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EL JARDÍN DE HÉRCULES

Eduardo Blázquez

AZUL SIMBÓLICO, CASI ALEGÓRICO

El color azul es símbolo de sueño y de liberación, sugiere, representa el cielo, las aguas, la noche eterna con luz y sombra; el azul determina el viaje al Otro mundo. El azul ultramundano de Jacinto se ejemplifica en el camino y en los ojos-túneles. En los rostros se muestra el rapto azulado de las visiones del más allá. El azul como placer triunfa en el color como reflexión.

 

 

El azul Klein se une a la cultura mediterránea y, entre formas puras, se articula desde el viaje en barco; el azul del flautista, de Klein, marca la intensidad del azul del alma, del sentimiento líquido que, para disolver los horizontes, revela las esculturas azuladas de Venus. Las ideas puras y aladas de los murales italianos del Renacimiento se articulan entre las huellas y las pisadas de una bailarina-pincel azulada que, en un espacio sin límites, explora el azul ultramundano; son campos de acción de Apolo, azul-puente que escenifica el tránsito de lo visible a lo invisible, al enigma inverso.

 

La arquitectura aérea azul, como utopía, proyecta el cielo decolorado, un azul tierno, un azul nocturno que intercala la visibilidad de la oscuridad, la soledad solar.

 

 

Los monocromos de Yves Klein llevan al horizonte azulado y dorado desde el sincretismo; ante la alta saturación de los pigmentos de Klein, las huellas de vigor serán colgadas en el eterno mar aéreo. La huella del color, desde la dimensión antropológica, potencia la tonalidad de la coloración. El Azul, como aire puro, con vestido inmaculado, muestra el color azul celeste del cielo, azul uraniano, azul nocturno, primitivo azul.

 

Almodóvar desdobla el azul en conflicto con el rojo, es el azul de Eurídice y de Proserpina, el azul del Otro Mundo, azul ultramundano sobre rojo en Hable con Ella(2002). La dicotomía del rojo y del azul, como en Picasso, representa los dos mundos, la dualidad que nutre a Apolo y Dionisos. El rostro de Jacinto y sus flores se incorporan a Almodóvar.

 

 

La Gota azul de Juliette Binoche en Tres colores: Azul (1993), película de Kieslowski, descubre la dimensión del azul como túnel del más allá. En Bleau, el aire y la luz, el dolor y la muerte, se adentran en el silencioso azul del anacoreta, azul soleado por la luz interior que lleva ante la mirada incandescente de la anamorfosis, distorsión del rostro de una Juliette dolida, que canaliza el azul-nube para descomponer la sublimación extrema. El cielo azul se torna en espejo.

 

Azul unificador de los cuatro elementos, bóveda de Jacinto, imaginación aérea para el gran lienzo de la muerte de Jacinto, obra maestra de Tiépolo.

 

 

En la película Brokeback Mountain (2005), el director Ang Lee argumenta en clave de fábula la historia de amor de Ennis del Mar(Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), el amor eterno se expresa entre el conflicto del azul frente al rojo. Jacinto, que nació de la sangre de Áyax, es el joven amante de Apolo. Ovidio narra la muerte del idílico Jacinto, Apolo transformará la sangre en flor. El Jacinto, imagen de luto, símbolo de Eros y del amor eterno, se eleva en la montaña sagrada, morada de dioses, parnaso insigne. El monte azul de Jacinto, vientre de Eros, eje y raíz de la floresta de Apolo, explica el ritual de Jacinto, desde el azul de la pureza, el rojo sacrificial amplía las imágenes polarizadas ante un Cronos hiperbólico.

 

La Flor azul de Jacinto, metamorfoseada, remite a la visión sagrada que redunda en la función azuladora de Eros en el Otro Mundo.

 

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