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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

ESPEJO XIV. AGUAS LUNARES

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La reflexión sobre el espejo y el agua, ante los mitos y ante Narciso, lleva a una visión directa y esfumada de los enigmas nocturnos. Meditar, desde la contemplación solitaria, permite llegar al centro de un pensamiento desgranado con sabiduría por Jesús Castaño. Conocí a Jesús en la UAM, un alumno con conocimientos elevados, capaz de valorar el mundo clásico y admirar la vanguardia; desde su sagaz mirada analiza con rigor científico el espejo divino iluminado, un misticismo esencial para adentrarnos en renovadas espirales que, en paralelo a las de su amigo y maestro Martín Chirino, traducen el espejo invisible de las aguas subterráneas de la Luna ambivalente.

 


¿Los espejos nos dan suficiente claridad? ¿El espejo revela el secreto de la ambigüedad?
Humo, humo.

 

      

 


Ante los espejismos de Jesús, descubrimos la inteligencia de un pensamiento conocedor de los espejos de las divinidades paganas que, entre la forma y lo inteligible, se marca el terreno de la alegoría: El Espejo-Luz. Ante el duelo y la lágrima, Jesús Castaño nos lleva ante un nuevo espejo: la aventura de Ganímedes. Un vuelo sobre las aguas muertas de Narciso que, bajo la prisión de la charca-espejo de Caravaggio, lleva la oscura Luna de Lorca:


El pensamiento filosófico medieval resaltó la similitud fonética de dos términos, speculum (espejo) y specula (lugar alto de observación, atalaya), en su intento de dar cuenta de la relación del hombre con la divinidad o con lo sobrenatural. Las reflexiones medievales en torno al espejo derivan de la famosa carta de San Pablo a los Corintios (I COR., XIII, 12): “Vemos ahora por un espejo en enigma (oscuramente); luego veremos cara a cara”. En dicho texto se señala el carácter oscuro y enigmático que tiene, en esta vida, el conocimiento de Dios para el hombre, al que sólo se puede acceder a través de una visión diferida o indirecta; esto es, a través del espejo de las Escrituras y/o del espejo de la Naturaleza, cuyo enigma es preciso de descifrar. Los teóricos y místicos especulativos medievales de la segunda mitad del siglo XII unían a la visión a través del espejo (per speculum) la visión desde la altura (ex specula). De ahí que Ricardo de San Víctor, al referirse al concepto de semejanza, señalase que ésta servía de escala hacia lo invisible, para que lo que no podemos ver en sí mismo (per speciem), merezcamos verlos desde la atalaya y como por espejo (ex specula et velut per speculum). Esto es, a través de la visión de la Fe y del reflejo de la Naturaleza. Cristo tuvo especial predilección, por otra parte, por los promontorios (el monte de las Bienaventuranzas, el Tabor, el Monte de los Olivos y el Monte del Gólgota). La specula simboliza, pues la posición elevada del alma creyente cuando logra ver en su espejo interior de la imagen divina- 2.

 

1 “Vemos ahora … desde lo alto y como por espejo

“Videmus nunc … ex specula et velut per speculum”1
RICARDO DE SAN VICTOR, De Trinitate, V, 952 D

 

 

     


Históricamente, el espejo, como objeto, ha seguido muy de cerca la evolución de la conciencia en nuestra cultura occidental. Grecia conoció un auge sin precedente en cuanto a su refinada fabricación y profusión hacia finales del siglo V y a lo largo de la primera mitad del siglo VI (los famosos espejos de Corinto), justo en el momento en que Sócrates la experiencia interior y Platón teorizaba sobre las condiciones del alma humana. La aparición del espejo (con soporte de vidrio y una aleación de plomo, estaño y antimonio, lo que mejoró sensiblemente la calidad del reflejo, a pesar de su ligera coloración verdosa y su aspecto abombado o convexo), tuvo lugar en la época de Dante y de Petrarca. De Dante es el tópico artístico de “todo pintor se pinta a sí mismo”. De Petrarca, con su característico uso del pronombre tú, se ha dicho que es el introductor de la autobiografía literaria en sentido moderno. A finales del siglo XV, en Murano Venecia), se llegó a la invención del cristal (el llamado vidrio blanco por su absoluta transparencia, de ahí su conexión con el cristalino del ojo humano), gracias a la utilización del fósforo y el bióxido de magnesio, lo que unido a la invención del vidrio plano, permitió la fabricación de espejos planos de grandes dimensiones que provocaron la aparición de imágenes perfectamente nítidas, de incalculable proyección en la estructura del pensamiento y de la pintura. Este acontecimiento revolucionario ejerció un efecto profundo en el desarrollo de la personalidad del Hombre del Renacimiento, alterado con el concepto mismo del yo. En este sentido no deja de ser significativo la insistencia de los artistas (Leonardo y Filarete, en concreto), en la necesidad de reflejar o de mostrar en la apariencia de las figuras las características psicológicas de su personalidad, sintiendo un vivo interés por el lenguaje y por la fisionomía. Por otra parte, no es casual que los mejores y más sorprendentes autoretratos de los pintores comiencen a aparecer, de forma individual, a partir de este momento. El espejo de cristal plano, al permitir la visión de una imagen nítida y perfecta del mundo exterior (la Naturaleza que los pintores tratan afanosamente de trasladar a sus cuadros), contribuyó, aún más, a hacer del espejo el paradigma del conocimiento y el maestro y modelo de los pintores.

 

2 - A. M. GONZÁLEZ, Teoría y estética del espejo: Historia de una metáfora. Madrid. Universidad Complutense de MADRID, 1985 (tesis doctoral), p. 311

 

 

A pesar de sus imperfecciones, los espejos tanto de la Antigüedad como de la Edad Media, fueron considerados instrumentos prodigiosos mediante los cuales el hombre tenía acceso a su propia imagen, pudiéndose conocer a sí mismo con mayor facilidad, a la vez que podía acceder al mundo invisible, trascendiendo la realidad visible. La visión desde Platón, ocupa un lugar privilegiado como forma de conocimiento: a través de la visión se entra en contacto con la belleza. De ahí que el espejo, al potenciar la agudeza y la inaccesibilidad de los ojos y reflejar la luz, fuente de toda belleza, se haya convertido en un instrumento y en una metáfora por excelencia de la forma artística. Y como el arte mismo, el espejo gozaba, también de su propia ambigüedad e inquietud. El objeto reflejado participa de los dos mundos: el real y el imaginario; el objeto está tanto fuera como en el espejo, percibiéndose en una posición y una profundidad inquietantes, a una distancia incierta.

 

    

 

Cuando se simpatiza con los espectáculos del espejo o del agua, estamos siempre, en condición de gozar de su función narcisista. Ya Alberti, en su obra teórica De Pintura (escrita en 1435), había señalado que la figura de Narciso y todo su mito se encuentran en la raíz misma de la creación artística, y de la pintura en concreto: “Como esto sea así, acostumbro a decir entre mis amigos íntimos que el inventor de la pintura, en sentencia de poetas, fue Narciso, aquel que fue convertido en flor, pues como la pintura es la flor de todas las artes, la fábula de Narciso se puede acomodar a ella misma de modo totalmente perfecto. Porque ¿qué otra cosa es pintar, sino acabar con el arte la superficie de una fuente?”.

 


Es sin duda, el gesto de sumisión a la belleza de su propia imagen, y el acto de autocontemplación que ello engendra, lo que convierte a Narciso en el inventor de la pintura. La fórmula albertiana fue revolucionaria en su época, pues, por primera vez, el acto creativo era vinculado a una decisión del propio creador. Bien es verdad que el artista no aparece, con frecuencia, como dueño de su obra, presionado ante las exigencias de su comitente que en la mayoría de los casos imponía la temática y el repertorio iconográfico. Sin embargo, al poner el acento en la figura y mito de Narciso, Alberti anunciaba, así, la progresiva toma de conciencia de la propia libertad del acto creativo. Los tratados medievales de arte solían remontarse, como origen de la creación, al Génesis3, esto es a la misma Diviniad.

 

El teórico renacentista, en cambio, hace derivar el arte a la decisión de un acto psicológico y, para ello, cita a modo de metáfora, la historia mítica del bello Narciso. Narciso es inducido en la argumentación estética por sus relaciones con la belleza (él mismo es el paradigma de la Belleza ideal) y por sus implicaciones psicológicas y simbólicas. Si extraemos de las Metamorfosis de Ovidio, de quien Alberti se inspira, algunas de sus frases más significativas, el paralelismo de esta historia con el arte de la Pintura resulta sorprendente: “ama una esperanza sin cuerpo”, “la misma ilusión que engaña sus ojos”. “¿por qué intentas coger fugitivas imágenes?”, “contempla con ojos insaciables la elusiva imagen, y se muere por sus propios ojos”, “que pueda yo al menos contemplar lo que no me es dado tocar”, etc. Todos estos ejemplos subrayan las características de la ilusoriedad que la perspectiva del Renacimiento estaba tratado a sugerir. Para la conciencia romántica, Narciso personificará la idea del artista en el acto mismo de autodescubrimiento y creación.”

 


Jesús M. Castaño

 

 

 

    

 

 

 

 

 

 

 

3 Véase el inicio del capítulo I de El libro del arte de C. Cennini: “En el principio, cuando Dios omnipotente creó el cielo y la tierra, sobre todo animal o alimento, creó al hombre y a la mujer a su propia imagen, dotándolos de toda virtud (…) Después inventó (Dios) muchaa artes necesarias y diferentes una de otra; y fueron unas mayores ciencias que otras, que no habían de ser iguales; porque la más digna es la ciencia de la que siguió alguna, de ella descendiente, la cual con fundamento hace operar en mano. Y esta es un arte que se llama Pintura, que requiere fantasía y destreza de la mano”

 

 

 

 

 

 

Comentarios

jeromy 27/11/2013 20:50 #4
Gracias Eduardo Blázquez, gracias Jesús Castaño, por el lujo que es para todos nosotros poder volar, sentir y siempre aprender. Un abrazo.
Guillermo 19/11/2013 14:00 #3
Precioso ensayo!!!! aquí se ve que lo "clásico", que los mitos, siguen estando vivos y siguen aportándonos temas y verdades.... Una verdadera joya..... Gracias por publicar esta maravilla del genial Jesús Castaño!!
MENDEL 18/11/2013 01:54 #2
Realmente brillante, no sólo en su construcción, sino también (y sobre todo) por la perspectiva desde la que el autor aborda el tema conectando la representación artística del espejo con su valor simbólico. Especialmente original (y, por ello, valiosa) me ha parecido su relectura del mito de Narciso. Confío que pronto podamos contar con una colaboración del mismo autor.
Fioren 17/11/2013 10:57 #1
Maravilloso estudio historiográfico del espejo.

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