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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

Brokeback Mountain, las nubes del paraíso

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Una nueva parada en la Galería de Retratos, un segundo Interludio para retomar el aliento de las Nubes, imágenes esenciales de la infancia que inundan la película Brokeback Mountain de Ang Lee.

 

El paraíso está ubicado en un lugar remoto, una vez lo encontramos, se convierte en morada, se instala en lo cotidiano, es decir, se sedimenta y se vive, se incorpora a las microhistorias familiares.

 

 

Soplos puros y fuertes llegan a la montaña, paraíso vivido, motor de las experiencias tejidas desde lo celeste, desde las nubes. La casa, como un paraíso esencial, creando una renovada noción de lenguajes, marca los mágicos gestos del hogar.

 

Los hilos de las Nubes conectan y ensamblan los sentimientos, asimilamos las constelaciones de los dos hombres. El Centauro se impone desde arriba; la pureza y la separación, vigilada por los dioses y los héroes celestes de la homosexualidad, diviniza la montaña pagana con actos ascensionales.

 

 

La intimidad de los abismos de los dos vaqueros se explica en los celajes que, activos eternamente, marcan las coloraciones y los olores de las nubes cargadas de lirismos. Las estrategias de la Madre Naturaleza, protectora y conocedora de los encuentros entre hombres, crean una nueva Arcadia.

 

Las Nubes penetran en el interior de los dos jóvenes; en un nuevo mundo, inundado por el Cielo de Eros, se reconquista la ascensión para resplandecer.  Las Nubes, que educan y templan, frente al aire violento, reproducen el interior de los vaqueros. Jack(Jacinto), el Soñador, al fallecer, determina con su ausencia el poder de Ensoñación de Ennis que, convertido en soñador de ventanas, entrará en la eterna Soledad, construyendo la Iconografía de la Espera.

 

 

El Gran lago enmarca el vacío.

 

Vastos signos de Eros, capaces de marcar el interior, nubes de humo, nubes como espuma del mar, para crear a un hombre-nube de acción y de contemplación, de transformación.

 

Soñar con Nubes transforma.

 

La Laguna, espejo de la montaña y de las nubes, sublima cada acontecimiento, en calma o en agitación, favorece la Contemplación para convertir a los vaqueros en soñadores activos.

 

 

Cerremos los ojos, pensemos en un péndulo y en una cuna, balanceándonos llegamos a las dóciles nubes. La nebulosa nocturna intensifica los secretos de la intimidad; ante la inmensidad, desde la plenitud y el vacío, Ennis llega al refugio de soledad de los arcádicos vaqueros.

 

Entre cielo y nubes, la Iconografía de la Espera, purificadora, se torna en eterna. El Blanco de las Nubes marca de claridad la mente, los tonos de la tierra se transforman, los ocres mates invaden a Ennis del Mar. Su sombrero-nube explica el pudor, un camino que explica la vida entre las nubes, una flotación abismal.

 

Las nubes van construyendo el cielo del interior.

 

 

Las Nubes corren en el Cielo, las nubes caminan, su dinamismo lleva al paraíso.

 

El Soñador abre los ojos y encontró mundos nuevos. Animado por la luz lechosa con tonos naranja vítreo, el Soñador realizó el gran vuelo aéreo.

Comentarios

el de Madrid 03/05/2015 21:36 #1
Gracias Eduardo por permitirnos ver el cine y, más importante aun, mirar al cielo con otros ojos!

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