Esther original

Delirios en femenino

Esther Pedraza

El síndrome del email

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Ahora es el email el causante de nuestros tormentos, pero hubo un tiempo que lo fue el teléfono, ese diabólico invento que vino de serie con esa frase inquietante de: “ya te llamo”. La buena educación de las chicas, como deben ser las chicas, nos impedía preguntar cuándo, así  que sonreíamos como una mona lisa y decíamos solamente, “vale, cuando tú quieras”. ¡Que patéticas, que diría Rajoy!

Aquellos ojos canallas se iban del portal ya sin nuestra imagen y en nuestros labios, o más bien en nuestra mente pervertida por las películas de Hollywood, se quedaban los besos pendientes, acicalándose para el próximo encuentro que pocas veces, o ninguna, se producía.

 

Crecimos con las comedias románticas donde él siempre volvía y te mostraba un mundo mágico en el que la pasión y las tostadas iban a la par. Y el entonces teléfono fijo se convertía en una tortura maldita: “lo cojo yo, ¿por qué no suena?, ah!, eres tú,  se ha equivocado”. Pero las únicas equivocadas éramos nosotras.

 

“No te va a llamar”, decía tu madre que se las sabía todas, aunque tú no le hubieras dicho ni “mu”. Y aquello te enfadaba. Si se las sabía todas,  ¿por qué no te advirtió y dejó que vieras hasta el final pretty woman sin apagar la televisión? Eso no es una madre. Una madre está ahí para contarte el final de la película después del the end, para decirte que dos minutos, dos meses o dos años después,  Richard Gere se ha perdido en Bali con una top model, o que  Julia Roberts se ha cansado de no verle el pelo y ha puesto un centro de yoga donde curarse las heridas.

 

Aquel sinvivir pasó, pero llegaron otros. Los sms tuvieron su tiempo, y el wathsApp los relegó al pleistoceno en cosa de meses. Dicen que España es el país de Europa con más usuarios de wathsApp. Más de la mitad de los que lo tienen lo usan diariamente, casi el triple que los ingleses y el doble que los alemanes. Los franceses andan mucho más lejos. Pero no es extraño, porque aquí somos de comunicarnos mucho sin medir nuestras palabras. Los europeos allende los Pirineos se controlan más porque son conscientes de que lo escrito, escrito queda.

 

Aún no hay estudios de cuántas relaciones han nacido al calor de los mensajes del móvil,  pero hace un año supimos que más 28 millones de parejas habían roto en todo el mundo por culpa del whatsApp. La cifra hoy puede haberse doblado.

 

“No te olvides de los correos electrónicos”, me apunta Susana con un deje de angustia en su voz . Susana está rabiosa porque lleva más de cincuenta correos a otras tantas empresas, con curriculum en archivo, y no recibe respuesta. A estas alturas de la vida, dice, con un divorcio y un sinfín de naufragios, lo que menos le preocupa es la respuesta amorosa de un encuentro de ojos canallas. Lleva más de un año sacando brillo a su licenciatura universitaria y a sus dos masters, y hablando en inglés con su gata para no olvidarse, pero no recibe respuesta: “Esto si que es un drama. El corazón me da un vuelco cada vez que escucho el tintineo de que llega un email para desinflarme cuando veo que es alguien que quiere venderme algo que no puedo comprar”.

 

Pago el café y la miro comprensiva. No es la única, pero duele igual. Echas la vista atrás y casi, casi, quieres volver a la tortura maldita de los dieciocho años, cuando el teléfono fijo medía tu autoestima con menos perversión de lo que lo hace hoy el email.

Comentarios

Yol 19/04/2015 12:45 #2
El pasado verano caí en brazos de los Datos, después de escuchar durante años que me quedaba "fuera de todo" !!!. Ya formó parte de 4 chats de amigos, recibo y envío de todo en un instante, mi correo no deja de pitar (Groupon y Cía son incombustibles) y Facebook me avisa de cumpleaños y noticias cercanas. Qué bien, pero qué cansino. Total, lo que quiero es saber de mi gente querida y el teléfono sigue siendo mi mejor opción, aún cuando no suene cuando tu lo esperas.
Sllorens 18/04/2015 22:32 #1
creo que hemos salido perdiendo con el whatsa y el correo. Antes no tenías ese estrés. Te llamaban por teléfono y si no estabas te dejaban mensaje. Un mensaje que recogías..... Simplemente cuando llegabas. Bendito tiempo libre!

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