Veronica original

De la tele a mi sofá

Verónica Fernández
La huelga que batió récord en los directos

Errores imperdonables

Permitidme que esta semana le dedique mi post al hombre que, para mí, la semana pasada fue el protagonista indiscutible de la televisión, Óscar Sánchez, el lavacoches de Montgat (Barcelona) condenado por error a 14 años de prisión en Italia por un delito de narcotráfico que en realidad fue cometido por un delincuente uruguayo que usurpó su identidad. Después de 626 días de calvario este hombre, que me atrevo a decir que nos ha enamorado a todos y cada uno de los telespectadores con sus entrevistas, fue puesto en libertad por el Tribunal de apelación de Nápoles tras llegar a la conclusión de que la prueba de voz de Óscar Sánchez y la del narcotraficante, realizada por dos peritos, uno fonético y otro lingüístico, no correspondían a la misma persona.



Soy de las que pienso que la Justicia española a veces no es tan justa como debiera, pero vergüenza me da cómo ha actuado la Justicia italiana después de haber cometido este error garrafal, imperdonable e intolerable que, a mi juicio, bien se mereciera un castigo, además de poner en duda su sistema judicial y dejar patente la prepotencia y el orgullo que se gasta esta gente dado que eran los únicos que no aceptaban su desliz en este caso e hicieran durante muchos meses oídos sordos a los mediadores de nuestro Gobierno, que hay que reconocer que han actuado de forma constante e involucrada.

El jueves pasado fue de esos días que te emociona escuchar una buena noticia en la televisión, ese medio, que algunos califican de frío, y no es de extrañar dado que nos bombardea con noticias trágicas y amargas día tras día, hora tras hora, minuto tras minuto. El telespectador es inteligente y esa emoción sólo la siente cuando tiene enfrente a una persona que desprende bondad, humildad, inocencia y es querida por toda la gente de su alrededor. Una emoción, contagiosa sin duda, que no despierta cualquier persona a través de una pantalla, pero Óscar Sánchez lo hizo.

Y lo hizo no por contar que en la cárcel le dieron golpes en la cabeza, le quemaron con cigarrillos, no le dejaran ir al lavabo o le llegaran a grabar en la piel con un cuchillo una ‘N’ de Nápoles, para que no se le olvidara dónde estaba, sino porque hoy en día es difícil toparse con una persona de las características de Óscar, que desconoce que es la maldad y admite que a partir de ahora quiere ser “un poco más hombre” porque es muy infantil. Tan grande es su generosidad que fue la que le ha llevado a vivir esta pesadilla. En 2004 cedió a cambio de dinero -alrededor de 1.500 euros- su DNI y una tarjeta de crédito a una mujer, que se los pidió para regularizar a un ‘sin papeles’. Un gesto imprudente e ilegal, todo hay que decirlo, que refleja a una persona excesivamente confiada.

Por tanto, el caso de Óscar nos tiene que servir para no creernos lo primero que se nos cuenta y para practicar la técnica que yo llamo ‘enséñame la patita por debajo de la puerta’, que traducida al común de los mortales significa que a priori no nos tenemos que fiar de los extraños y no aceptar regalos de desconocidos.

Si todavía no habéis podido escuchar ninguna de las entrevistas que ha concedido Óscar Sánchez a la televisión aquí os dejo un vídeo para que conozcáis a este gran hombre que ha sabido soportar vejaciones, insultos y humillaciones sin perder las formas. Merece la pena conocerle. ¡Bienvenido a casa Óscar!

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