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Delirios en femenino

Esther Pedraza

Educar para la sociedad

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Dice César Bona, único profesor español nominado al Global Teacher Prize (el premio Nobel de los profesores) que los niños olvidan el 90% de los conocimientos a los 30 días de haberlos estudiado y que habría que dedicar cada minuto del día a educar para la sociedad: “porque la mayoría  de las acciones que realizamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos son interacciones con los demás”. Si la escuela que viene es la de Bona, todos deberíamos volver a ella.

Mis delíricas volvieron de vacaciones con mil proyectos en sus bolsos, razón por la que nos costó reunirnos para hacernos unas risas, que es para lo que siempre quedamos. Bruno nos miró desde la barra al entrar y puso un gesto de “estoy perdido”, a la vez que en sus ojillos azules aparecía una sonrisa.

 

“¡Bendita rutina, bendito otoño, bendita ciudad!”, dijo en una voz un poco más alta de la acostumbrado Olga. “Cada año espero de agosto un remanso de paz, lectura y tiempo para mi cuerpo y cada año, a mitad de mes,  me veo rogando a san septiembre que  no se haga de rogar  y acuda en mi auxilio”.

 

A Olga le pasa como a los niños, que olvida lo aprendido. Se lo comento y entonces saca las uñas: “¿Aún no te has dado cuenta de que si no olvidamos la vida es un asco? El tiempo de espera es la meta, porque eres feliz soñando”.

 

El tiempo de espera es la meta….. Me quedo rumiando la frase al unísono con esos cacahuetes tostados que sólo tiene Bruno. Bueno, la realidad carece muchas veces de sentido, parece que pensamos todas. Por eso lo primero es hablar de lo frívolo, de lo loco. El divorcio de los brangelinos, que nos tiene en un sinvivir, y que es frívolo para nosotros pero al pobre Brad le está costando muchas lágrimas o el rencor de Mercedes Milá, que se alegra de que gran Hermano baje de audiencia... “¿Sigue  gran hermano?”, pregunta ojiplática Ana. La miramos con un poco de envidia. Ana habla perfectamente inglés y desde hace muchos años solo ve en televisión los informativos, algún debate político  (confiesa que cada vez menos) y series y series. Series de esas que están petándolo en EEUU, o en la Gran Bretaña del brexit.

 

“Yo no veo gran hermano, pero existe –apunta Yolanda. Y ayer leí algo sorprendente: gente indignada porque una de las concursantes es amiga de alguien de la cadena. No doy crédito a lo que vivo, que la gente crea que entrar en ese programa es poco menos que una oposición al registro de la propiedad y que lo llamen tongo”.

 

“Los niños olvidan, se ríe Marta, pero los adultos  tergiversamos. Estamos en un punto en el que no sabemos ya ni el cómo ni el porqué de las cosas”.

 

Tras un breve, brevísimo porque la verdad es que nos cansa pronto, repaso a las historias del colorín, nos centramos en lo social. Para entonces Inés ya ha tonteado con Bruno y ha conseguido otro bol de cacahuetes con la promesa de pedir otra ronda.

 

“Vamos en caída libre –se lamenta Ana-. ¿Sabéis que el Starmus se va de Tenerife por falta de apoyo financiero? El festival científico más importante del mundo se va a Noruega con sus doce premios nobel y toda su ciencia”.

 

“¿A ninguna empresa privada le ha parecido lo suficientemente interesante para patrocinarlo?” se asombra Olga, “Suma y sigue en la lista de despropósitos de este país. Los políticos, los empresarios y, si me apuras, la sociedad entera estamos fuera de juego”.

 

Siempre nos quedará Francesc Castellá, les digo resignada. Y es que este joven matemático español me tiene fascinada. Me le imagino luchando a brazo partido con los números para descifrar uno de los siete desafíos del milenio, por el que podría conseguir un millón de euros.

 

“Mi hijo pequeño me preguntó el otro día que para qué servían las matemáticas –dice Olga levantando la mano para pedir otra cerveza- ¿Para qué? Le dije, para todo, desde que nadie lea tu Facebook hasta que envíes tus mensajes de wathsApp”.

 

No sé si lo entendió, porque el vecino que tiene 40 y andaba por allí me miró con cara de ¿em?, pero las matemáticas son muy importantes. Tampoco lo entienden algunos políticos, que se han olvidado de sumar”. “Los políticos hoy, sugiere Yolanda, están más preocupados de las palabras que de los números. Las palabras te enredan, van directas a las emociones  y los números te dejan frío”.

 

Me pregunto si habrán hecho números los partidarios de reunificar la Iberia, de la que tanto y tan bien hablaba Saramago. La unión de España (no sé si con, o sin Cataluña) y Portugal, con el añadido de Andorra ha comenzado a materializarse con el Partido Ibérico.  Siempre hemos oído que muchos portugueses querrían que la península fuera un país y ahora ese deseo se ha plasmado en la denominada “Declaración de Lisboa”.

 

“Los primeros números que han puesto sobre la mesa han sido los del reloj –ríe Julia-. Recuperar la misma hora es urgente, y te lo digo yo que tengo muchos contactos con empresas portuguesas. El resto ya se andará”.

 

“¿Y los de Puerto Rico no querían también ser parte de España?” se anima Yolanda. “¿Ahora que Gibraltar nos ha dicho que no es no y qué que parte del “no”  no entiende Margallo? Estáis de broma, claro”.

 

Parece broma y seguramente lo sea, pero lo que tenemos claro es que si los niños olvidan el 90% de sus conocimientos a los 30 días y los adultos no saben para qué sirven las matemáticas, no nos extraña que el Starmus se vaya a Noruega.

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