Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

Mi voto es por la pasión

Pedro y susana detail

Susana, la baronesa del tiempo nuevo, parece decidida a dar un paso al frente. Si lo hace sería la primera vez que una mujer ocupara la secretaría general del PSOE y, por ende, la primera mujer que optaría a ser presidenta del gobierno en España. Algunos hablan de que, en ese caso, tal vez el PP apostara por otra mujer. La vida es así. Llevamos un montón de años esperando poder votar a una  presidenta y puede que cuando esto ocurra tengamos que elegir.

Susana es desenvuelta, habla bajito y con calma, apenas pierde la compostura y cuida mucho las inflexiones de su voz, un poco a lo Felipe González. Desde la atalaya sevillana mira a Madrid y no está tranquila. La sultana no comparte la mandíbula siempre tensa de Pedro Sánchez. Es más, le agobia verle siempre con cara de empezar a embestir. Ella, como nosotras, no se fía de los guapos, y a este interesante debate nos dedicamos en cuerpo y alma en nuestro último encuentro.

 

“Quién no haya tenido un guapo que le ha salido rana, que levante la mano”. Inés nos mira con guasa. La edad te enseña que los guapos están sobrevalorados y que “se perdona el bollo por el coscorrón”. “Siempre te la lían, es verdad. Y si son altos, te la lían por lo alto”, se despacha Olga.

 

Comparar a los políticos con los novios siempre es reconfortante. Los novios, ya saben, son nuestra fijación. ¡De ellos hemos aprendido tanto!  Marta tuvo un novio estilo geyperman, como Sánchez. También apretaba la mandíbula y te miraba con los ojos entornados intentando seducirte. Cuando Marta y él se fueron después de unas copas, pusimos en marcha el Sanedrín. No terminaba de encajarnos, pero intentábamos ser magnánimas. “No deberíamos ser tan duras, parece simpático y criticándole así da la sensación de que somos unas envidiosas patológicas”, decía Julia. “Los guapos siempre terminan haciéndote sufrir”, sentenció Yolanda. Y el tiempo le dio la razón.

 

Seguro que Susana también ha tenido un novio guapo que le ha hecho sufrir. Después de lo aprendido se decantó por el bueno, el padre de su hijo. El marido de Susana Díaz es normalito. Tiene entradas prominentes en el pelo, labios poco sensuales y un cuerpo como el del vecino de al lado. No asusta. Podría perfectamente presentar el telediario, como Matías Prats, y la gente le creería. “Es verdad que a los guapos te los crees menos, y no quiero yo ser prejuiciosa, pero ser, es”, comenta Marta. Todas recordamos a Ramón Pellicer o a Pedro Macías y sonreímos. “No se puede atender a una noticia cuando un hombre guapo te la cuenta. Lo único que miras es su boca y no escuchas lo que dice. Se han hecho estudios”, suelta con una sonora carcajada Olga, y el resto nos unimos a su ironía.

 

“Dicen que a Felipe González, en aquél octubre del 82, le dieron sus votos las mujeres porque era guapo, y antes lo hicieron con Adolfo Suárez”, apunta maliciosa Ana. “¡Dicen tantas cosas!, resopla Olga. Lo que realmente quieren decir con esas bobadas es que las mujeres no tenemos criterio, que somos unas frívolas y votamos por la cara. Y no digo yo que no haya alguna así, pero es que me revientan esas generalidades”. “Que no, que no es que seamos frívolas, que somos apasionadas, que votamos con las tripas y no con el Marca, recalca Yolanda. Y Pedro Sánchez tiene un revolcón”.

 

Tanto meternos con Sánchez iba a costarnos un encontronazo, lo sabíamos.  Julia, como la que no quiere la cosa, optó inteligentemente por desviar la conversación hacia otro “guapo”. “¿Y de Albert Rivera no decimos nada?” “¿Albert Rivera es guapo?, exclama Marta. Albert Rivera es joven y con cara de yerno. No despierta ningún tipo de morbo, ni de emoción. Parece un buen chico y los buenos chicos jamás consiguieron apasionarnos”.

 

En el fondo todo lo reducimos a una palabra muy propia de estas fechas: pasión. Un hombre apasionado no aprieta la mandíbula ni da la mano flácidamente. Un hombre apasionado, te mira y te ha cortado la retirada.

 

“Los buenos chicos son los pagafantas, como Rivera, se reafirma Olga. Sánchez se lo lleva de copas para ligar él mientras el pobre Albert lleva los bolsos. Y lo peor es que aún no se ha dado cuenta”.

 

Y es que si algo tenemos nosotras es que los vemos venir. Susana Díaz se las sabe todas. Ha aprendido lo que es prepararse para un parto y esa experiencia le sirve para esperar su salto a primera división. No le gusta la ambición de Pedro porque choca con su ambición, y no le gusta llegar a costa de lo que sea. O eso dice. Pero lo cierto es que su presencia a la hora de disputar la presidencia del gobierno nos emociona a todas.

 

“Sería estupendo tener una presidenta, y que la tuviera, de paso, Estados Unidos. Si en el mundo somos mas mujeres que hombres, que alguien me explique porque no llegan a veinte las presidentas en todo el planeta”, Julia se relame de gusto. Olga está de acuerdo, pero prefiere que la presidenta sea otra: “yo veo más a Soraya, mejor preparada, menos señorita Maripili puedo salir al baño”. Estábamos esperándolo. Las miradas cómplices la envalentonan.

 

“Si, ¿qué pasa? No quiero que siga Rajoy. Quiero a Soraya con su verbo insolente replicando a la sultana, quiero a Soraya de metro y medio demostrando al mundo que ser la primera de la clase sirve para algo, quiero una campaña electoral en femenino y quiero, después de que todo siga igual, ver a dos mujeres pactando, sin testosterona, mirando de reojo el reloj para ir a ver a sus niños, hablando a braga quitada, utilizando frases del tipo: querida, eso no puede ser y citándose al día siguiente para seguir limando asperezas. Quiero que dos mujeres den una lección de cordura a tanto machito sin cojones”.

 

De pronto todo se congela:  el camarero que iba a servir un gintonic, el señor que tenía ya su abrigo en la mano, el muchacho de tatuajes y pearcing en el labio.., y nosotras. Olga mira y nos mira. Yolanda apura su café. “Me gusta tu fe, me gusta tu pasión, me gusta lo que sueñas. Pero a Kichi se le suben en las barbas por no dar lo que prometió y le rompen los plenos cada día”. Bueno, al fin y al cabo, el 99% de las mujeres no esperamos promesas, esperamos sorpresas. Y de eso vamos a estar siempre servidas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios

Manuel 27/03/2016 15:49 #1
Las mujeres al poder y que sea lo que ellas quieran! ¿O no fue siempre asi? Me parece justo.

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