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Luis Alberto Merchán
Blog de Luis Alberto Merchán

14 de abril

Hoy se cumplen exactamente 82 años de las elecciones municipales que dieron fin a la monarquía alfonsina y sirvieron de pistoletazo de salida para la, tan amada como odiada, tan idealizada como deformada, II República española que fue proclamada solo dos días después.

Con esas elecciones se arrumbó definitivamente  la Restauración, periodo histórico de casi seis décadas de modernización, desarrollo y conversión de España en un país relativamente avanzado, sobre todo si lo  comparamos con los antecedentes históricos de los que gozábamos. Un sistema ideado por Cánovas del Castillo, estadista nunca lo suficientemente bien ponderado, que se basaba principalmente en el reparto de los periodos de poder entre los partidos conservador, del propio Cánovas, y liberal de Práxedes Mateo Sagasta. La industrialización, la codificación jurídica, el desarrollo de la clase media como impulsora de la economía y las bases del Estado social son solo algunas de las claves de aquella época. Innegable es que tuvo también sus partes negativas como el caciquismo, la corrupción y la desigualdad social.

 

Pero bueno, volvamos al inicio. El caso es que el abuelo de nuestro actual monarca, Alfonso XIII, se tuvo que exiliar: no estaba muy bien visto que una recién nacida república consintiera un rey entre los habitantes del país. Lo que fue un torrente de ilusión, esperanza y espíritu de evolución se fue convirtiendo, con el paso de los meses, en un desastre  generalizado de intolerancia, falta de respeto y revanchismo a entre los hunos y los hotros. Hasta tal punto que algunos de sus más beneméritos padres, los intelectuales de la Agrupación al Servicio de la República (los Ortega, Marañón y Pérez de Ayala), tardaron poco tiempo en aborrecer su criatura, a la que ya le veían unos colmillos bastante afilados. Entre el Delenda est monarchia y el no es esto, no es esto orteguianos apenas pasaron diez meses. Y de ahí en adelante las cosas sólo fueron a peor: ¡ríanse de los escraches estos que están hoy tan de moda! Allí te pegaban un tiro por fascista o por comunista y te quedabas con él.

 

En nuestra Salamanca también el advenimiento de la nueva forma de Estado tuvo su padrino encarnado en la autoridad de D. Miguel de Unamuno, nombrado a la sazón alcalde vitalicio de la ciudad y encargado de proclamar formalmente, desde el balcón del ayuntamiento en la Plaza Mayor, la llegada de esta niña bonita de la política.

 

El caso es que la apropiación que la izquierda actual hace de aquel periodo histórico, por lo demás, el mayor fracaso colectivo que ha sufrido España, es pasmoso. Se olvidan de que aquella no fue sólo la república de los Azaña, Largo, Prieto, Ibárruri, y compañía, sino también la de los Melquíades Álvarez, Miguel Maura, Sánchez Albornoz, Madariaga y, más cercano a nosotros, Filiberto Villalobos. Sin embargo, el domingo tendremos que aguantar la matraca de Cayo Lara  y demás agregados que, entre acoso y acoso, entre agit prop y agit prop, nos querrán hacer ver que su solución a los problemas es mágica y que todo pasa  por que el Borbón imite a su abuelo y coja un barco en Cartagena para no volver más. Lo peor de todo es que, entre urdangarines, cristinas, corinnas y demás mandangas, le están dando la razón a don Cayo… y eso sí que jode, oiga.

 

Foto de la declaración de la República en Salamanca: www.franciscoblancoprieto.com

 

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