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El base atómico

Saúl Asensio

Radulovic: Balcánico más fuera que dentro de la cancha

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No se si el CBV pensó que había fichado a Kukoc pero Nikola Radulovic llegó para satisfacción del maestro Comas que ya lo había tenido en Badalona. Su incorporación no fue barata ni mucho menos. El Joventut lo soltó sin intención de renovarlo y aunque lo inscribió, no acudió al tanteo.

Se incorporó en una temporada en la que debía asumir un papel protagonista para desequilibrar en el tres y ser polivalente desde el cuatro por sus 207 centímetros, pero en el primer año se fue diluyendo con el paso de las jornadas. Tanto que lo arrastró la deriva negativa del equipo y de no ser por la llegada de San Carlton Myers, él y todos nosotros nos habríamos asomado peligrosamente al abismo LEB.

 

Pero el advenimiento del astro italiano, compatriota por pasaporte de Radulovic, hizo reaccionar a un equipo atenazado al que parecía que sólo mi apreciado Manel Comas y sus ayudantes encabezados por mi también querido y respetado Roberto González sostenían en pie con suficiente fe.

 

En realidad Nikola Radulovic no me caía mal. Con su melenilla y su biología esbelta en la pista estaba lejos de ser un Cutura, Kukoc o Paspalj. Mas bien se asemejaba a un escolta muy alto tipo Komazec con capacidad para rebotear pero huidizo de pegarse en la zona. Aunque croata nacido en Zagreb y con pasado en Sibenik, poco mostró de ese ADN balcánico ganador que atesoraba su insaciable paisano Drazen Petrovic u otros ex yugoslavos del lado serbio de la trinchera como Divac o Djordjevic.

 

Quizás por ese carácter deslocalizado o por interés personal tempranamente le otorgaron el pasaporte italiano en Nápoles y aceptó jugar en la selección transalpina con la que se enfundó un par de medallas. Una en el Eurobasket de 2003 y otra, la más importante, la plata olímpica en Atenas 2004 que lució orgulloso en su presentación en la sala de prensa de Pisuerga a petición mía.  

 

En Valladolid fue jugador irregular y decisivo a cuentagotas en ambas campañas pero su calidad le dio para sumar algún MVP de la jornada, evocando su periplo francés donde había sido nombrado mejor jugador del All Star 2001-02. Precisamente y también por un arranque de ese temperamento heredado de sus orígenes, tuvo algún encontronazo en su segunda temporada con un galo, Joseph Gomis. Por tierras pucelanas estuvo acompañado de su bella esposa, también deportista y experta en artes marciales.

 

Tras año y medio del croata a orillas del Pisuerga, una mañana yendo a darle algún recado relacionado con entrevistas y agenda personal olfateé que mantenía costumbres de clásico ex yugoslavo, le gustaba fumar antes de los entrenamientos matinales, aunque tengo la sensación de que a él, lógicamente, no le hacía gracia que percibiéramos aquello, ya que muy a menudo llegaba al pabellón con prisa y se metía volando al vestuario.

 

Aunque siempre profesional en el trato, tuve mi primer malentendido por una entrevista que debía conceder a EFE y que le expliqué que era una agencia de noticias similar a Reuters que él conocía. Se lió tanto el tema que el bueno de Manel se metió por medio y me dijo que no haría la entrevista para esa agencia por precaución hacia un excesivo protagonismo, pero yo expliqué al coach que en realidad era para España, para la Agencia EFE. Fin a la polémica. Y en estas estábamos hasta que un día ocurrió algo que me hizo pasar uno de los momentos más desagradables en mi larga etapa en el club morado.

 

El ego de muchos jugadores hace que estén preocupados por su popularidad -y no se si por sus bonus- y Nikola estuvo muy pendiente de una encuesta en la web del club para que los aficionados votaran por el MVP del equipo la campaña 2005-06. De liderar la clasificación inicialmente, pasó a la segunda posición en cuestión de horas. Con bastante diferencia le superó Bernard Hopkins.

 

Y entonces fue cuando se encendió esa vena balcánica que en la pista le costaba más trabajo exhibir y acudió a las oficinas del club donde yo realizaba mis funciones. Ese día antes de la sesión ya me preguntó por el asunto pero fue después del entrenamiento y bastante más cabreado cuando estalló sobre mi toda su ira.

 

Fiel a la desconfianza típica de los ex yugoslavos -como pasó también en una cena de Navidad del club aunque de manera positiva con el gran mago Fernando Arribas- y sin testigos de por medio, me amenazó acusándome de haber manipulado los resultados de la encuesta para que no le favorecieran. Juro que yo no tuve nada que ver en eso, y también qué leches, ni que no tuviera yo otras muchas cosas que hacer como para perder el tiempo en fastidiar a alguien. “¿Tu tienes ‘arjivo’? Enséñame ‘arjivo’ anterior” me espetó. Al principio no entendí a que podía referirse, pero luego interpreté que aludía al historial de la web para ver la evolución de la votación. Yo desconocía como mostrarle eso si es que era posible. También le dije que los votos no podían manipularse con ninguna herramienta, ni siquiera yo sabía si podía hacerse a través del servidor. Intuí que no me creyó porque aumentó el mosqueo morrocotudo que ya tenía.

 

Cierto que pasé algo de miedo pero finalmente no sucedió nada. Radulovic se marchó por la puerta de la oficina cagándose en todo en su idioma materno y yo respiré profundamente, aunque con un disgusto monumental.

 

No me quedó otra que trasladar al club el incidente. Encontré comprensión y eso me alivió. Un ejemplo, el entrenador Paco García, que siempre me ha tratado con un profundo cariño como hace algunas fechas en los malos momentos que hemos pasado mi familia y yo, le dijo “Saúl puede ser muchas cosas pero no es mala persona”. Según me contaron Radulovic frunció el ceño pero quitó hierro a las lindezas del día anterior.

 

A partir de ahí con cierta desconfianza mutua, las cosas volvieron a la normalidad y nos comportamos de una manera seria pero cordial el uno con el otro, aunque no me quedó más remedio que mantener las distancias. Una situación similar pasó años después entre otro compañero y en este caso un serbio, Uros Tripkovic. Entonces la experiencia que yo sufrí creo que sirvió para apaciguar las aguas.

 

Sirva este relato como una de las muchas anécdotas y recuerdos que me he llevado de mi trayectoria en el CB Valladolid, porque quiero destacar que venero en la pista el carácter de aquella gente que hasta principios de los 90 (cuando todas las repúblicas formaban una sola) fue yugoslava y siempre será balcánica.

 

Esos equipos casi imbatibles como Cibona, Jugoplastika o Partizan y sobre todo la mítica selección que surgió diseñada para maravillar durante décadas en el viejo continente, nos dejaron poso. Mi admiración para varias generaciones de jugadores de la antigua Yugoslavia que honraron nuestro bello deporte y nos enseñaron con talento, trucos y hambre de campeón cómo se jugaba al baloncesto.

 

       

Comentarios

Roberto 31/08/2015 16:16 #1
Así que no sólo yo me fijé en la esposa de Radulovic cuando iba a tribuna... aunque el atrezzo no fuera una de sus virtudes. Sasha era un excelente jugador, aunque le fallase la parte de arriba, esa que va debajo del flequillo y acaba por diferenciar a un buen jugador de un crack. Como bien sabes, Saúl, se aprende más de las malas experiencias que de las buenas, lo cual no deja de ser un fastidio y motivo de disgustos. Suerte en tu próxima andadura profesional. La mereces por buena persona, lo cual no va en detrimento, más bien al contrario, de tu capacidad como periodista. Un abrazo.

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