Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

La viga en el ojo ajeno, la paja en el propio

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Cada minuto y dieciséis segundos hay un fraude contra el seguro en España según Unespa, la patronal de aseguradoras. El informe, hecho público el miércoles, habla de 156.000 intentos de fraude el año pasado en 30 empresas de seguros que copan  un  32% de cuota de mercado. Ahora que algunos exigen conocer la lista de los 715  investigados por Hacienda, no estaría de más que todos reflexionáramos sobre nuestros propios valores

Se que hablar de este asunto no es socialmente correcto y que muchos de los lectores buscaran excusas, que no razones, para no levantarse contra tantos miles de defraudadores anónimos. Pero decía Joan Baez que si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella, y tengo dudas de que no sea eso lo que ya nos está pasando.

 

No seré yo quien estigmatice a los españoles. Creo que en este país hay mucha más gente honesta que golfa y me peleo cada día con quienes quieren hacerme ver que todo está podrido. De hecho, la tasa de fraude más alta, que se sitúa en la comunidad andaluza,  es de 4,13 por mil habitantes, una cifra nada descabellada si además tenemos en cuenta que la  mayor parte es en cuantías bajas, inferiores a los 500 euros.

 

Mi vecina, muy activa en la crítica y de rápido insulto a los poderes públicos, pertenece a ese ratio. No sólo no se sonroja sino que apostilla desahogada que quién roba a un ladrón tiene cien años de perdón, porque las aseguradoras no son hermanitas de la caridad. Y tiene parte de razón.

 

Lo que de verdad preocupa es que  estos argumentos que escuchamos en la calle para perdonar el fraude doméstico van más allá y llegan hasta el erario público. El otro día me lo comentaba José Antonio Sayagués: “si somos cientos de miles los que no pagamos el IVA a cuenta de que los de arriba roban, estamos en poca disposición de pedir responsabilidades”. Y es que fingir un daño mayor o falsificar documentos que acrediten una incapacidad inexistente es un engaño a una entidad privada pero se convierte en un fraude insostenible cuando llega hasta lo público, lo de todos.

 

Luisa, una mileurista con un hijo, se encoleriza con el asunto de las becas. Ella y su marido son asalariados y declaran sus ingresos escrupulosamente. Por muy poco pasan del mínimo exigido y no pueden obtener nunca una beca de estudios mientras observa que otros la tienen porque pueden esquivar a Hacienda al ser trabajadores por cuenta propia. “Hay 715 investigados y tendría que haber cientos de miles”, explota.

 

No se cuantos miles de pocos hacen falta para llegar a defraudar los millones de euros de uno solo de esos investigados,  pero puedo suponer que muchos. Los españoles no estamos viendo la paja en el ojo ajeno porque lo que nos están mostrando son enormes vigas. La descomposición afecta a todos: políticos, empresarios, sindicalistas o jueces. No es que no lo sospecháramos,  no es que no lo comentáramos, es que  ha llegado la hora de las certezas, y lo ha hecho  en un tiempo duro, mucho más proclive a la indignación. Sería bueno que esta regeneración democrática que todos deseamos calara como la lluvia, primero en las cotas altas y luego en las llanuras. Sería bueno que después de ver la viga en el ojo ajeno nos apresuráramos a limpiar la paja del propio.

Comentarios

Junio 25/04/2015 22:39 #2
Así es. Nos miramos demasiado el ombligo y hay que apechugar un poquito con lo propio. Por cierto, a quien se le va la mano con los no me gusta? Es mas que curioso. Espero los míos.
Ribera 24/04/2015 10:31 #1
Cierto, al final los políticos y banqueros corruptos son un reflejo de la sociedad. Habría que pararse a pensar.

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