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Delirios en femenino

Esther Pedraza

Si cree que la educación es cara, pruebe con la ignorancia

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Entre 2007 y 2014, años de negra crisis, los españoles hemos aumentado en un 37% los gastos dedicados a la educación. Más cursos de posgrado, de formación en nuevas tecnologías y en la elección del centro de los hijos revelan el interés de las familias en un apartado crucial.  Una década antes, la década prodigiosa de la burbuja económica, los adolescentes  protagonizaron el abandono masivo de las aulas en pos de un trabajo sin especialización. Como decía Antoine de Saint Exupery, “el hombre se descubre cuando se mide contra un obstáculo”.

De educación y divorcios hablábamos el otro día en nuestra reunión de los martes. Salió a colación por los resultados del primer Barómetro de Consumo Barclaycard-IESE que se habían hecho públicos. Julia recordó la frase de Derek bok con la que abro este blog y Yolanda la remató con otra: “El precio de la educación sólo se paga  una vez y la ignorancia se paga toda la vida”.  Empezábamos fuerte.

 

Mis amigas, las que son madres de niños en edad de riesgo social (de los 14 a los 19 años), tienden a expresar su inquietud cuando alguno de sus vástagos no le tiene apego a los libros. Las mujeres de mi época, que tánto tuvimos que luchar para que nuestros padres nos dejaran ir a la universidad, no comprendemos que los jóvenes de hoy no valoren lo que supone la formación. “¿Os podéis creer que Álvaro me ha dicho que no piensa estudiar? Que no le gusta ninguna opción y que lo deja”. Olga echa humo por los ojos porque de nada le han servido los mil y un argumentos contra el Peñón de Gibraltar de la cabeza de Alvarito. “Me responde que los ingenieros, los médicos y los arquitectos  se están teniendo que ir fuera a trabajar y que para eso él no se esfuerza”.

 

Todas estamos de su parte. Para nosotras es básico un nivel de estudios, ya sea  de grado, medio grado o de formación profesional. A borbotón nos salen las preguntas: ¿Y a qué aspira este chico? ¿Qué pretende, quedarse en casa toda la vida? ¿Y te ha dicho qué es lo que quiere hacer, entonces?” Olga suspira, nos mira de una en una y lo suelta: “Dice que se va de paracaidista”. “Bueno, no nos alarmemos, le contesto, que sabe lo que quiere, tiene un objetivo, es buen estudiante y tendrá el futuro asegurado”.

 

Esta situación no es la misma que la de otros conocidos que decidieron colgar la ESO para lanzarse a su primer sueldo como peones de la construcción. Fueron muchos los que no completaron el nivel de educación secundaria, casi uno de cada tres (30,2%) decían los datos de 2005. En 2014 la tasa bajó hasta el 22,3%, muy lejos del 12% de media de la UE y del objetivo fijado en el 15%. Pero bajó. España tiene hoy una tasa de paro juvenil de casi el cincuenta por ciento frente al 22,2 de la eurozona.

 

Por eso nos ha parecido una estupenda noticia conocer que a pesar de los aprietos, de la bajada de becas y del recorte de todo, las familias españolas hayan cambiado sus hábitos de gasto y hayan dedicado mayores partidas a la educación.

 

Los chinos utilizan dos caracteres para escribir la palabra “crisis”. Uno de ellos significa peligro, pero el otro significa oportunidad. Ante el paro unos han optado por esperar el milagro de un trabajo consumiendo lo estrictamente necesario, y otros han apostado sus ahorros en cursos que le permitieran abrirse otra puerta en el mercado laboral. Con los hijos pasa lo mismo, hay quienes se sacrifican hasta el paroxismo por darles la mejor educación y quienes no lo ven tan importante.

 

 

“En mi casa siempre hemos andado bien, comenta Inés. Pero nunca había dinero para ropa de marca, ni para conciertos ni para caprichos. Eso sí, yo les decía a mis padres que quería un curso de marketing, alemán o riesgos laborales, y para eso siempre había”. Inés es hija de catedráticos y, efectivamente, ha tenido una vida muy cómoda, pero nada complaciente. Viajó cuando ganó su primer sueldo y tuvo coche cuando pudo pagárselo, pero habla cuatro idiomas y experta en varios negociados. Invertir en educación es costoso, pero no hacerlo sale mucho más caro,  también económicamente,  que diría Ángel Gabilondo.

 

La educación es rentable para todos. Para uno mismo, porque está preparado para optar a un mejor empleo con mejor sueldo, y para el resto de la sociedad. La sociedad, una vez más, va por delante del gobierno y le muestra que el camino ante un obstáculo no está en dejarlo de lado, sino en superarlo.

 

Marta enlaza este asunto con el de las empresas: “Mi familia tiene un negocio que  ha salido fortalecido de la crisis. Un día le pregunté a mi tío como lo había hecho para crecer en tiempos tan malos y me contestó que empleó su capital en buscar a los mejores para poner sus productos en el exterior. En lugar de ahorrar, invirtió en talento. Hoy vende a más de 20 países, algo que antes no hacía”.

 

Si todo es extrapolable, nos preguntábamos por qué estos años se había recortado en nuestro país en investigación y desarrollo. Lo de la educación nos genera más dudas, dado que el porcentaje de abandono escolar y las notas de los informes PISA no eran excelentes cuando se invertía más que en los años de los recortes, si me apuras, han sido mejores los últimos años. Pero el I+D nos parece una oportunidad perdida que no podemos perdonar a Rajoy. “Después de leer esta noticia de cómo los españoles han dedicado más gastos a educación durante la crisis se le debería caer la cara de vergüenza”, exclama Julia.

 

Decía Platón que la educación y la enseñanza mejoran a los buenos y hacen buenos a los malos. Si el Gobierno lee a Platón, está claro que no lo procesa. Yolanda pide otro café y lanza una de sus frases lapidarias: “ Los divorcios aumentaron el año pasado casi un cinco y medio por ciento. Parece que la crisis retenía a las parejas que pospusieron la ruptura, ergo la crisis se está acabando. Que esta buena noticia no nos quite la otra y sigamos educándonos, porque ahí tenemos la única posibilidad de revolución profunda y sin violencia”. Silencio. El divorcio es un tema complicado, que da mucho de sí.  Yo carraspeo, levanto la mano y pido la cuenta.

Comentarios

Alberto 20/09/2015 11:20 #2
Quien habla de salir del país? Cuando salir es una opción y no un imperativo, hay un problema. Pero estamos hablando de formación, y difícilmente se aprende en casa un oficio o una profesión.
Pedro 18/09/2015 15:40 #1
Que hay de malo que los hijos tengan que salir del pais. Lo que realmente es malo son los habitos de alcohol (el botellon famoso) y la tolerancia de toda la socieedad de este pais incluido los padres. Que son los primeros que tienen que dar esa educacion tan valiosa. Que imagen mas pobre poryectamos al exterior.Cuando no este nuestros abuelos esos que tien ahora 70 -80. Que sera de este pais. Por educacion nos dan 100 mil vueltas. Esa educacion no se aprende en las aulas si no en casa. Pobre pais lo que le espera.

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