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El base atómico

Saúl Asensio

Cuando me presentaron a Mano Santa

Fue un 25 de febrero de 1995, creo recordar que cerca de Medina de Rioseco. El autobús del equipo había sufrido una avería y nos avisaron de que el nuestro donde íbamos familiares, amigos y otros seguidores, debía esperar a los jugadores y miembros del cuerpo técnico para recogerlos. Una oportuna casualidad se dio ese día para que conociera a alguien que lo ha sido todo en el mundo del baloncesto.

Era especial y se notaba al verle, aglutinaba la atención de todos. Me acerqué hacia donde él estaba de manera tímida y alguien me dijo, “Saúl, ¿conoces a Oscar?”. “No personalmente” respondí. Saludó con mucha naturalidad, esbozó una sonrisa y puso una de sus enormes manos sobre la cabeza de mi acompañante. Un gesto de bendición, una ‘Mano Santa’, que ni ella ni yo jamás hemos olvidado.

 

Y toda esa cordialidad pese a que el equipo venía de perder en León. Triste derrota aunque se compitiera durante bastantes minutos, lo que nos hizo soñar con un dulce triunfo en la hostil pista del eterno rival. Pero al final la presión del Palacio y la experiencia de Aranzana desde el banquillo mas el tridente que formaban los americanos Ron Rowan, Corny Thompson y Reggie Johnson y los nacionales Sala, Dani Pérez y Yebra, hizo imposible la victoria. Oscar Schmidt hizo ese día 24 puntos con 6 triples.

 

Así fue como conocí a una persona inmensa, el segundo jugador tras Arvydas Sabonis cuyo fichaje superó el millón de dólares entre salario, 450.000 dólares por cada una de las dos campañas que firmó, y traspaso, 225.000 dólares, entregado a su club de origen el Fernet Branca Pavía, contra el que además habría que disputar un amistoso en Italia.

 

Para el CB Valladolid, el fichaje de Oscar suponía un intento por recuperar el rumbo tras una temporada post Sabonis para olvidar. El renovado conjunto morado buscaba otra referencia en la cancha. Alguien que se echara el equipo a la espalda como en su día lo hiciera el pívot lituano y que retomara para el club el prestigio perdido el año anterior.

 

Fiel a su ADN, Oscar Schmidt aplicó carácter de líder y con 35 años largos siguió aportando la especialidad de la casa, una innata y excelsa capacidad anotadora que le ha llevado a acumular el mejor registro de todos los tiempos con casi 50.000 puntos conseguidos. Pero en Pucela intentó además sumar en otras áreas para rentabilizar el alto coste de su incorporación. En ese sentido disipó todas las dudas ya que era un extraordinario profesional. Un jugador que deseaba la perfección de manera obsesiva lo que le llevaba a un maníaco control sobre la estadística propia y la de los compañeros más importantes del equipo. Sabía cuántos tiros se habían fallado entre todos y lo utilizaba como motivación y reto de cara al siguiente choque.

 

Asumía perfectamente que era un privilegiado y esa filosofía era la que trataba de inculcar a los jugadores con los que compartía equipo, a los que no dejaba relajarse. Sentía pasión por el baloncesto y la motivación constante de hacer algo grande para su país y su gente. Es historia por longevidad y las marcas que consiguió. Su sentimiento patriótico y su carisma han hecho que en Brasil sea un mito y le tengan en un pedestal. Además siempre luchó por los derechos de los jugadores de su país y para que la liga brasileña se desarrollara profesionalmente.

 

Como persona familiar, natural y sencilla, su prioridad siempre fueron sus dos hijos y su mujer. Pero en especial su esposa, Cristina, entendió perfectamente lo importante que para Oscar era su profesión. Por eso ella es muy culpable del éxito que le persiguió ya que jugaba un rol decisivo en su estabilidad.

 

A nivel personal Oscar se adaptó perfectamente a la vida en España. Disfrutó de todo, incluso del humor, ya que le hacía mucha gracia el peculiar Chiquito de la Calzada. Y en ese sentido también gastaba bromas a sus compañeros pero con un trasfondo pedagógico, para que sintieran la responsabilidad de a quién representaban. Le gustaba comer bien, su madre cuando venía a visitarle y su mujer, le preparaban las mejores recetas de comida brasileña.

 

Tenía un gen guerrero que expresaba en cada partido que disputaba. También en los entrenamientos. De una manera u otra siempre estaba trabajando. Después de las sesiones solía gustarle encerrarse en una habitación durante una hora para evadirse escuchando música hasta que sus hijos Felipe y Stephanie volvían de clase. Mantenía sus rutinas al son de su canción favorita, Simply the best, de la gran Tina Turner.

 

En la cancha Oscar Schmidt era muy parecido a Nate Davis en lo de asumir el liderazgo como ganador natural que era. Su mecánica de tiro era perfecta. Sus cualidades permitían a todo el mundo que jugó con él ubicarse a su lado fácilmente, ya que era una referencia y un anotador letal desde cualquier posición y en cualquier momento. Simplificaba las cosas. Las hacía fáciles para sus compañeros y eso lo aprovecharon entre otros los dos bases de su segunda temporada, Mike Hansen y Álex Bento.

 

De la mano de Wayne Brabender, un entrenador que había sido también un hacedor de puntos como el brasileño, Oscar logró en su segunda temporada más triples que canastas de dos con un alucinante 48% de acierto y más de 4 triples anotados de media por encuentro, estableciendo la mejor marca del club en tiros de tres convertidos, 11, que lo fue asimismo de la competición ACB durante casi 20 años.

 

Atrás trabajaba más de lo que parecía pero debía estar siempre fresco para atacar y por eso aprendió a gestionar gracias a su conocimiento del juego, los momentos para un sobreesfuerzo defensivo. A pesar de no tener la capacidad atlética para sujetar a jugadores más pequeños, era capaz de pegarse con cuatros y cincos.

 

En 2001 coincidiendo con el 25 Aniversario del club volvimos a reunirnos. En Pisuerga se le rindió un cálido y sentido homenaje en el mes de septiembre al que acudieron 4.000 personas. Aún estaba en activo con 43 años, jugó con el Flamengo anotando 36 tantos y siendo el verdugo de sus ex.

 

Años después, en 2013, para mí fue una gran emoción su ingreso en el Hall of Fame. Justo reconocimiento del mejor basket del mundo a una carrera inigualable que nunca pasó por estar en la NBA por decisión propia, ya que eso le habría apartado de la selección brasileña que lo era todo para él, y con la que tuvo oportunidad de estar en cinco Olimpiadas, desde Moscú 80 a Atlanta 96.

 

Ya retirado, jugó hasta los 45 años, y tras ser intervenido dos veces de sendos tumores cerebrales demostró su fortaleza saliendo adelante como el luchador que siempre ha sido. Desde el club le enviamos un deseo de pronta recuperación que él contestó agradecido y poco tiempo después, en la época de Hansen como presidente, envió un vídeo para animar a hacerse abonado. Su última aparición pública fue en el pasado Mundial de baloncesto de España donde presenció la final entre EEUU y Serbia.

 

Sirvan estas modestas líneas para cerrar el círculo sobre los jugadores más influyentes que han pasado por el CB Valladolid y rememorar la figura de alguien eterno. Un clásico inolvidable que marcó a varias generaciones, Oscar Daniel Bezerra Schmidt.

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