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Delirios en femenino

Esther Pedraza

Ya no hay amistad ni pactos desinteresados

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Una noche de charlas, de esas que terminan con el alba, filosofando sobre la condición humana y la deriva del mundo, un gran amigo nos hizo reflexionar con el argumento de que hoy día ya no hay enemistades irreconciliables porque no hay amistades desinteresadas. El decía que ahí teníamos la consecuencia de un bien proveniente de un mal, y con todo lo que estamos viendo estos días, a cuenta de los pactos políticos, no he podido menos que recordarlo.

No se habla de otra cosa. Después del mapa político que nos dejaron las elecciones autonómicas y municipales, España ha entrado en el hipermercado de los pactos, algo de lo que los italianos y otros vecinos europeos saben mucho, pero que nosotros todavía no dominamos.

 

Borja Mateo, economista, abogado y escritor, publicó un libro el año pasado ( Trabajar y vivir fuera de España, edit. Oberón) en el que, entre otras cosas, recogía los errores mas comunes de nuestros compatriotas cuando viajaN al extranjero en busca de trabajo. Él, que lleva alejado de nuestro país mas de 16 años, destacaba que somos soberbios, pero a la vez nos falta confianza y no estamos dispuestos a luchar mientras otros nos lo puedan dar todo hecho.

 

La soberbia tiene que ver con la altanería, la arrogancia o la cátedra. Si. Aquí, cuando hablamos, todos sentamos cátedra. No hay nada más que asistir a una reunión de comunidad con los vecinos para observar lo difícil que es ponerse de acuerdo en cuestiones doméstica. Todos estamos en posesión de la verdad. O fijarse en los grupos que observan cualquier obra, cualquier puesta en marcha de un evento, y escuchar sus comentarios sobre como hay que hacer las cosas. Aquí le decimos al médico el diagnóstico, al ingeniero la fórmula, al maestro la lección y al cura la homilía. Otra cosa es lo que luego hacemos en casa, con nuestra propia vida.

 

Se ha escrito mucho sobre las reuniones poco transparentes de los líderes de los partidos estos días, pero como eran a dos, seguramente no tuvieran el morbo que tienen las que se están llevando a cabo en Valencia , Barcelona o Palma de Mallorca. Entre dos las discrepancias empatan y se tiende a mantener el tono. Cuando llega la multitud, empieza el espectáculo.

 

Como ya no hay amistades desinteresadas, en política podíamos denominarlo como pactos en los que primen los intereses generales sobre los de partido,  lo que nos queda por ver promete ser aún más sorprendente que lo ya visto.

 

La Generalitat valenciana cambia de dueños a golpe de insultos, descalificaciones y órdagos. Hoy si, mañana no, pasado puede. Lo que las urnas han unido, que no lo separe la soberbia. En Madrid, la autoproclamada alcaldesa en el minuto uno ve como sus valedores dudan y la sombra de un nuevo “tamayazo” sobrevuela la Cibeles. En Navarra las posibilidades de que un partido abertzale gobierne la capital con los votos de Podemos hace brotar ampollas. En Barcelona el juego es a tres y pasa por abrazar la estelada. En Cádiz también son tres los que deben ponerse de acuerdo, mientras que en Valladolid con dos ha sido suficiente. Si a todo le sumamos los intentos fallidos de Susana Díaz por conformar un gobierno estable en Andalucía, no nos queda más remedio que asumir que el espectáculo al que estamos asistiendo es, sencillamente, bochornoso.

 

Cuando son más de dos los partidos en liza las consecuencias son impredecibles. Cualquiera, que diría Aristóteles, puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo. Estamos en el punto de buscar los acuerdos con los partidos adecuados. Es el momento justo y a todos los ciudadanos nos gustaría asistir a un ejercicio de responsabilidad de nuestros representantes.

 

Decía mi padre que el que más conocimiento tiene siempre es quien tiene que ceder en una relación, bien laboral, bien emocional. Nuestros políticos no parecen tener mucho conocimiento, o tal vez un exceso en lo que a sus intereses particulares se refiere. Y es que hoy, ya lo saben, todo gira alrededor del interés.

Comentarios

junio pulido 13/06/2015 15:33 #3
Ahora toca esperar, pero mucho me temo que estos pactos tan contra natura van a saltar por los aires en más de un municipio. Aquí se trata de ver quien es más de izquierdas y, la experiencia habla, ser de izquierdas no tiene fondo. ¡siempre se puede ahondar un poquito más! Mucha suerte a todos y a ver si tienen sensatez para que mis palabras no sean proféticas
María B. 12/06/2015 23:10 #2
Triste.Muy triste lo que escribes.Es pa echarse al monte. Da igual que creas en un partido u otro porque al final hace cada uno lo que quiere y con quien quiere."La política hace extraños compañeros de cama" y en algunos casos, rozan la patología. Que penita... Si ya ni los que parecían un esperanza lo son, qué nos queda ???? Ay, sí.. El pataleo...A ver si dentro de cuatro años no se me ha olvidado
Domingo 12/06/2015 09:16 #1
Como siempre un placer leerte, buena reflexión sobre el desastre político que se avecina y por poner un pero simpático decir, que mas que girar todo sobre el interés, yo creo que gira sobre el capital, jajaja. Lo dicho una buena reflexión para que cada ciudadano, votante o no, sepa la importancia de votar con responsabilidad para no llevar a España al desastre político.

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