Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

Los ladrones somos gente honrada

Pujol detail

Un dramaturgo americano dijo un día con cierta gracia que las personas cambian y, generalmente se olvidan de comunicar dicho cambio a los demás. Puede que en un tiempo lejano la familia Pujol fuera querida por sus vecinos y padeciera de los mismos conflictos domésticos que sus amigos. Pero el tiempo los acercó a los Soprano y, ¡ay que pena!,  nosotros les vemos ahora como si siempre hubieran sido de ficción, incluso después de conocer que nos han robado a todos.

Ladrones, ladrones, lo que se dice señores ladrones no hay muchos. Está Barcenas, los Pujol, Correa y el Dioni. El resto son rateros sin principios que arramplan con lo que tienen a mano, pero sin estilo.

 

A mi hay ladrones que me caen bien, para que voy a engañarles. El Dioni es uno de ellos, porque como dice Sabina: la de noches que he dedicado yo a planear/ un golpe como el que diste tú/ con un par. No creo que nadie, de verdad, de verdad, le reproche a este currito que se llevara un furgón de dinero recién apilado quitándoselo a un banco. Y mucho menos ahora. Todos hemos soñado con ser un Robin Hood del SXXI, que es el siglo en el que estamos, aunque no con la intención de quitárselo a los ricos para dárselo a los pobres, en plural, sino para dárselo a un pobre en particular, coincidente con nuestra persona.

 

De todos los ladrones que en el mundo han sido yo me quedo con Victor Lustig porque hizo de la estafa un arte casi a la altura del mejor pintor. Este francés genial, allá por 1925, logró vender la torre Eiffel a un incauto empresario que no tuvo el valor de denunciarlo cuando fue consciente de su ingenuidad. Es verdad que se dieron las circunstancias adecuadas porque el que hoy es símbolo de la ciudad de la luz fue en su tiempo un armatoste inútil, muy poco apreciado por los parisinos. La magnífica torre construida para la Exposición Universal en París no fue desmontada porque nadie quiso tomarse esa molestia, y se quedó en su explanada,  viendo como el tiempo iba deteriorándola.

 

Dado que la restauración tenía un precio desorbitado, Victor Lustig se hizo pasar por un miembro del gobierno (con documentos falsos incluídos) y convenció a varios comerciantes de chatarra de que la torre estaba en venta. Su objetivo era conseguir un soborno para favorecerles en la licitación. André Poisson lo pagó encantado y cuando se dio cuenta de la estafa se sintió tan humillado que decidió no denunciarlo ante las autoridades.

 

Lustig volvió a intentarlo pero la policía le seguía los pasos y huyó a Estados Unidos donde continuó realizando sorprendentes engaños hasta que fue recluído en la prisión de Alcatraz donde vivió hasta 1947, año de su muerte.

 

 

Los Pujol también han sabido hacer del soborno, o del tráfico de influencias, o de pelotazos de acciones (todo presuntamente, porque aquí el que roba ingente patrimonio privado o público no devuelve ni los cromos, y el que lo dice sin el presunto puede llegar pagar la hipoteca de su casa) su modus vivendi. No tienen la gracia de Lustig, pero a cambio hay muchas probabilidades de que no terminen en Alcatraz, ni siquiera en la Modelo.

 

Cuando usted o yo nos vamos a hacer un análisis de sangre, a parte de no encontrar donde dejar el coche, subir el ascensor rezando para que no te toque la enfermera que te pincha como una morcilla y te deja el brazo con un moratón cardenalicio y llegar tarde al trabajo, solemos volver con la cartera algo mas ligera para paliar la “gusa” del ayuno. Los Pujol, no. Los Pujol van a hacerse una análisis de sangre y salen con dos millones trescientos mil euros en sus cuentas corrientes.

 

La operación Hades, ese dios griego del inframundo ( me muero por conocer al poeta que pone en la policía los nombres a este tipo de operaciones), comenzó hace ya muchos meses, pero promete dejarnos historias dignas de ser llevadas al cine.

 

Mis delíricas y yo repasamos la otra tarde la lista de los grandes ladrones de la historia. Yolanda era fan de Albert Spaggiari, que robó la sucursal de Societé Generale de Niza desde las alcantarillas de la ciudad: “Sin armas, sin violencia, sin odio”, esas fueron las famosas palabras que dejó escritas en la pared del banco –recuerda-. Tres años después escribió un libro y dijo que le había dado los sesenta millones de francos a la gente necesitada”. “Lo mejor, apostilla Julia, es que se tomaron en el interior un refrigerio a base de vinos y patés. Aunque yo tengo debilidad por Abagnale, interpretado magistralmente por Leonardo di Caprio en Atrápame si puedes”.

 

 

Marta no puede por menos que recordar al famoso George C. Parker, que según el New York Times tenía la gran habilidad de engatusar a turistas multimillonarios: “Suya es la frase “si te crees eso, yo tengo un puente para vender”, dicha después de vender dos veces por semana el Puente de Brooklyn a lo largo de varios años. Creo que incluso llegó a venderle a otro incauto la Estatua de la Libertad”.

 

Intentamos buscar nuestros ladrones favoritos jugueteando con la memoria y aparecen los italianos del robo de diamantes de Amberes, o el del Museo Isabella de Bostón, con un botín de más de 300 millones de dólares en obras de degás,o Rembrandt; el de la joyería Harry Winston de París o el del Banco de Bagdag. “Me imagino a ese Sadadam Hussein en vísperas del bombardeo de la ciudad esperando la llegada de su hijo Qusay con esa ingente cantidad de dinero –se ríe Inés-. ¿Cuántos camiones fueron necesarios para transportar mil millones  en billetes de cien dólares?”. Creo que fueron tres los camiones y fue un robo algo institucionalizado, porque su hijo se presentó ante el director con una nota manuscrita del dictador. A ver quién se negaba.

 

El último robo nos devuelve a la tierra, a las imágenes de unos y otros en los telediarios. Volvemos a ver a Jordi Pujol frente a sus compañeros de partido en el parlamento catalán, abroncándoles por su impertinencia. Se cumple a la perfección la frase de Aldoux Huxley: Cuanto más siniestros son los deseos de un político, mas pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje.

 

Puede ser que todo el mundo sea negociable, o que todos tengamos un precio o que Jonh Lenon supiera lo que decía cuando advertía que siendo honesto no se tienen muchos amigos, pero se tienen los adecuados. Si mi amigo se llamara Sumarroca sería el adecuado, pero yo no sería muy honesta.

 

Los Pujol, ¡la familia!, dicen que han ingresado más de 30 millones de euros en cuestas de Andorra, que mientras Oriol, imputado por cohecho y tráfico de influencias en el “caso ITV” corría con la llama olímpica a días de la inauguración de los juegos, acompañado por pancartas de Cataluña libre, en inglés para que lo entendieran todos (ya se sabe que el catalán lo hablan poquitos), el patriarca andaba cobrando comisiones muy superiores al 3% que se le escapó a Maragall.

 

El ladrón sabe perfectamente que no nadie muere de honestidad y Pujol padre siempre fue de la opinión de que en política sólo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela, aunque nunca haya leído a Antonio Machado. “¿Qué coño es la UDEF?”, ¿A usted que le parece, sr. Pujol?

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