Silueta original

El callejón de Hamel

Fernán Labajo

La luz de la tristeza

Urquijo detail

Hace dieciséis años que Enrique Urquijo se fue de este mundo, cargando con él unos problemas demasiado difíciles de afrontar. Fundador de bandas míticas de la Movida Madrileña como Tos o Los Secretos, aún en activo, fue uno de los pioneros del pop-rock callejero del que tantos otros se han nutrido. 

Cualquiera que haya caminado alguna vez por el madrileño barrio de Malasaña habrá comprobado que es un lugar de contrastes. En la engañosa soledad de sus calles durante el día, se esconden millones de secretos, muchos de ellos artísticos. Muchas pueden parecer las mismas, sólo que con los portales y edificios cambiados de sitio. Por la noche, sin embargo, es como si estallaran, como si las vidas que permanecían escondidas de repente renacieran. Algo de eso hay en el 23 de la Espíritu Santo, donde una mañana de noviembre fue encontrado muerto Enrique Urquijo.

 

El pequeño de dos hermanos, el líder y letrista del grupo Los Secretos, elevó la melancolía a la categoría de arte. Su música desprendía demasiado dolor y su voz aullada, en ocasiones, parecía un lamento. Algunos artistas simplemente actúan, dejan su vida durante unas horas y se convierten en otra persona diferente. Enrique no. Él era consecuente y vivía siempre igual. De día y de noche. Con un pie dentro y otro fuera del lado salvaje.

 

Los que amamos su música conocemos su biografía por las canciones que escribía. Era él el que pedía que le dejaran, el que quería beber para olvidar hasta perder el control, o el que soñaba con otra vida, a su lado. Y cuando la música no curaba la tristeza, lo hacían las drogas y el alcohol. Ni siquiera el amor de su hija María consiguió agarrarle lo suficiente como para salvarle.

 

Hace dieciséis años que Enrique Urquijo se fue de este mundo, cargando con él unos problemas demasiado difíciles de afrontar. Fundador de bandas míticas de la Movida Madrileña como Tos o Los Secretos, aún en activo, fue uno de los pioneros del pop-rock callejero del que tantos otros se han nutrido. Nos dejó un legado de canciones como Ojos de perdida, Déjame o La calle del olvido.

 

Los que le conocían afirmaban que era cariñoso y divertido. Simplemente no se quería, como afirmó en una entrevista Joaquín Sabina. Otros dicen que nunca superó la pérdida de su primer amor, Eloísa. Los fantasmas de ese romance le persiguieron toda su vida y la droga fue su mejor y su peor aliado para mitigar el dolor. En ese proceso de autodestrucción continua de algunos artistas como él o como Antonio Vega, el desenlace siempre es demasiado terrible.

 

Aquel 17 de noviembre de 1999 se apagó su voz atormentada. De vez en cuando hay quien deja flores en el portal número 23 de la Calle Espíritu Santo, donde le encontraron esa mañana. Un lugar en el que permanece la luz de su tristeza, aquella que encendía en cada canción, aunque no lo supiéramos.  

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: