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El base atómico

Saúl Asensio

Organizando un complicado puzzle

El final de temporada del MyWigo CB Valladolid nos ha dejado un gran sabor de boca. La exhibición del equipo a pesar de todos los problemas adyacentes ha hecho renacer la ilusión en la afición que ha disfrutado como hacía mucho. Pero ahora se abren una serie de incógnitas alrededor del club en las que se mezcla lo económico, lo político y lo institucional.

 

 

Hagamos un poco de retrospectiva reciente. En lo deportivo, la eliminatoria contra el Breogán ha dejado poso. Hacía tiempo que no vivíamos un play off. Quince años desde el último ante el FC Barcelona en ACB, en el que también estuvo uno de los integrantes del CBV actual, Román Montañez. Cuartos y semis sumaron seis partidos con mucho en juego y presididos por la emoción y la tensión.

 

Frente a los lucenses en semis Pisuerga registró la mejor entrada de la temporada, pero sólo llegó a completar el anillo inferior. No obstante, en ambos días el ambiente fue espectacular, con la grada enganchada a su equipo y revalidad con los seguidores foráneos. Momento cumbre ambas eliminatorias ante Navarra y Breogán con las que pudimos deleitarnos, en mi caso también narrando para los amigos de Gestiona Radio. Fantástica experiencia.

 

Cada encuentro fue en mi opinión un regalo para nosotros y un premio para el equipo. Fue tan positivo que alguno se llegó a abstraer tanto que no fue capaz de cambiar el chip al acabar el tercer partido de semis y salió del pabellón embriagado por la situación idílica que transmitieron los jugadores en la pista. Preocupándose sólo por lo deportivo y sin asimilar la auténtica realidad del club, se pensó que se había perdido una gran ocasión porque aquel era “el día”. Yo salí contento porque vi nuevamente la esencia de una plantilla que se merece un monumento y que jugó al límite con todo con lo que tenía.

 

Más allá de la supuesta decepción por no haber podido conseguir el 2-1, ya que el desenlace de la eliminatoria pudiera haber sido otro, yo nunca perdí la perspectiva ni antes ni después de los 40 minutos de juego -aunque durante los mismos me metí totalmente en el choque sin pensar otra cosa- de que éramos unos afortunados por estar viviendo un encuentro de semis del play off de ascenso Adecco Oro con la que había caído. Encantado como he escrito, porque se había competido de igual a igual ante un conjunto gallego más asentado en la categoría, con superior presupuesto y mayor profundidad de plantilla, que necesitaba ganar porque sus expectativas son enormes.

 

La actuación del conjunto de Porfi Fisac en la serie fue de sobresaliente. Como lo ha sido en el grueso de la temporada. El MyWigo lució su alma, renació una y otra vez cuando se tambaleaba y fue un ejemplo de superación de dificultades. Demostró su vena ganadora en la segunda cita y la victoria nos supo a gloria. Salvando las distancias, no envidiamos al Olympiacos ni a su determinante Spanoulis, fiel heredero de Gallis y Yannakis. Para el héroe griego no hubo excusas ni en la fase regular ni ante el CSKA en la F4, para el CBV en las canchas donde se jugaba su “Euroliga”, a pesar de la situación de precariedad que rodeó al equipo, tampoco. Un ejemplo y el reflejo ideal que trasmitir a la base.

 

Al margen de la gran actuación de la escuadra pucelana, de su renovada comunión con la afición y de lo que nos hizo disfrutar, tras el play off de ascenso a la Liga Endesa la vida continuaba y el presidente escenificó un par de días después ante los medios y para sorpresa de muchos el nuevo proyecto en el que asentar el futuro.

 

La base de esta nueva esperanza se llama Rock Gym Village-Ciudad del Baloncesto. Patrocinado por la multinacional de peluquería y estética Marco Aldany, supondrá un cambio en el concepto de club. Con diez millones de euros de inversión, el centro neurálgico se situará en los terrenos anexos a Pisuerga, lugar donde asimismo se ubicará la Escuela de Valores que dará una vuelta de tuerca al concepto de trabajo tradicional con la cantera, que no sólo se centrará en la tecnificación en el ámbito del baloncesto si no que otorgará un plus formativo a los chavales.

 

Un plan muy ambicioso y con vocación de permanencia que interrelaciona y unifica a todos los estamentos del club. Una iniciativa brillante que dará la viabilidad necesaria, que Sunil ha cocinado alejado de los focos y que ha generado la desconfianza de muchos, escarmentados por otros fallidos macro proyectos. Sin embargo creo que el paso de las semanas hará cambiar la percepción. El baloncesto y preservar la vida de nuestro castigado CB Valladolid es el fin primordial de esta iniciativa. Y en estos tiempos que corren reinventarse es imprescindible.

 

Sunil sabe que tiene mucho trabajo por delante para conseguir que haya una identificación total. Que los reinos de taifas que medran en el entorno del CBV desde dentro y desde fuera limiten su influencia y todos en la medida de las posibilidades tiremos del carro en la misma dirección. Confío en que el tiempo nos reubique y pueda dar al CBV la oportunidad de renacer y lucir como su historia justo cuando el 31 de agosto de 2016 celebre su 40 cumpleaños.

 

El proyecto de la Ciudad del Baloncesto está presentado y cobra mayor importancia, ya que desde el club se espera que sirva para la necesaria concesión del aval que permita el importante cobro de la subvención de 2015 y dejar encauzada la temporada cumpliendo con los salarios de jugadores, cuerpo técnico, empleados, cantera, etc.

 

Al hilo de esto otro factor que puede influir en el nuevo rumbo del CBV es la situación política y el posible cambio de liderazgo en el Consistorio que salió de las urnas el pasado domingo. Si ese cambio finalmente se produce se facilitará que el club morado vaya abandonando la tutela institucional y labre su futuro en una situación positiva de menor dependencia. Esto se lleva reclamando tiempo y creo que será positivo para ambas partes. Para lo bueno y para lo malo el Ayuntamiento ha tenido demasiado que ver en el devenir del club estos últimos 20 años.

 

Dicho esto, creo que a partir de ahora el proceso de solución de todos los interrogantes entorno al CBV irá más despacio de lo que nos gustaría a todos. A pesar de que si hay algo que este club nunca ha tenido ha sido tiempo, no queda más remedio que ir paso a paso y esperar nuevamente, puesto que los procesos no los controlan directamente los actores principales, sino que dependen mucho de terceros.

 

Este mecano con aristas que pulir y ensamblar hace que estemos expectantes ante el futuro inmediato del club. Si las crisis están para reciclarse y cambiar a mejor, la entidad está ahora ante su gran oportunidad de perseverar. El presente y la realidad seguirán siendo inexorables pero quiero pensar que hay motivos para la esperanza.

 

No perdamos la calma y confiemos que el presidente Sunil Bhardwaj y su grupo de trabajo obtengan a tiempo los resultados que buscan para ir colocando adecuadamente las piezas de este complejo puzzle.

 

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