Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

Música bajo la nieve

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Hasta hace no muchos años, cuando un burgalés decía su procedencia en otros lugares de España se encontraba con dos frases: “bonita catedral” y “mucho frío”. 

Al principio nos negábamos a aceptar que nuestra tierra se redujera a dos descripciones tan básicas, así que enumerábamos museos, recordábamos que el hombre comenzó a erguirse en Atapuerca e, incluso, presumíamos de patatas bravas. Poco a poco nos cansamos de repetir nuestro patrimonio como si de un repaso pre examen se tratara y aceptamos que Burgos sólo tenía la Catedral y el frío. Hubo quien llegó a nombrar esto último como algo positivo, como aquel concursante de Gran Hermano que, bajando la ladera del Castillo más abrigado que un esquimal, afirmaba que “además del frío, en Burgos hay otras cosas bonitas”.

 

Justo cuando un pesimismo disfrazado de conformidad se instauraba en nuestras cabezas, la música comenzó a sonar. Nos dimos cuenta de que había motivos para presumir cuando escuchamos cómo Diego Galaz tocó un serrucho como si de un violín se trataba una noche de marzo en el programa televisivo El Hormiguero. “Además de morcilla, en Burgos hay un Festival de Instrumentos Insólitos”, comentó el músico con un disimulo propio de un embajador en visita diplomática. También conocimos a un grupo de chicos que, vestidos con camisetas blancas de tirantes y envueltos en sonidos folk, comenzaron a viajar por España señalando en el mapa la cabeza de Castilla. “Somos La Maravillosa Orquesta del Alcohol. Gracias Bilbao, Zaragoza, Madrid, Granada…”. Y resulta que, gracias a ellos, estábamos en todos lados.

 

Hace unos días, La M.O.D.A. abrió los conciertos que Radio3 organizó en el Festival de las Artes de Castilla y León en Salamanca, donde también participó otro grupo burgalés, Kasparov vs Deep Blue. Precisamente uno de sus miembros, Samuel Peñas, escribía hace unos días la siguiente crítica del segundo disco del sexteto en una conocida revista musical: “Un disco para creer que se puede”. Los chicos de Kasparov vs Deep Blue también tienen que sentirse orgullosos de su EP homónimo. Cualquiera con un poco de oído que lo escuche descubrirá que nada tienen que envidiar a grupos que son cabeza de cartel en grandes festivales.

 

Son sólo dos ejemplos, porque hace años que en muchos locales de Burgos hay grupos de diferentes estilos. Ha costado abrir los ojos, pero parece que empezamos a darnos cuenta de que se puede. Las salas y teatros se han dado cuenta, los bares se han dado cuenta y, lo más importante, el público se ha dado cuenta. Algo está cambiando.

 

Es verdad, en Burgos nieva. Nieva mucho. Y con la crisis, la subida del IVA cultural y demás decisiones políticas, más todavía. Pero es momento para mirar por la ventana. Porque mientras suena la música, Burgos luce más bonita bajo la nieve. 

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