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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

EL VIENTO DEL CENTAURO en el JARDÍN de HÉRCULES

A Paco Cano, amante de los Libros emblemáticos.

El diálogo de Hércules con la naturaleza, con las criaturas misteriosas, explica la realidad y el universo del mítico Hércules que, con semblante bello, como creador, es capaz de interpretar y realizar jardines elevados, historias de luz y oscuridad, papeles salvajes y armónicos para un flechador de lucha y reconciliación.

 


La mirada y la apuesta por la metamorfosis; como las transformaciones de los dioses y de los mitos; conforman los trayectos y cambios que definen caminos y retornos, que construyen un itinerario revelado en el pensamiento mítico. El centauro entra en el laberinto circular buscando la luz y el Conocimiento para educarnos, como Quirón con Aquiles.


Soñar con el jardín de Hércules es una actividad vertical y elegante, permite ser una sagaz criatura que conoce y gobierna su cuerpo; al obtener el máximo de uno mismo, se llega al máximo de libertad.

 


¿El descenso a sí mismo, desde la marcha ascendente, une dignidad y conocimiento intuitivo? El centauro, convertido ya en mítico guardián, en el marco de la dialéctica entre Hércules y el Centauro, viaja al sugerente universo de Dante y a los escenarios italianos coronados en la Gruta del jardín de Bomarzo, convirtiéndose en Polifilo Orsini.  


Al entrar en el vientre del Caballo Alado de Bomarzo, al conquistado acceso interior, como en el jardín de Bomarzo, llegamos a la escalera interior, ubicada en el cuerpo de Centauro.

 


El Centauro-jardinero tiene un vientre poderoso, en su vientre está el gran laberinto, la imagen de un círculo-isla reveladora del poder del hombre solar.


Descifrando el lenguaje de los signos, de las imágenes y de los símbolos conocemos el gran mapa del jardinero fiel.


En un cuadro de Bartolomé Véneto, “Retrato de Caballero” (1510), la espiral del laberinto se convierte en protagonista y en metáfora. Como en el Vientre de Hércules, convertido en morada del Centauro, el laberinto guarda los secretos del representado; silencio y reserva marcan el pudor que, en la entrada al recinto misterioso, deriva a los cultos solares y, en la pérdida de su psique, se llega al centro sagrado y misterioso, que se alimenta de los frutos del paraíso. ¿Podemos imaginarnos el vientre de Hércules cubierto de granadas y naranjas?

 


Los Centauros, divinidades del Viento rápido, marcan una dialéctica con el aire templado de Céfiro. El viento de la isla del Centauro es furioso y ruidoso. El Centauro, mitad hombre y mitad caballo, lucha con Hércules; en realidad, se trata de un conflicto interno y enigmático; como el sabio Quirón, que educó y crió a los héroes, la lucha muestra el poder del instinto y de la velocidad que narran el paisaje del caballero-laberinto.

 


Quirón alimentó a Aquiles con leche y miel para anunciar el enigma de los ancestros.
Mitad Hércules y mitad Apolo, un híbrido, crea la unión de fuerza y de luz. La luz solar  cierra y completa la imagen de la carne sagrada bañada de oro y de miel.

 


En este contexto, Anteo y Hércules (Heracles ) , además de luchar, ambos bailan en un combate de amor y de guerra, danza y conflicto que se convierten en una pelea simuladora de un acto sexual reflejado en la fuente de Hércules y Anteo en el jardín de la mansión de Castello, en Florencia; la fuente es obra de Ammannati y la escultura de Giambologna; un retorno a la Antigüedad, esencial para la andadura de Hércules que, levantando a Anteo, muestra la lucha interior y el cambio de las formas.


Entre Hércules y el Centauro Neso, que muere por una flecha de Hércules, se gestan los vientos de ceniza. La tela y la piel, la flecha y las flores, son rastros de Hércules y de los Centauros en el folklore, las fogatas invocan a lo solar, al altar de Hércules que, como Gilgamesh, triunfa sobre la muerte para fertilizar la tierra y para ensalzar la virtud.
Como el lamento de un arroyo, el vigor físico se une al poder del lenguaje, la voz y el cuerpo articulan un marco para vencer desde el cambio de forma, desde la modificación del lenguaje, es decir, desde la metamorfosis.


¿La metamorfosis es un itinerario?


La superación de las dificultades permite recorrer caminos, itinerarios, senderos de tormento y tranquilidad, himnos a Hércules y a los Centauros en lucha. Los Jeroglíficos del laberinto son los jeroglíficos del deseo y se concretan en la representación mítica del itinerario circular. El poder de cambio de las interpretaciones y el valor de la contradicción unen a Ovidio con los laberintos.


¿Cómo asumir el intenso devenir de los cambios?


El conocimiento secreto representa la redención del sufrimiento y permite revelar la fuerza de un caballero capaz de llorar por la quema de libros; el caballero, con arrojo y con una intensidad marcada por esquemas afectivos ensamblados a la exaltación de la libertad, recorre la Biblioteca-Laberinto-Jardín de Próspero.

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