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Delirios en femenino

Esther Pedraza

Lo que los españoles decidimos

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“Los españoles han pedido un cambio progresista” nos lanzan una parte de los políticos . ¿La frase la dicen sin pensar o la han pensado demasiado? No me gusta ser prejuiciosa, pero reconozco que a nuestra clase dirigente no le atribuyo un mínimo de sentido común, aunque si un exceso de avispamiento, por lo que me cuesta creer que la máxima sea fruto de una sesuda reflexión. Me inclino por lo último: es consecuencia de su viveza a la hora de confundirnos, algo que ya han conseguido al convertir progreso en sinónimo de sus intereses.

¿Qué es progresismo?, le pregunto a mi filóloga favorita  mientras vamos en el coche camino de las rebajas. “Bueno, me contesta, progresista se dice de una persona o colectividad con ideas avanzadas”. ¿Y no existió un partido progresista que era el ala más radical del liberalismo? – yo sigo. “El Partido Progresista gobernó bajó la jefatura de Espartero a mediados del SXIX y luego se excindió en dos. Ya en el SXX, en la Segunda República, estaba el Partido Republicano Radical de Lerroux y en la época actual se lo han arrogado los partidos llamados de izquierdas, como valedores de una serie de ideas para avanzar frente al estatismo. ¿Y avanzar se tiene que entender siempre como equivalente a algo positivo o se puede avanzar hacia el abismo? Vuelvo a preguntar. Inés, que va sorteando el avance de algunos conductores empanados me mira y me señala al joven que acaba de decidir que el semáforo en rojo no va con él y se ha puesto a avanzar,  consiguiendo que casi le atropelle una moto. Dejamos atrás los gritos de uno y otro mientras nosotras seguimos avanzando.

 

El progreso es la acción, dice la RAE, de ir hacia adelante, pero no advierte que se vaya por el buen camino. Alguien dijo que sin tecnología no había progreso, pero la tecnología ha traído también enormes  injusticias al dejar de lado a personas capaces, incapaces de adaptarse a su ritmo.

 

Hay quien dice que el progreso es el desarrollo gradual del poderío del hombre sobre la naturaleza, pero el tiempo nos está demostrando que no sabemos nada de las leyes de la naturaleza y que intentando doblegarla nos estamos destruyendo.

 

En “diario de un escándalo”, la elegante Judi Dench encarnando a una profesora de instituto se pregunta: “Ahora los jóvenes vienen al centro trayendo papelinas de droga, armas blancas envueltas en periódicos y la desvergüenza en sus acciones ¿esto es el progreso?”. Aquella frase se me quedó marcada y a ella recurro muchas veces cuando veo con la facilidad que nuestros políticos la sacan a pasear.

 

La verdad es que yo no se lo que los españoles hemos dicho al votar en las últimas elecciones generales. Creo que, como siempre, nos hemos dejado llevar por las vísceras y hemos votado contra, no  a favor de. Imagino que los votantes del PP, después de estos cuatro años, sabrán lo que han votado y porqué. También creo que lo saben los votantes de los partidos populistas e independentistas, pero tengo mis dudas sobre los votos de Ciudadanos y del PSOE.

 

“Yo he votado a C,s, me dice Inés, porque quiero mas transparencia y menos corrupción y creo que un partido moderado puede ayudar a eso sin que nos lleven a la bancarrota”. “Yo he votado al PSOE porque no me creo a Podemos ni a ciudadanos y, por supuesto, nunca votaría al PP, me dice Ana,  pero ahora que veo a Pedro Sánchez dispuesto a gobernar  “a como de lugar”  me entra vértigo. Si eso es tener un voto progresista me la han clavado”. ¿Tú, con tu voto, le pregunto, has pedido un cambio progresista?.  “Yo he pedido un cambio, pero no me preguntes cuál. En estos momentos estoy catatónica”.

 

¿Me dejáis que os cuente una historia?, les pregunto. “¿Es muy larga? Ironiza como siempre Inés”. “Nos encantan las historias y aún nos queda un rato para llegar”, apacigua Ana.

 

Cierto empleado se atrevió un día a preguntarle a su exitoso jefe:

 

-“Y dígame, ¿Cómo es que ha logrado su éxito?” “Lo resumo en dos palabras” contestó, “Y cuáles son esas palabras?” atacó de nuevo el empleado. “Buenas decisiones”, le dijo tranquilo el jefe.


No conforme con la respuesta, el empleado preguntó de nuevo -¿Y cómo logra tomar las decisiones correctas?”. El jefe le miró y le dijo: “Lo resumo en una palabra, experiencia”. Pero el empleado quería saber más: ¿Y cómo ha conseguido su experiencia?”. “Lo resumo en dos palabras otra vez” respondió el exitoso empresario


-“¿Y cuáles son esas dos palabras?”. “Malas decisiones”

 

Ana e Inés me miraron divertidas.” ¿Nos estás acusando de haber tomado una mala decisión con nuestro voto?”. Creo, les digo, que los españoles llevamos mucho tiempo tomando malas decisiones, y que no debe servirnos  la experiencia porque seguimos sin tener unos políticos exitosos.

 

De lo único que estoy segura es de que ni unos ni otros saben, de verdad, lo que los españoles hemos decidido porque, entre otras cosas, ni nosotros mismos lo sabemos. Por eso, señores, dejen de venderme deseos que no he formulado.  Yo, como Demóstenes, hace tiempo que aprendí que no hay nada más fácil que el autoengaño,  porque somos proclives a creer lo que deseamos,  y que el verdadero cambio consiste en no dejarse engañar ni por los otros ni por uno mismo. “Uff –Inés abre la puerta del coche después de aparcar frente al centro comercial-. Ahora si que empieza el autoengaño. ¡Os prohíbo que me digáis que lo que me gusta me queda bien y no me hace gorda, o no vuelvo a votaros en la vida!”

 

 

 

 

Comentarios

María B. 28/01/2016 11:12 #2
Enhorabuena una vez más, Esther.Una presentación de la situación y una interpretación de la palabra"progreso" inmejorables. Sabe que cada viernes por las tardes eres motivo de debate con las amigas.Unas a favor, otras no tanto y pocas en contra, pero siempre enriquecedora la tertulia en torno a tu artículo. Mil gracias.Muack
Domingo 24/01/2016 22:54 #1
Como digo, radiografía de un país que no tiene solución.

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