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El callejón de Hamel

Fernán Labajo

El don de hacer siempre lo mismo

Irrational man detail

Irrational Man es la prueba de que Woody Allen consigue la difícil tarea de dar vueltas sobre sí mismo cambiando en cada una de ellas el escenario. 

Tendemos a pensar que cuando un autor da continuas vueltas sobre la misma idea a lo largo de su obra ha tomado el camino fácil. El error está en considerar repetitivo el hecho de que reconozcamos un estilo propio o una temática muy similar a la de trabajos anteriores. La obsesión por querer innovar constantemente, y buscar la distinción a toda costa, nos hace rechazar de manera inconsciente la obra de muchos autores. Woody Allen es un claro ejemplo de este debate; si bien es cierto que sus películas recogen temáticas muy similares, el genio de Brooklyn consigue reinventarse en cada largometraje.

 

A los grandes directores de la historia siempre se les recordarán por tener una personalidad reconocible y un estilo propio notable, no sólo en la técnica cinematográfica, sino también en la redacción o elección de guiones, así como en la estética. A lo largo de su extensa filmografía (más de 40 películas), Woody Allen ha conseguido que desde los títulos de crédito sepamos que estamos ante una obra suya. Su obsesión por querer hacer la película perfecta es tal que desde 1992 lleva un ritmo de un filme al año.

 

Desde sus primeras obras como Toma el dinero y corre, Bananas, La última noche de Boris Grushenko, sus reconocidas Annie Hall y Manhattan, su etapa más dramática e intimista de los años 80 o el salto a Europa de la última década, el director neoyorquino ha logrado trasmitir su visión del mundo y de la vida de formas totalmente distintas. Son recurrentes sus personajes neuróticos y excéntricos (bien representados por él o por diferentes ‘álter egos’), su obsesión por la muerte y el continuo debate sobre el amor y el sexo. Con sus películas, Woody Allen parece querer mostrar al mundo cómo es él realmente.

 

En su último filme, Irrational Man, se sumerge una vez más en su obsesión por perpetrar el crimen perfecto, como ya hiciera en Delitos y Faltas, Match Point o Scoop. Vuelve a utilizar su particular sentido del humor y un nuevo personaje principal perturbado y existencialista, pero da otro enfoque distinto a las pulsiones del ser humano y su relación con el azar y la suerte.

 

La elección de los personajes principales es otro de los aciertos del neoyorquino. En esta ocasión, Joaquin Phoenix se presenta como un personaje atormentado, pero muy inteligente. El gran acierto de Woody Allen está en el apartado femenino. Emma Stone, la gran promesa de Hollywood, se erige como su nueva musa. Su extraña belleza, su sonrisa y una mirada que traspasa la pantalla, hacen casi imposible que el espectador no caiga rendido ante sus encantos.

 

Irrational Man es la prueba de que Woody Allen consigue la difícil tarea de dar vueltas sobre sí mismo cambiando en cada una de ellas el escenario. Habrá quien lo considere aburrido, otros demasiado melancólico y otros que empaticen con él y le exijan que cada año haga la película perfecta. Yo, simplemente, creo que tiene un don. 

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