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Desde los medios

José Ángel Gallego

De selfie adictos y otras gilipolleces

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“Podéis llamar muffins a las magdalenas, selfies a los retratos, runners a los corredores, pero gilipollas no tiene traducción”. Buenísimo.

Lo confieso. Esto del twiter a veces es divertido. Entre miles de twits intrascendentes, algunos incluso vomitivos, los hay graciosos, ingeniosos e incluso útiles. Sin ir más lejos hace unos días alguien ironizaba en esta red social, con más razón que un santo, que “podéis llamar muffins a las magdalenas, selfies a los retratos, runners a los corredores, pero gilipollas no tiene traducción”.

 

Literal. Genial. Podríamos estar un buen rato hablando sobre la tontería de la anglomanía que invade nuestro rico castellano. Pero no; no es objeto de estas líneas. Pero es que no me he resistido al twit para traer a colación un titular que leía también hace unos días: “El 59 por cierto de los españoles son selfie adictos”. Jodó.

 

No sé por donde cogerlo. La moda por los autorretratos –castellanicemos el término- ha llegado a límites insospechados. De vacaciones, en la cama, en la calle, en el coche, de fiesta, comiendo, cenando, en el baño, en el mar, en una discoteca, ante un monumento… Todo tenemos que autorretratarlo y sobre todo mostrarlo. Si no lo enseñas ¿de qué te ha servido gastarte mil pavos en las vacaciones?

 

Lo importante es fardar, ser visto, publicitar la vida personal, joder al vecino… es la sociedad del selfie. Tan ridícula que hace que hasta pongamos nuestra vida en peligro tan solo por tomar una foto. Y si no que se lo pregunten a los que se autorretratan en un balcón que cede, en un acantilado resbaladizo o en el volante a 150 kilómetros por hora.

 

Selfie adcitos, selfie gilipollas, selfie ignorantes, selfie inmaduros… Pa’ mear y no echar ni gota. Y ahora vas y lo twiteas...

Comentarios

Matheus 27/08/2014 20:59 #1
Es el mal del siglo, la sobrevaloración del cuerpo y de la belleza y la valoración mínima del alma.

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