Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

Lo que nos gusta a nosotras: hablar de los ex

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Me gusta Eva Carneiro. En un principio, el motivo principal era que no le gusta a Mourinho. Y ahora tengo varios: le planta cara al entrenador estrella, es una luchadora, una mujer libre y su ex se soltó la lengua llamándola ninfómana en The Sun. De entrada, y sin que eso me crucifique, dudo de los hombres que emiten juicios de sus ex a priori;  y de salida, me gustan los caballeros. ¿Qué hay mujeres peores? ¡Seguro! Pero esto va de hombres, de ex para ser exactos. Y ya se sabe que hay que escogerlos muy bien,  porque son para toda la vida

Es casi inevitable que en una reunión de mujeres que dure mas de seis horas se termine hablando de algún ex.  O porque hay una ruptura reciente, o porque las divorciadas con hijos siempre tienen tema,  o porque sí, porque nos gusta hablar de los ex. La última noche el asunto se puso encima del gin-tonic muy al principio, cuando después de un sonoro abucheo a nuestra querida Ana, culé por la gracia de su primer novio,  contratacó a las bromas de las celtíberas: “Ni una palabra de nadie que haya tenido como entrenador a un espécimen de la talla de ese Mou arrogante y acomplejado, sobre todo con las mujeres”. Aquello ya no podía detenerlo ni Steven Seagal.

 

Tras un pequeño rifi-rafe sobre si Eva Carneiro debía o no haber salido al campo, que las menos futboleras escuchaban atónitas, Marta lanzó la bomba: “Lo que a mi me pone no es su guerra con Mou, sino su ex, que ha visto el momento de gloria gracias a la fama de ella  y ha lanzado todo tipo de perlas. Dice que le ha arruinado la vida, que es clasista y ambiciosa y que cuando se peleaban le restregaba que se lo había montado con los jugadores del Chelsea”.

 

¿Cómo es un hombre que dice todo eso de su ex sin ningún ataque previo a su persona?. “Este es del tipo “ex renegado”, ese que aprovecha cualquier oportunidad para hablar mal de ti porque nunca aceptará que le dejaste. He tenido uno de esos”. Susana nos guiña un ojo cómplice. Y es que sí, éste es ese tipo, el ex renegado, el ex con el síndrome del abandonado. Un espécimen peligroso, como ha podido constatar la doctora del Chelsey. En el peor momento, cuando su nombre salta a los medios, su ex la emprende con acusaciones viles del tipo : “me hacía sentir como un inútil por ganar menos de 45.000 euros al año”, o “ Es una mujer muy sexual que me puso de patitas en la calle porque no me había esforzado lo suficiente en complacerla en su 39 cumpleaños”.

 

Las risas estallaron y los comentarios también: “Ni aunque fuera culpable de genocidio asumiría su responsabilidad. Este tipo es nocivo y acomplejado. Es de los que se pasa meses mandándote mensajes que varían del no te olvido al eres lo peor, el que te llama desde número privado y cuelga, seguro. Me gustaría saber las verdaderas razones por las que le puso de patitas en la calle”,  lanzó entre sorbos Marta recordando su propia historia. De las cinco allí reunidas, tres habíamos tenido un ex de ese tipo, pero la percha nos sirvió para repasar nuestro album amoroso y buscar comparaciones.

 

“El peor de todos los ex es el te sigo queriendo, como Juan. Tú eres fantástica, yo soy el que lo he hecho mal, no voy a encontrar nunca a nadie como tú… Juan me llamaba a las tres de la mañana para decirme todo eso en medio de vapores etílicos y al día siguiente lo olvidaba porque había pasado el momento. Se empeñaba en quedar porque tú eras una persona muy importante para él y se esforzaba en hacerte creer que la culpa de la ruptura no era que él se hubiera tirado a otra, sino que tú lo habías descubierto, porque de no ser así, él la hubiera olvidado en dos días y seguiría contigo. Para volverte loca”, recordó Yolanda, pero Ana tenía otra opinión: “Es mucho peor el que se pasa toda la relación contigo diciéndote que no cree en el matrimonio, que no es un hombre de compromiso, que le gusta la libertad y en cuanto cortas, zas se casa en cinco meses. Es muy humillante, amigas. Yo lo se muy bien”.

 

Hablar de los ex siempre es estimulante. A los que nos hicieron daño ya les hemos perdonado, porque no nos importan, y a los que se lo hicimos nosotras nos producen  ternura todavía. Repasando llegamos a la conclusión de que la mayoría de los noviazgos los habíamos roto las mujeres, aunque eso no significara que fuera porque queríamos hacerlo. “Aún me acuerdo del sinvergüenza de Pablo cuando se enrolló con una amiga mía y no entendía que le dejara. Ese tipo también tiene lo suyo, porque a raíz de esa vivencia empiezas a mirar a las mujeres que te rodean con sospecha y no te atreves a presentarles a nadie que tenga bragueta”. Cristina se encontró con nuestras miradas interrogantes y añadió: ”vosotras siempre estuvisteis fuera de toda duda, sois demasiado honestas”.

 

Según destacan los estudios sobre relaciones de pareja son las mujeres las que toman la iniciativa a la hora de acabar con una relación que ya no funciona Entre risas fuimos recordando porqué algunas incipientes, y no tan cortas relaciones,  fueron cortadas de raíz: Ana se desternillaba recordando a aquél que nunca tenía tiempo para quedar porque siempre andaba poniendo lavadoras;  Julia jamás olvidaría al que se hizo tan amigo de sus padres que nunca quería salir de su casa; a Susana se le encendía la mirada al rememorar al músico que cada vez que iban a tomar algo intentaba durante horas que ella reconociera todos los instrumentos musicales que componían cualquier canción y Marisa contó, entre ataque y ataque de hipo,  la historia de un muchacho maravilloso, guapo a rabiar, que tenía la costumbre de lamerle el cuello como si fuera un helado sin pretender pasar a otras faenas.

 

Ninguno de aquellos ex nos había roto el corazón, ni siquiera el que pudo ser y no fue, ese que pasó fugazmente  unas semanas por nuestra vida, desapareció y aunque pudimos olvidarle, no quisimos.  Hace un tiempo aparecieron en The Telegraph unos curiosos datos para cuantificar los vaivenes de la vida amorosa donde se concluía que a todos nos rompen el corazón dos veces en la vida, a los hombres y a las mujeres.

 

“Cuando dices romper el corazón, apunta Yolanda, es romper el corazón. Cuando te quieres morir, te duele el alma y todo eso ¿no?. Pues fatal, porque a mí  me ha pasado una vez, lo que quiere decir que la vida es larga”.

 

Al parecer, en el estudio se especificó que las mujeres, a lo largo de su vida, besan a quince hombres, tienen relaciones sexuales con siete, practican sexo ocasional cuatro veces en su vida y se enamoran en dos ocasiones.

 

“Es sobre los británicos, aclaro, que no se si puede extrapolarse a nuestra idiosincrasia, porque dice que los hombres besan a dieciséis mujeres, tienen diez relaciones sexuales, seis tienen sexo ocasional y también se enamoran dos veces”.

 

“Seguramente no haya tanta diferencia, no me parecen cifras disparatadas”. Marta, nuestra psicóloga, sabía de lo que hablaba. “Acordaos de aquél lema que andaba de mano en mano: una mujer tiene que besar a muchos sapos hasta que encuentra a su príncipe”.  Qué se lo digan a Letizia!.

La diferencia entre el primer amor y el resto, leí una vez, es que el primero te crees que es eterno. Luego ya ves que no, que te morías por él pero es lo cierto que pasó el tiempo y no te has muerto. Te rompen el corazón pero te haces más fuerte. Y tristemente más descreída!

 

El primero, como diría Alberto Cortez, sigue siendo mi novio todavía, comenta evocadora Julia. Llegó muy pronto. Tal vez si hubiera llegado diez años después hubiera sido distinto”. Nos miramos. Todas sabemos que no, que diez años después no nos hubiera gustado, como nos dejó de gustar unos años antes, cuando pasamos de la adolescencia a una juventud universitaria y nos llenamos de cientos de vidas. Pero es verdad que para el primero siempre hay clemencia. Luego está el post primero, casi siempre fugaz, como un paso obligado para cambiar definitivamente de camino, el de la Universidad, con el que descubrimos las charlas de café o los conciertos multitudinarios, el preferido de mamá, ese chico ideal para todos pero que a una nunca terminaba de ponerle; el metepatas, ese que se coló en tu vida en un momento difícil porque te agasajaba y te llenaba de regalos y te decía que eras especial, pero que no tenía nada que ver contigo ni en el fondo ni en la forma y te avergonzaba siempre que salías con otras parejas.

 

Yo me quedo con el ex de tránsito, tan necesario para recuperar la autoestima. Es el único que desde el principio sabes que será ex, y nunca duele. “Lo malo de las mujeres, me dijo un amigo, es que mantenéis una relación sabiendo que no va a ninguna parte. Nos vais a dejar y nos entretenéis hasta que lo decidís”. En el fondo tenía razón. En el fondo todos los “ex” son el mismo y a todos les dejamos archivados en el mismo albarán. Y, casi siempre, cuando nos dicen que no vamos a encontrar nunca otro como él, suspiramos pensando: ¡Esa es la idea!.

 

Comentarios

Yol 27/09/2015 21:26 #1
Genial y muy divertida esta perspectiva sobre los ex. Para dejar atrás un ex sólo hay que exponerlo a la disección de las amigas. De repente, le descubres con sus ojos y ni le reconoces. Le dejan tal cual es, tal cual no podías verle. Imprescindibles los ojos de mís amigas.

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