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El base atómico

Saúl Asensio

Robert Battle: A ritmo de ‘Hit the road Jack’

Cuando le vi aparecer por la oficina del CB Valladolid no me pareció un jugador americano al uso. Gesto serio como el de casi todos a su llegada, pero con matices, ya que parecía que entraba a un sitio que le era familiar. No simulaba estar desorientado.

 

 

Le saludé en inglés y me presenté como solía hacer siempre con los estadounidenses que llegaban nuevos al club, pero la diferencia es que este pívot de poco más de dos metros pero con un físico de armario ropero, me contestó en un castellano perfecto, así que intuí que no iba a ser una temporada donde practicase tanto mi inglés, teniendo en cuenta además que completaba la pareja de extracomunitarios un base con marcadas raíces mexicanas, Chris Hernández, que sin embargo como comprobaría después, no dominaba el español ni la mitad de bien que el protagonista de este post.

 

Enseguida le ubiqué. Era un americano que no parecía americano. O mejor dicho, un genuino americano que se había integrado tan bien en los lugares donde había desarrollado el grueso de su carrera profesional, España y Latinoamérica, que se mimetizaba con el entorno de no ser por su piel oscura.

 

Así era Robert Clark Battle. Ilustre representante de una plantilla que labró el mayor éxito que viví como integrante del CB Valladolid. Un hombre clave para que el conjunto morado fuera campeón de la Adecco Oro y ascendiera meteóricamente a la ACB en una temporada memorable y que estará enmarcada por siempre.

 

Battle formó parte de esa guardia de corps con la que Porfirio Fisac construyó un equipo ganador que recuperó la ilusión de la afición y la reconcilió con su club tras una temporada anterior plagada de sinsabores y decepciones. Hecho a imagen y semejanza del técnico, lo componían jugadores con hambre y carácter, que reunían los valores que el segoviano quería para labrar una hazaña que en principio se presentaba utópica. En ese vestuario Battle compartió liderazgo con el francés Stephane Dumas y argentinos pura sangre como Van Lacke o Baldo, y coincidió además con pucelanos de pro como el hoy rescatado Sergio De la Fuente e Iván Martínez.

 

El center de Philadelphia se mostró esa campaña 2008-09 como un pívot absolutamente dominante en la LEB Oro. Mejor en tapones, tercer reboteador y aportando casi 13 puntos por partido en un roster con el protagonismo muy repartido. El siguiente año ya en ACB, tuvo más problemas, ya que no podía explotar del todo su físico en la pintura ante pívots más altos y de gran talento, lo que le obligó a buscar una polivalencia que mermó su rendimiento, si bien acabó también como líder de la competición en tapones -51, 1.5 por choque-, conservando su buena aportación defensiva y poder intimidador en la entonces mejor competición nacional de Europa.

 

Al margen de su valía a nivel deportivo y en el vestuario, donde su dominio del castellano le facilitaba ser una referencia, fuera de la cancha y en el día a día Battle se prestaba siempre a representar al club en asuntos de comunicación y marketing. Le gustaba acudir a actos o hablar con los medios de comunicación y conceder entrevistas en español. En ese sentido no tengo ni una queja sobre él porque me facilitó el trabajo de una manera que siempre agradeceré y que cualquier jefe de prensa desea.

 

Esa mentalidad suya que gustaba de ser protagonista, le impulsaba muchas veces a buscar el foco de atención lo que era dosificado por el propio Porfi, quien mantenía un control férreo sobre todo lo que rodeaba a su equipo y se exhibió como un gran manejador de los egos de sus jugadores.

 

Por ello, una de las espinitas clavadas de Robert Battle en Valladolid fue no poder hacer de Rey Mago Baltasar en la tradicional cabalgata. Sabía que era un momento en el que todo el mundo se iba a fijar en él y que varios americanos del equipo a lo largo de las temporadas habían saboreado. Pero se quedó con las ganas posiblemente por su ansia a veces infantil de destacar. El futbolista del Real Valladolid Goitom en 2009 y su compatriota Brian Chase en 2010 le quitaron el caramelo que suponía darse aquel baño de multitudes.

 

En otros ámbitos Battle también se reveló como un americano poco común, adaptándose perfectamente en la vida cotidiana pucelana. Un ejemplo está en la gastronomía. Le encantaba la comida  española. De hecho durante una visita a la Feria de Muestras en las fiestas de la ciudad, le pusieron una cazuelilla de potaje de garbanzos que devoró sin complejos. Tanto le gustó que repitió y asimismo, reflejó varias veces su gusto por los manjares autóctonos.

 

Está claro que Battle no es una persona introvertida y por ello interactuaba mucho con los empleados del club. Visitaba asiduamente las oficinas para saludarnos –aunque yo además le veía todos los días en los entrenamientos- y pedirnos ayuda o contarnos alguna de sus peripecias. De tal guisa que un día se presentó después de un entrenamiento porque quería ir a Burgos a ver un partido de LEB que disputaba Autocid.

 

Ni corto ni perezoso Battle empezó a contarnos una historieta, y nos dijo que no tenía dinero en efectivo y que necesitaba cinco euros para poder comprarse un bocadillo para cenar. Entonces le dijo a Virgilio Cifuentes, mi compañero del área de marketing con el que mantenía una buena relación, que si podía prestárselos, se entendía que con vuelta claro está… Creo que Virgi aún está esperando. Desde entonces entre nosotros le pusimos el apelativo del 5 pavos. Un tipo con un lado peculiar este Battle, aunque en ese sentido no diferente de otros compatriotas suyos o extranjeros del club, que en ocasiones parecía haberles hecho la boca un fraile.

 

Meses antes estuvo muy pendiente de la actualidad de su país desde la distancia. Coincidió entonces que se estaban celebrando las elecciones generales. Oportunidad por primera vez para tener un presidente afroamericano. Habíamos estado hablando mucho sobre ello las semanas previas. De madrugada en España concluyó el escrutinio y recibí un sms suyo a las 5 de la mañana con un escueto: ‘Obama baby’. Al despertarme supe quien había ganado.

 

Otro día me pilló en la oficina tarareando un clásico que había escuchado esa misma mañana, “Hit the road Jack”, interpretada por el gran Ray Charles. Al oírme se puso enfrente mío y comenzó a cantar esa canción. Fue impresionante escucharle. A su buena voz añadió los gestos al piano del mítico intérprete ciego. Cuando acabó no pude más que aplaudirle. Un auténtico performer Battle. Ejemplo de la facilidad que tienen los afroamericanos en general para la música y el baile.

 

Actualmente Robert Battle sigue en activo a los 33 años, jugando la liga argentina en las filas del Quimsa. Es la competición donde ha permanecido más años y mantiene una excelente reputación. En Sunchales, con el que fue campeón de la Liga Sudamericana, los fans le apodaron el choripán por su gusto por este tipo de bocadillo y los asados.

 

Battle ha sido y es una roca, incluso después de padecer una arritmia cardíaca que le obligó a reposar durante algún tiempo en 2012. Sería emocionante volverle a ver y quién sabe si en un futuro eso podría producirse dentro o fuera de una cancha de juego, aunque espero que el bueno de Robert tenga aún cuerda para rato.

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