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El base atómico

Saúl Asensio

Querido Quino

Quino pisuerga saul detail

El 7 de febrero de este año, fue la fecha en la que me crucé por última vez con Quino Salvo. Ese día estaba radiante a pesar de la debilidad por su delicado estado y sobre todo agradecido en el parqué de Pisuerga, donde triunfó como jugador y donde el aficionado de Valladolid le mostró su más profundo cariño y admiración.

Nadie le había olvidado, como nunca olvidará a otros grandes, porque Valladolid tiene memoria y presume de una historia de baloncesto envidiable.

 

Los amigos de Quino llegaron de Torrelavega, desde Santiago, Sevilla, San Sebastián, Zaragoza o Madrid, lugares donde jugó y entrenó, y entre ellos hubo caras muy familiares como Corbalán, Seara, Pepe Alonso, Alfonso Reyes, Toñín Llorente, Miguel Reyes, Bustos, Fernando y Pepe Arcega, Carlos Suárez o Mario Pesquera. Quino dejó huella y por eso nadie que pudiera quiso faltar. Históricos del baloncesto que fueron compañeros y rivales. Aquí también le esperaban muchos amigos y la gente del basket local, regional y del anfitrión Ciudad de Valladolid con Mike Hansen a la cabeza junto a Mateu, Enciso o Tauler, a los que Salvo entrenó.

 

Desde bastante antes de iniciarse el partido de LEB Plata en la matinal del domingo contra Morón, Quino ya estaba en Pisuerga acompañado por sus hijas, un poco abrumado supongo, pero encantado de pisar nuevamente el que fue su pabellón. Porque cuando llegó casi no le dio tiempo a pensar, enseguida las personas que le esperaban se le echaron encima para recibirle calurosamente.

 

Ese día fue el de Quino. Pisuerga vistió de gala el anillo inferior por primera vez en la temporada con seguidores clásicos y jóvenes que quisieron rendirle un sentido homenaje. En vida como debe ser. Y mostrarle su cariño, respeto y admiración poniendo en valor su bagaje y cinco temporadas en Pucela en las que se acercó a los 2.000 puntos anotados y disputó 161 choques sólo en la ACB.

 

El acto, que estaba previsto se realizara en principio de manera más discreta y familiar para preservar sobre todo su salud, con el paso de los días se convirtió en una marea de adhesiones hasta convertirse en un merecido tributo público. Un chute anímico para que él continuara con su pelea contra el maldito cáncer, en un momento en el que se notaba que la enfermedad había hecho mella en su poderoso cuerpo.

 

Llegó el descanso del partido y tuvo lugar el grueso del homenaje. Al grito de Quiinoo, Quiinoo, la afición puesta en pie le arropó y él, en el centro de la pista, rodeado de amigos y representantes institucionales y entre bonitos obsequios, devolvió ese gesto emocionado y agradecido. Fue el partido con mayor asistencia de público de la temporada para el Ciudad de Valladolid y por supuesto que el protagonista tuvo mucho que ver. La ocasión lo merecía.

 

Tan atareado como siempre en los encuentros de LEB Plata, como también me sucedía con el CB Valladolid en ACB y Oro, estuve más pendiente de mis responsabilidades que de compartir un minuto con Quino. Me queda la espina de no haber encontrado un momento para estar juntos y que sintiera mi ánimo, aunque no habría sido fácil en medio de esa multitud de abrazos, saludos e idas y venidas de personas en aquella larga mañana y después en la comida que se realizó en el restaurante del Museo de la Ciencia.

 

Pero echando la vista atrás quiero recordar que ya había coincidido con Salvo en ACB cuando era entrenador del Lobos Cantabria, aunque le conocí de manera más personal en febrero de 2008. Uno de los patrocinadores entonces del CB Valladolid, nos invitó a una cena con ilustres ex jugadores a escala nacional como Ferrán Martínez, Villacampa o Rafa Jofresa, y también genuinos del baloncesto vallisoletano, entre los que se encontraba el propio Quino junto a Lalo, Seara, Puente o Bustos. Casi nada.

 

Al día siguiente de la cena hubo partido y entrega de placas en Pisuerga a modo de reconocimiento de aquel esponsor a los citados ex jugadores y, cosas que suceden, Quino recogió una, pero no fue la suya si no la de Bustos, que no pudo acudir a la cita por motivos profesionales. Con razón aquello a Quino le hizo sentirse desplazado. Se rectificó, se hizo una placa personal para él y estuve tiempo llamándole para que la recogiera, incluso traté de convencerle de que se la entregáramos a pie de pista. Pero él no quiso, sin reprochar nada nos dijo que no podía. Si pasó a visitarnos por la oficina del club poco después y desde entonces le perdí la pista hasta que ocho años más tarde, ese 7 también de febrero, Quino volvió a Pisuerga. No se me pasó por la cabeza a pesar de todo, que iba a ser la última vez que le vería.

 

Pero como el de muchos niños y niñas de mi generación mi idilio baloncestístico con Quino llegó mucho antes. Salvo puso pie en Valladolid en el verano de 1984 de la mano de Mario Pesquera y aunque no recuerdo la primera vez que le vi jugar, si la expectación con la que le recibimos. Fichábamos al mejor anotador de 1ªB y un tío que defiende muy duro, algo que se estilaba con cuentagotas en aquella época. Era la primera vez que muchos chavales veíamos de cerca en la élite a un jugador de esas características a lo Romeo Sacchetti o por su forma de juego, a lo Roberto Premier. Un escolta de 1.91 corpulento e intenso, con físico más orientado a otro deporte, pero rápido al contraataque, con facilidad anotadora y sobre todo, como he dicho, defensor feroz. Un perro de presa capaz de secar a lo más talentoso de la época, Epi, Jackson, Hollis o Villacampa, incluso atreviéndose con ET Nate Davis.

 

Ya había comenzado a entrenar en Santiago y Zaragoza y también en Valladolid compaginó su etapa de jugador en Huerta del Rey y Pisuerga con el banquillo, comenzando a dirigir a chavales en el patio del colegio Lourdes. Con una completa generación a la que entrenó en el Fórum juvenil compartió el Campeonato de España de Mahón 87-88. Los Lalo García, David Enciso, Infante o Chus Conde lograron la tercera plaza. También instruyó a técnicos pucelanos marcados para siempre por su sello, como Hugo López e Iñaki Martín.

 

Pero Quino se fue. Nos dejó con 58 años la madrugada del 8 de junio pasado. Yo sabía que la cosa no iba bien ya que pregunté unos días antes de su muerte al periodista y entrenador Carlos Raúl Martínez, una de las personas más cercanas que tuvo Quino en tierras pucelanas, junto al entrenador del CBCV el pasado año Iñaki Martín, pero no quería esperar un desenlace tan rápido. Y huérfanos de alguien con valor y valores, con espíritu de superación, coraje, sacrifico y garra, con ganas de vivir, siempre nos agarraremos a su legado. “Jamás me he rendido” nos dijo y de verdad que no lo hizo hasta el final. Que nos sirva de acicate para cargarnos las pilas cada día.

 

Ahora Quino ya forma parte de ese equipo en el cielo del cuarentón y embalsamado Club Baloncesto Valladolid, con sus compañeros Mike Phillips, Siço y nuestro eterno capitán, Lalo García. En activo fue parte de un cinco inolvidable con Trumbo, Singleton, Puente y Alonso.

 

En la tarde-noche de hoy 1 de septiembre se celebra algo lejos del Pisuerga, en su Vigo natal, el I Memorial Quino Salvo, que honrará cada año la memoria de un tipo singular e inolvidable. Esta vez, el epicentro será un partido que medirá a uno de sus ex equipos Obradoiro ante el histórico Joventut.

 

Termino este humilde recordatorio a Quino Salvo con López Iturriaga, compañero suyo en la selección española junior que disputó el Eurobasket de la categoría allá por el año 1976 en Santiago de Compostela. En su libro “Antes de que se me olvide”, Ediciones Turpial 2011, pp (65,66), Itu describía a Quino con esta divertida anécdota: “7:30 de la mañana. Habitación de Salvo e  Iturriaga. Me medio despierto al oír ruido de muelles de frecuencia uniforme bien cerquita […] Intento volver a dormirme ante el temor de encontrar a mi compañero de habitación en plena faena […] Encima Quino empieza a resoplar [...] Alucino […] Allí no había ni chica, ni sexo, ni nada […] Simplemente un tipo en calzoncillos haciendo abdominales sin parar […] Así era este gran hombre”.

 

Pues sí, un tipo que siempre sorprendía, todo corazón, competitivo y honesto, humano y valiente, al que doy las gracias por ayudar a que muchos niños que crecimos en los 80, aquella época dorada del baloncesto vallisoletano, nos enamoráramos de este maravilloso deporte. Nuestra responsabilidad ahí está. Enseñar a las nuevas generaciones quién fue y lo que significó para nuestro baloncesto el gran Quino Salvo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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