Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Tener o no tener, esa es la cuestión

La Cuatro y La Sexta se han puesto de acuerdo para amargarnos la vida con sus programitas de mujeres ricas y mansiones que bajan la moral al común de los mortales, mostrándonos un lujo que, a mi juicio, se ve como una ostentación insultante, sobre todo para los que no tienen ni para comer, en estos tiempos de crisis generalizada. Programas como ‘Casadas con Hollywood’, ‘Mujeres ricas’, ‘Callejeros: casas de ricos’, ‘¿Quién vive ahí?’, Supercasas o Casas con firma (Canal Decasa) nos hunden en la miseria a quienes nos cuesta pagar un alquiler y hacemos la lista de la compra donde la leche o el pan nos salen más baratos y, además, nos encogen el estómago cuando vemos a alguna pija debatiéndose entre la vida o la muerte por no saber si comprar un visón o un Miró. ¿Pero de qué pasta está hecha esta gente?

La otra pregunta sería: ¿Pensáis que estos programas tienen éxito? Pues sí. Y a los datos me remito: cuando La Sexta estrenó el programa de ‘Mujeres ricas’ obtuvo cerca de un 14% de ‘share’ y se convirtió en el programa no deportivo con más cuota de la historia del canal. La única explicación posible que le veo es que con esta crisis tan fuerte que nos azota nos gusta ‘colarnos’ en las vidas ajenas que son mucho más lujosas que las nuestras para olvidarnos por unos minutos de nuestra vida simple y en ocasiones monótona y disfrutar de escenas repletas de exclusividad, fama, caprichos, glamour… En definitiva, para olvidarnos de la cruda realidad.

 

Aunque resulte inexplicable, el lujo de unos pocos se está convirtiendo en el ocio de muchos, y yo me incluyo, ya que estos muchos lo ven como una meta, yo diría que inalcanzable a no ser que les toque la lotería. Por otro lado, también me preocupa que se muestre la cara más derrochadora de la sociedad, la que se basa en el dinero y no en los valores humanos y morales, la que presume de tirar a la basura caviar u ostras, la que jamás se pondría una joya que no fuera de Cartier o un perfume que no tuviera grabado el nombre de Dior.

No quiero entrar a valorar si este tipo de programas que muestran lujo por los cuatro costados está bien que se emitan en tiempos de crisis o no, si son morales o inmorales, pero lo que me parece lamentable es tener dinero y exhibirlo de la forma en que lo hacen, cuando a la mayoría de los ciudadanos les cuesta un sinfín de horas ganarse el salario mensual que tan pronto se cobra tan pronto desaparece, y eso si se tiene trabajo, y alardear de la vida tan inalcanzable que llevan.

 

Me viene ahora a la cabeza la frase del dramaturgo Jacinto Benavente de que “Eso de que el dinero no da la felicidad son voces que hacen correr los ricos para que no los envidien demasiado los pobres”. Y algo de razón tenía porque cuanto más dinero se tiene no siempre se es más feliz, aunque también es verdad que con dinero uno puede ser menos infeliz. En fin, que la cuestión es tener o no tener porque “el lujo arruina al rico y aumenta la miseria de los pobres”. Ya lo dijo Diderot.

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