de la multiplicidad del alma, lo utiliza en un intento de ver reflejada su esencia, y transformar la imagen que proyecta el ego.

 

 

 

En su pieza Mirror Check (1970), Joan Jonas, desnuda frente al público y con un pequeño espejo redondo, examinaba los detalles de su cuerpo, mirando lo que reflejaba el espejo, como una sucesión de ubicaciones en el tiempo. La audiencia, al no poder ver lo que se reflejaba en el espejo, tenía que experimentarlo indirectamente, a través de las descripciones y reacciones de la artista. Con esta acción, Jonas exploraba un yo visual metafórico utilizando la fragmentación de la imagen de su cuerpo. Deconstruyó la relación entre artista y espectador, no tan sólo por el hecho que ella describía lo que veía reflejado en el espejo, sino que además, dirigía la mirada del espectador con relación a su cuerpo femenino.

 

En el decir del Dr. Eduardo Blázquez Mateos, “el espejo, como retrato de la alegoría de la creación artística, desde el recurso visual, define la representación de la Belleza”,3 sólo que ahora, apreciamos la belleza de un cuerpo de mujer por fragmentos.

 

El artista italiano Giuseppe Penone, gracias a unas lentes de contacto especiales transforma sus ojos en espejos, aunque en realidad bloqueaban su visión. Estas lentes se usaron por primera vez en una acción documentada, mediante una serie de fotografías realizadas por Paolo Mussat Sartor.

 

 

 

 

El mundo exterior se reflejaba en los ojos del artista, pero la visión del artista estaba reflejada en él y dentro de él. Las lentes de contacto de Penone sugerían que las personas deben mirar dentro, en su interior, para mostrarle al mundo exterior una visión creativa y profunda del mundo en el que vivimos; mientras los ojos del artista ven lo que existe dentro de él, otros se ven en sus ojos, con lo que se establece una dinámica de la mirada muy poco convencional entre artista y observador.

 

Esta simple acción, expone diferentes lecturas: una reflección sobre uno mismo, la fotografía, la documentación, y el complejo rol del artista como capaz, o incapaz, de ‘ver’ el mundo.

 

Dan Graham, en 1977, realiza el performance Performance/Audience/Mirror; en esta acción el artista se para frente a la audiencia, pero detrás de él se encuentra un gran espejo que refleja la imagen de la audiencia y su espalda.

 

 

 

 

En este momento, Graham describe las actitudes y los movimientos de cada uno de los miembros de la audiencia, que pueden observarse en el gran espejo que los refleja. Después, Graham da la espalda al público viéndose reflejado en el espejo él y los espectadores; de nuevo describe con todo lujo de detalles todo lo que hacen los espectadores, y los gestos que él mismo hace. Mientras esto ocurre, una cámara de vídeo graba toda la escena, en la que se confunden objetividad y subjetividad. La cámara entonces, se convierte en el observador, una especie de individuo que ve a Graham y al público en su encuadre. Los miembros del público se ven reflejados en el performance inicial a través del espejo como ‘imágenes’, y en la grabación del vídeo, al igual que el artista, como ‘objetos’ de nuestra mirada de espectador.

 

Para Graham, “el espejo permite que la audiencia se perciba a sí misma (instantáneamente) como una masa de público (como una unidad), compensando su definición a través (del discurso) del intérprete”.4

 

En Acción 6 (1966), Rudolf Schwarzkogler (miembro del grupo conocido como Accionistas de Viena) lleva al límite la interacción destructiva entre el cuerpo humano, el cuerpo enfermo y el cuerpo químico técnico. La acción fue concebida como un ritual de imágenes, que mostraban la alteración de la forma corporal y los procesos de transformación clínica, de cura del cuerpo. En la ritualización de la acción, el artista tuvo sumo cuidado en delimitar el espacio, el tiempo y los objetos rituales, por lo que las imágenes resultantes exhiben un carácter formal y conceptual muy cercano a la perfección. Los objetos rituales son los mismos que el artista utilizó en otros performances - cables, vendas, gasas, aparatos clínicos, cuchillo – añadiendo dos nuevos elementos: un espejo negro y un animal sacrificial.

 

 

 

En este ritual, el cuerpo de Schwarzkogler está tirado en el suelo envuelto en vendas, en una habitación blanca con una botella, luces, cables, un estereoscopio y un pollo muerto. Cegado, ensordecido, reducido al mínimo movimiento, el cuerpo se arrastra por el suelo y se alimenta artificialmente por medio de una goma a través de la cual absorbe un líquido. A través de sondas y cables, el cuerpo del artista establece una relación química y eléctrica, agónica y thanática con el cadáver del pollo muerto. Apoyado en la pared, el espejo negro absorbía y reflejaba los sucesos, los espacios y las imágenes que se sucedían en su negritud.

 

El espejo es un símbolo instrumental polisémico y multivocal que acompaña a la humanidad desde sus inicios. Considerado como superficie reflectante, es el soporte más rico en el orden del conocimiento. Siempre refleja la verdad, la sinceridad, el contenido del corazón y de la consciencia, por lo que también es un símbolo del terror que inspira el conocimiento de sí mismo. De manera, que las imágenes que refleja este espejo, son las imágenes de un cuerpo enfermo, deformado por la enfermedad artificial que impone el sistema sociopolítico; refleja un cuerpo tan enfermo por la sociedad normativa, que jamás llega a saber quién es el verdadero ser que lo habita.

 

 

 

 

La imagen que refleja ese espejo es la imagen de un ser inexistente, sin identidad, un ser que no posee un espacio donde existir, ni un tiempo que construya su vida. El contenido del corazón y de la consciencia del cuerpo que refleja el espejo negro, sólo habla de disolución, de destrucción, de muerte, de dolor y pérdida, del terror a reconocer y aceptar que se vive en una sociedad que ejerce una violencia alquímica en el individuo, que inevitablemente lo lleva a la destrucción y a la muerte. De manera que Schwarzkogler, crea un nuevo símbolo para el espejo: el objeto a través del cual Thánatos impone su designio.

 

Pero el espejo, además, es una lámina que reproduce las imágenes y en cierta manera, las contiene y las absorbe. El espejo, al absolver las imágenes se convierte en un ‘agujero negro’, que hace desaparecer el espacio, los objetos y la forma del cuerpo metamorfoseado por la tecnología de poder de la estructura social. El agujero negro, ahora, vislumbra la esperanza que toda muerte, destrucción, que ese hombre sin identidad y enfermo, que la sociedad enferma con sus ideologías retrógradas, desaparezcan, y en su negritud de tierra fértil, se cree un nuevo universo donde hombre, sociedad y arte sean diferentes.

 

 

 

 

Por otro lado, la inteligencia celeste reflejada en el espejo se identifica simbólicamente con el sol, y por esta razón el espejo es frecuentemente un símbolo solar. El espejo solar más conocido es el del mito japonés de Amaterasu: el espejo hace salir la luz divina de la caverna y la refleja sobre el mundo.

 

En España, Àngels Ribé aborda el trabajo de la luz como elemento natural. En la experiencia 1219 m3 de Vilanova de la Roca (1972), Ribé llevó cabo la acción Sun-Reflection-Trasportation (Transporte de un Rayo de Sol); la artista utilizaba unos espejos que le servían, por reflexión, para llevar el aro solar a través de un espacio desplazable dentro del mundo real, su cuerpo. El sol reflejado en el espejo situado en las extremidades de la artista, iba subiendo, recorriendo todo su cuerpo hasta alcanzar la cabeza; con esta acción, la artista realizaba un ritual de iluminación intelectual y espiritual”.

 

 

 

1 FRAZER, James. (2002). The Golden Bough. Abridged edition prepared by the author for his twelve- volume work published in 1922 by Mcmillan Co. Limited, London. New York: Dover Publications INC. pp. 189-193

2 CIRLOT, Juan Eduardo. (2011). Diccionario de Símbolos. Madrid: Siruela. pp. 200-201

3 BLÁZQUEZ MATEOS, Eduardo. (2012). “Abba y el Reino de Eros en las Meninas”. Tribuna de Ávila. Periódico digital. http://www.tribunaavila.com/seccion/122/Blog-de-Eduardo-Blázquez/. Consultado el 3 de junio de 2012

4 Graham citado WALLIS, Brian. (1993). Dan Graham, Rock My Religion: Writings and Art Projects. Cambridge, MA and London: MIT Press. p. 115

Comentarios

Sixto Díaz 07/03/2014 20:28 #3
Dulces, agradables y catárticas son tus palabras Eduardo. Al igual que Aristóteles en su poética nos enseña el arte de la mimesis aún estando en contra de su maestro. Tú en tus escritos nos muestras el camino de lo conceptual, como lo hacen los contemporáneos que partieron del mayo del 68. Gracias Eduardo por hacernos ver a través de la fina lámina .
Liubo Andrėievna 24/11/2013 19:20 #2
Aplaudo tan magnífico artículo. Profundo y amplio, plagado de nombres, referencias, anotaciones. Gracias Celia y gracias Eduardo por el rigor y la investigación inagotable. Es un lujo abrir el blog una tarde de domingo y encontrar este trabajo impecable.
Victor M. Barbera 24/11/2013 13:49 #1
Cercano e inspirador. Me encanta. Entendible para los poco entendidos.

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