Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Las dos caras de la televisión

En un gran número de ocasiones cuando uno enciende la televisión no sabe bien con lo que puede encontrarse. Incluso a veces no entiende lo que se encuentra como, por ejemplo, cómo puede subir al máximo la prima de riesgo el mismo día en el que bajan los tipos de interés o cómo la Ley General de Comunicación Audiovisual ha eliminado la prohibición expresa de emitir pornografía y violencia gratuita en televisión. Son noticias que nos pillan por sorpresa pero que quedan ahí, no nos provocan apenas emociones, quizás por nuestro desconocimiento sobre el tema. Sin embargo, hay otras que nos aprietan el corazón, que nos quedan congelados para el resto del día. Esto es lo que nos ocurrió a muchos el pasado jueves cuando nos enteramos de la muerte de Pedro Rodríguez, director general de Cuarzo. Les sonará más si les digo que se trata de la productora de Ana Rosa Quintana.

Nos ha dejado uno de los máximos talentos de la televisión de nuestro país. A la edad de 43 años y además de forma fulminante. Un infarto le privó de seguir viviendo. Su trabajo en la sombra y sus contadas apariciones en la pantalla contribuyen a que el ciudadano de a pie no le ponga cara. Pero si menciono formatos como €˜Secretos y Mentiras€™ o €˜Sex Academy€™ y programas como €˜Cuarto Milenio€™, €˜El Debate de Gran Hermano€™ o las galas de €˜Inocente, Inocente€™ la cosa cambia. Sí, efectivamente, él estaba detrás, en el anonimato, de todos ellos.

Como telespectadora me impactó ver el viernes a primera hora de la mañana a una Ana Rosa Quintana destrozada por la muerte del que ella consideraba un hermano. Muy pocas veces se la ha visto en ese estado en el que el llanto le impedía hablar y apenas podía mantener la mirada fija a la cámara. Critico a aquellos que tardaron poco en criticar a Telecinco por no haberle dado el día libre y preferir que se pusiera delante de las cámaras, según ellos, en un estado lamentable para despertar el morbo. Estoy segura que nada más lejos de ello pretendía ella misma y el equipo de producción de su programa.

Sucede -mensaje para aquellos que hablan de más- que uno adquiere responsabilidades en el mismo momento en el que acepta un puesto de trabajo, tanto para lo bueno como para lo que no lo es tanto. A buen seguro que a Ana Rosa Quintana no le apetecía en absoluto acudir a su trabajo ese viernes pero lo tuvo que hacer, como lo tienen que hacer cientos de personas que van todos los días a su rutina laboral con no pocos problemas en su cabeza y que si les dieran a elegir no dudarían en descartar esa opción. Afortunadamente esas chorradas sobre el morbo se quedan en eso, en chorradas.

Lo bueno de la televisión o no tanto €“depende de cómo se mire-, para los que somos fieles seguidores, es que te permite cambiar de una forma más o menos rápida de estado de ánimo. Basta con cambiar de canal. Por un lado, puedes ver su cara más amarga, más afligida, más desconsolada, y a los pocos minutos, con tan sólo apretar un botón, puedes estar celebrando una buena noticia, se empeña en transmitirte sensaciones positivas y te enseña su cara más dulce. En definitiva, la televisión transmite lo bueno y lo no tan bueno. Ocurre como en la vida misma: nos alegramos de que la vida les vaya bien a aquellas personas buenas y mal a las que se han portado como miserables, como es el caso del ex dictador Videla que ha sido condenado por el robo de bebés durante la dictadura militar argentina a 50 años de cárcel.

Es por esto que me alegró ver la pasada semana por La 2 de TVE la gala de los Premios Iris 2012, que concede la Academia de la Televisión, en la que se premió el trabajo de muchos rostros del medio. Una gala presentada por Paula Vázquez y José María Íñigo y en la que la gran triunfadora fue la cadena pública con 11 galardones, por delante de Antena 3 con cinco estatuillas y La Sexta con cuatro. Rostros que muchos seguimos y que, sin lugar a dudas, conviven con nosotros en nuestras casas. Sin desmerecer a ninguno de los premiados, por supuesto, me hizo especial ilusión la distinción a Ana Pastor, como Mejor Presentadora de Informativos por su espacio de entrevistas e información en €˜Los Desayunos de TVE€™; la de Concha Velasco como Mejor Actriz por su papel en €˜Gran Hotel€™ y el doble galardón que obtuvo Jordi Évole por su €˜Salvados€™, que se hizo con el premio al Mejor Programa de Actualidad y al Mejor Reportero.

Siete días, entre post y post, dan para mucho, sobre todo en un medio en el que las noticias aparecen de una manera vertiginosa. Unas nos afectan más, otras apenas las recordamos unas horas más tarde. Unas nos acompañan el resto del día, otras las olvidamos nada más apagar la televisión. Pero todas nos muestran una cara de la televisión, la más alegre o la más amarga, pero nunca pretende dejarnos indiferentes. Sin titubear, me quedo con la primera aunque, por desgracia, nos estamos acostumbrando a ver más la segunda. ÂżEsto es lo que nos está haciendo inmutables frente a este medio de masas?

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