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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

ESPEJO IX. POLÍPTICO VENECIANO

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El espejo rotatorio y elíptico se convierte en raíz de cada metamorfosis representada en las obras de Juan Fran Viruega; sus investigaciones y sus creaciones van unidas para definir encadenadas imágenes renovadas en el cine, relatos cargadas de poder iconográfico, planos y secuencias ensamblados a lienzos venecianos.

 

Como director de su tesis, indico su nuevo amor: las aguas transmutadas de Venecia; espejos ramificados en polípticos y en ruedas, ingeniosos reflejos solares, ilusionismo arcano, pensamientos traducidos en visiones húmedas. Juan Fran se viste de Dante para visitar la Biblioteca de Próspero:

 

“ESPEJOS EN EL CINE"


"Sentados en hileras de butacas, como el pasajero que otrora permanecía inmóvil frente al paisaje enmarcado de una ventana de tren, notamos cómo las luces del recinto se apagan y ya sólo permanece la pantalla: una ventana abierta (1) al universo neoplatónico de la ficción. Se abre un paréntesis espacio-temporal que vincula nuestra experiencia sensorial a una narración sólo fingida en apariencia, pues nos interroga de manera incesante, extendiendo sus límites más allá del encuadre.

 

Este carácter centrífugo señalado por Bazin, y que durante las primeras décadas del cinematógrafo marcó diferencias notables respecto a las artes plásticas, equipara la pantalla de proyección con el reflejo del ser humano en las aguas de Narciso (2) o con la superficie del espejo, que “desde la Antigüedad es visto con un sentimiento ambivalente. Es una lámina que reproduce las imágenes y en cierta manera las contiene y las absorbe. (…) Es también símbolo de la multiplicidad del alma, de su movilidad y adaptación a los objetos que la visitan y retienen su interés.

 

Aparece a veces, en los mitos, como puerta por la cual el alma puede disociarse y pasar al otro lado” (3). Así lo presentó Carroll en “Alicia a través del espejo” (4), con idénticos componentes freudianos que el mito de Ovidio, trazando un itinerario que recuperaba la tradición iconográfica de las Venus de Rubens y Tiziano, la anamorfosis de Van Eyck o los juegos especulares de Tintoretto y Velázquez, al sugerir un “fuera de campo” a través del espacio enmarcado, respectivamente, en los espejos de “El lavatorio” y “Las meninas”. La pantalla de cine como espejo, convirtiéndonos en cómplices de la autorreflexión de sus personajes. Porque ellos, como nosotros, observan su reflejo interrogándose, buscando una verdad que no siempre complace sus expectativas –tal es el caso de la madrastra de Blancanieves-, desdoblando la realidad entre lo bello y lo dionisiaco, entre las luces y las sombras.