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El base atómico

Saúl Asensio

Nate Davis: El retorno de ET

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No pude tener mejor regalo en mi despedida del club. ET había regresado a España 25 años después y aproveché su visita a Valladolid para pasar uno de los momentos más inolvidables de mi vida vinculada al baloncesto. Después de Oscar y Sabonis, por fin el destino me había permitido cerrar el círculo al lado de un jugador y persona increíble. Estaba junto al gran Nate Davis.

 

 

Hace ahora poco más de un año y sobrepasados los 60, Davis volvió y se reencontró con su glorioso pasado en nuestro país. A pesar de sus canas seguía teniendo un aspecto juvenil. Conservaba su más que correcto castellano y entre saludos y compromisos tuve la ocasión de intercambiar algunas palabras con él. Muy cariñoso y cercano, como si me conociera de siempre, se mostró muy agradecido y emocionado, incluso sorprendido, por el trato recibido.

 

Davis dejó una huella imborrable en Pucela y 25 años después tuvo otra vez ese merecido homenaje del aficionado de calle, que él, también un jugador con ADN playground, no saboreaba desde el reconocimiento que se le brindó en el Polideportivo Pisuerga el 9 de octubre de 1988. Nate sigue siendo un ídolo en España sumido en el anonimato entre sus compatriotas, algo que quedó patente en el documental que se rodaba en aquel entonces para Informe Robinson de Canal Plus. Ni siquiera sus propios compañeros de trabajo en Atlanta sabían de su relevancia para el basket español. En su paso por España también fue agasajado por la ciudad de Ferrol donde este verano ha inaugurado una escuela de formación para jóvenes.

 

En el CB Valladolid Nate Davis se distinguió como el hombre récord y por ello la Sala VIP del club lleva su nombre. Al enseñársela y ver varias fotos de su paso por la entidad, alucinó. En medio de aquella sobredosis de recuerdos fue consciente de su importancia para el baloncesto de Valladolid. En Pucela saboreó el éxito profesional y tuvo en Carmelo Cabrera a su mejor socio en la pista. Con él ideó el concepto alley-oop. Hace un año también se pudo reencontrar con su amigo.

 

Según dicen los que le han compartido vestuario con él, Nate es el compañero al que cualquier americano o extranjero novato le gustaría tener. Una persona prudente que aportaba serenidad en momentos tensos y que ayudaba a la adaptación, ya que estaba integrado perfectamente en el entorno español en el que residió. Además era un ganador y un líder en la cancha. Por su forma de juego, si hubiera habido línea de tres en sus primeras temporadas en España se habría beneficiado y sus promedios habrían aumentado. Aún así, fue tres veces máximo anotador de la primera división, una de ellas vestido de morado y sin triple de por medio.

 

Entre 1979 y 1982 duró su estancia en tierras pucelanas. Llevó al conjunto morado a su mejor posición en toda la historia, el cuarto puesto de 1982. Davis, formado en la universidad de South Carolina no pudo entrar en la NBA y tras salir de la universidad probó como ayudante del sheriff de su ciudad natal, Columbia. Poco después comenzaría su periplo en España. Fue a San Sebastián de la mano de José Antonio Gasca para paliar la salida de otro mito, Essie Hollis.

 

Su fichaje por el CB Valladolid a comienzos de marzo de 1979 hizo que se tuviera que desembolsar dinero a todas las partes implicadas incluido al propio Askatuak, equipo donostiarra que le descubrió, que cobraría 425.000 pesetas pagaderas en seis plazos iguales. El coste del jugador en esta primera temporada para el entonces Miñón se fue a los nada despreciables 20.000 dólares netos, incluyendo salario, bonus, apartamento y billetes a Estados Unidos. Pero este atlético alero, que también podía jugar de escolta, anotador compulsivo y capaz de hundirla a dos manos de espaldas al aro por encima de rivales 15 centímetros más altos, rentabilizó el esfuerzo de la directiva que ya comandaba el ilustre Gonzalo Gonzalo.

 

Davis llegó acompañado de su mujer Annie y su hijo Nate Junior y debutó en Huerta del Rey con derrota aunque anotando 23 puntos, en un amistoso contra la selección de Cuba el 24 de abril de 1979 donde ya encandiló a los seguidores locales con su plasticidad y espectaculares saltos.

 

Apodado por el coach Mario Pesquera como el “El Extraterrestre” tras verle poner un tapón en un entreno de manera inverosímil, su idilio con Huerta del Rey siguió prolongándose tres años más. Al margen de amistosos y partidos de liga y Copa, Davis colaboró en el debut del equipo en Europa interviniendo en dos ediciones de la Korac. Dejó recuerdos imborrables como el partido que disputó con la mano izquierda rota y un aparatoso vendaje ante el OAR el 3 de enero de 1981, y donde su contribución hizo posible remontar 22 tantos tras el descanso, y los 50 puntos endosados al CAI Zaragoza, más 14 rebotes y 3 tapones, el 28 de febrero de 1982, que siguen siendo el récord absoluto individual de anotación en el ranking del CB Valladolid.

 

Su salida del club fue algo controvertida. Se marchó a su país sin permiso con la intención de probar suerte en la NBA con el consiguiente enfado en el seno del CB Valladolid y la decepción en la afición, que sin embargo siempre le guardó un profundo respeto y cariño. El malestar no duró mucho y se demostró en el homenaje años después cuando el ya ex jugador estaba pasando el peor momento de su vida. Davis abrió el camino y fue el primero en subir al podio del Olimpo vallisoletano que ocupa junto a Arvydas Sabonis y Oscar Schmidt.

 

Pero la trayectoria del estadounidense en nuestro país continuó y no habiendo conseguido el ansiado contrato garantizado en los pross, Nate Davis regresó a España para disputar algunos choques con el Obradoiro, para a la temporada siguiente enrolarse en el OAR Ferrol en el que también dejó huella. Pero en la Navidad de 1985 finalizó de manera abrupta su estancia en España debido a una grave lesión en la clavícula. Al poco, la enfermedad de su esposa Annie, contagiada con el virus VIH en una transfusión y el posterior fallecimiento de ésta, le abocó a una profunda depresión y le apartó del baloncesto profesional y de la vida pública.

 

Tanto, que a partir del acto de reconocimiento en Valladolid de 1988 se pierde su pista prácticamente hasta hace un año, en la que la gran idea de Informe Robinson de realizar un documental para recuperar su memoria y realzar su contribución al boom del baloncesto en España le han hecho salir con justicia del ostracismo.

 

Bienvenido sea este aniversario de la resurrección del mito, de un tipo extraordinario al que el mundo de la canasta nacional y local debe tanto. Un héroe de epopeya para románticos de aquel baloncesto con el que empezó todo llamado Nate ET Davis.   

 

 

 

 

 

 

 

 

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