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De por aquí en esto

Patricia Melero

Como cada 15 de agosto

El 15 de agosto vivimos el mayor éxodo rural de los tiempos modernos. Quien no sea músico o torero, pues hoy -casi seguro- tendría que trabajar, lo mejor es buscar un  "pueblito bueno" en el que pasar la jornada festiva.

La semana en torno al 15 de agosto es una de las que más fiestas patronales concita de todo el año. La festividad de la Asunción de la Virgen y la onomástica de San Roque dejan celebraciones en toda la provincia.

 

Los pueblos celebraban sus fiestas cuando las labores del campo habían terminado. Era el momento de brindar por las cosechas, con el dinero fresco o la previsión de la ganancia recién hecha por la venta de lo recolectado. 

 

Las modernas cosechadoras han acortado los plazos de las tareas del campo, pero si deciden hacer una excursión por cualquier zona de la región, observarán que hoy penden banderitas y luces de la mayoría de las calles de sus localidades.

 

Encontrarán dianas a primera hora de la mañana, cuando se cierran las peñas. Después, procesión, con o sin danza, misa, baile vermú o vermú con aceitunas, antes de la copiosa comida: el asado, que no falte, y los langostinos, la ensaladilla, el melón con jamón... Tras la siesta popular, habrá juegos para los niños o un espectáculo, si el estado de las arcas municipales lo permite, más baile, meriendas a base de lo que sea a la parrilla y una verbena, seguramente más modesta y con menos alardes que en años anteriores, en la que vuelven a resucitar las peñas.

 

Con algunas variaciones, hoy es uno de esos días en el año en el que casi todos nos ponemos de acuerdo en algo, hoy toca disfrutar. Y aprovechen, que el otoño se acerca acechante. Como decía el otro día una abuela "Cuando a la Virgen de agosto dejen en la ermita, por la tarde sáquese una rebequita".

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