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Desde los medios

José Ángel Gallego

Ladrones, chorizos, corruptelas, bandoleros, sinvergüenzas, maleantes... ayúdenme con los sinónimos

Hace tiempo que la manzana podrida contaminó gran parte del cesto. Hoy muy pocos creen ya en la limpieza de la política. Han criado un monstruo que ahora los devora.

Lo veo una y otra vez y lo único que siento es rabia y ganas de vomitar. Nos están tomando el pelo, sí. Y a mí la sensación de engaño me sienta muy mal; no puedo con ello. Y no me valen las disculpas y las acciones de cara a la galería. Demasiado tarde. Ya nadie, o casi nadie, cree en ellos. Porque ellos, solamente ellos, han sido demasiado permisivos y han criado un monstruo que ahora les devora. Para salir corriendo…

 

Sí, estoy hablando del monotema de la corrupción, esa palabreja que desde hace algún tiempo ha entrado en nuestro vocabulario y ocupa sobremesas y conversaciones de barra. Veo el mapa de España trufado por chorizos corruptelas y lo único que me produce es vergüenza y ganas de salir corriendo. Aunque el patio europeo tampoco anda mucho más limpio…

 

Ellos (los políticos) se defienden esgrimiendo el manido argumento de que sólo es una mínima parte. Yo no lo tengo claro. Hace tiempo que la manzana podrida contaminó gran parte del cesto. Antes, era más lógico retirar el fruto pocho; pero hoy creo que sería más fácil extraer la manzana en buen estado para salvarla.

 

Porque gente honrada habrá en política. También jodiera. Que se lo digan a esos auténticos héroes disfrazados de alcaldes de pueblos pequeños a los que los recortes han dejado en calzoncillos. Bastante tienen con pagar al secretario y mantener las calles medianamente limpias. Son esos mismos que, sin ver un solo euro, a menudo dejan el bastón de mando para coger el cepillo y hacer de alguaciles, barrenderos o jardineros por amor a un municipio. Eso es servicio público, señores.

 

Quizá todos esos caraduras que se han forrado a cuenta de erario público, esos que han saqueado en forma de primas millonarias las cajas fuertes bancarias, deberían tener un poquito de dignidad (eso no se compra con dinero) y darse una vuelta por alguno de estos pueblecitos para aprender la categoría moral de estos señores alcaldes y concejales que se las ven y se las desean por mantener un Ayuntamiento en pie y que en las fiestas patronales pueda haber una mínima orquesta.

 

Triste, pero cierto. Mientras, los otros se pasean en coches oficiales, asisten (o no) a debates parlamentarios vacíos de lo que realmente importa al ciudadano y se enriquecen (más) a costa del mileurista (en el mejor de los casos) al que fríen con impuestos. Denigrante. Y no, no soy yo precisamente del 15M o de Podemos; pero demasiado poco ha ocurrido en este puñetero país. Y me da igual los colores y las siglas, porque los unos, los otros y los de más allá, han metido la mano en el cajón.

 

A España (me río yo de lo de la marca) ya no la conoce ni la madre que la parió, porque estamos en un país de ladrones, sinvergüenzas, caraduras, chorizos, mangantes, atracadores, saqueadores, estafadores, malhechores, prevaricadores, salteadores, bandidos, timadores, cleptómanos, maleantes, cuatreros, piratas, rapiñadores, rufianes, bandoleros... blesas, urdangarines, ratos, barcenas, puyoles, granados, fabras, matas, eres andaluces, pepiños, malenas, pantojas… sigan ustedes buscando sinónimos a estos hijos de mala madre, que pasarán unos añitos (no tantos) en la cárcel (de las comodidades) y volverán a la calle con una sonrisa (dientes, dientes que es lo que les jode) y sin haber devuelto un duro. 

 

A todo esto, en unos poquitos meses nos volverán a pedir el voto...

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