Silueta calabres original

David Calabrés (músico)

David Calabrés

El ayuntamiento de Salamanca me impide tocar en la calle

A diferencia de otros músicos, no puedo tocar en las calles de Salamanca. Lo entendería si fuera por una causa justificada, pero en mi opinión no lo es. Está prohibido utilizar amplificador aunque mi instrumento lo necesite para sonar: toco la guitarra eléctrica.

Me llamo David Calabrés, tengo 28 años y he pasado toda mi vida en Salamanca. Soy de los pocos de mi generación que ha conseguido trabajo estable aquí. Como tantos otros, estudié una carrera (Derecho), un Máster (práctica jurídica), unas oposiciones que congelaron… y al final me gano la vida dando clases de guitarra, mi gran pasión desde la adolescencia.

 

Trabajo en la Escuela Municipal de Música de Villares de la Reina y la academia Musicay, y cuento con docenas de alumnos de todas las edades. No me falta trabajo en ningún momento del año, y gano de sobra para vivir cómodamente. Además compagino mi actividad docente con actuaciones en eventos. Tengo un repertorio de guitarra eléctrica para cócteles de boda, terrazas, fiestas privadas, conciertos, etc.

Me gustaría tocar en la calle no por necesidad, sino por promoción. Es fácil obtener nuevos contactos y oportunidades de trabajo. No hay mejor escaparate y puede ser una experiencia muy gratificante.

 

¿Se puede tocar en la calle? Sí, pero…

 

En Salamanca la regla general es que está permitido tocar en la calle, en cualquier lugar salvo en la Plaza Mayor, que queda reservada a la tuna. No es necesario solicitar licencia, de hecho no se la conceden a nadie. El único requisito establecido en la Ordenanza es NO utilizar equipo de amplificación. Para entendernos, altavoces. Da igual si tu instrumento lo necesita, y da igual su tamaño (el mío apenas ocupa poco más que la palma de mi mano). Está prohibido, y punto. En sentido estricto puedo tocar en la calle, pero se me prohíbe sonar. Y si mi instrumento no suena, ¿de qué me sirve salir a tocar? Ni yo mismo me escucho.

 

 

Probando suerte en la Casa de Las Conchas

 

Me parecía injusto, y esperaba que hicieran la vista gorda conmigo. Nunca se ha multado a un músico callejero por incumplir la ordenanza, así que decidí hacer la prueba. Me puse a tocar la guitarra junto a la Casa de las Conchas, con el amplificador de la imagen, de solo 2 watios de potencia. A los 20 minutos se presentaron dos policías locales que me invitaron a recoger mis cosas por la ya sabida prohibición. Muy amablemente, eso sí. Ningún vecino había llamado para quejarse, simplemente me habían visto desde las cámaras de vigilancia… Al parecer nos observan de verdad.

 

Por entonces ya había bastante gente escuchando en las escaleras de La Clerecía y me había ganado unas monedas. Cómo son las cosas, ¡tocando 20 minutos en la calle gano más dinero que en una hora como abogado de oficio! Sugerí a los policías que podía bajarme más el volumen, pero no sirvió de nada. La única solución que me proponían era tocar con guitarra clásica o acústica. Mucha gente piensa que eso es como cambiar de camisa, pero se utilizan técnicas y recursos diferentes para cada una, y mi repertorio está pensado para guitarra eléctrica, sencillamente no se puede interpretar igual con una de otro tipo. Aunque así fuera, el que elige el instrumento soy yo. ¿Qué hay de malo en utilizar amplificación si el volumen es razonable? Pero no era momento para discutirlo.  

 

Una ordenanza mal redactada

 

El espíritu de la Ordenanza es prohibir actividades molestas para vecinos y viandantes. Con la palabra “amplificador” quisieron cortar toda posibilidad de tocar a gran volumen. En la práctica supone discriminar a unos instrumentos frente a otros, según la dependencia que estos tengan de la electricidad.

 

El grado de molestia, el volumen, no cuenta. Por poner un ejemplo, un conjunto de cinco personas puede tocar sin amplificación, aunque su volumen supere varias veces el mío tocando en solitario.

 

La guitarra eléctrica pertenece a la familia de instrumentos electrófonos, que está reconocida como tal en la clasificación Sachs-Hornbostel, desde 1920. Abarca todos los instrumentos que dependen de la electricidad para poder sonar. El amplificador es parte sustancial del instrumento, pudiendo estar incluido en su cuerpo, como ocurre con los altavoces de los teclados, o conectado externamente como hago yo con una guitarra eléctrica. Tan claro como el agua, si no lo enchufas no suena. Una vez conectado se puede subir o bajar el volumen como se hace con un televisor. La ordenanza es discriminatoria con estos instrumentos por el mero hecho de ser eléctricos, están prohibidos por su condición, no por la molestia que puedan causar.

 

Instrumentos electrófonos, prohibidos por la ordenanza

Ejemplos de instrumentos electrófonos, prohibidos por la ordenanza

 

Ahora imaginemos un paralelismo:

 

“Está permitido ver la tele, pero sin usar electricidad. Así evitamos que molestes a los vecinos.”

Consecuencia: Yo veo la tele sin enchufarla, y ellos presumen de que me permiten ver la tele.

 

¿Cuánto tiempo creeis que voy a tardar en quejarme? Lo lógico sería permitir la electricidad para poder ver la tele, y limitar el volumen máximo al que ponerla. O prohibir ver la tele abiertamente, sin más. Ahora sustituid la expresión “ver la tele” por “tocar la guitarra eléctrica” y tendreis la situación absurda que me lleva a escribir estas líneas.

 

Otros instrumentos ofrecen un volumen suficiente por sí solos, aunque existe la posibilidad de amplificarlos. Las baterías, sin ir más lejos, no necesitan amplificación si se toca en una sala pequeña o para poco público, pero en grandes conciertos se emplean varios micrófonos para controlar el volumen desde la mesa de sonido. Los violines pueden incorporar un micrófono de pinza conectado a un equipo externo, etc. Este tipo de instrumentos son los que encontrareis por las calles de Salamanca, porque son los únicos que salen ganando con la redacción de la ordenanza. Eso sí, con la prohibición de utilizar pistas de acompañamiento, porque se necesita amplificador para hacerlos sonar. Esto afecta a todos los músicos por igual y carece de sentido.

 

Existe un tercer grupo de instrumentos para los que el amplificador no es necesario pero sí recomendable, si buscas un resultado de calidad tocando en la calle. La guitarra clásica suena por sí sola, pero no alcanza suficiente volumen en exteriores. También incluyo aquí la voz humana. Se escucha de sobra sin amplificador, pero cantar media hora sin él es doloroso para cualquiera que quiera hacerse escuchar fuera de cuatro paredes. No conozco a ningún político que pronuncie discursos sin amplificación en exteriores. Por algo será.

 

Después de leer esto, ¿seguís pensando que está permitido tocar en la calle? En la práctica, solo unos pocos afortunados pueden. Y no por ser los mejores, ni los más respetuosos, ni los menos ruidosos. Solo porque no necesitan conectar sus instrumentos. Permitido para pocos y limitado para todos, porque nadie puede utilizar pistas de acompañamiento.

 

El guitarrista flamenco Rafael de Dios lleva años sufriendo este mismo problema

El guitarrista flamenco Rafael de Dios lleva años sufriendo este mismo problema

 

Madrid, el ejemplo a seguir

 

El verdadero problema es que esta actividad no está regulada en Salamanca. Se despachó el problema por la vía rápida con esas referencias en la ordenanza, pero no hay ningún régimen de horarios, lugares, ni requisitos para tocar, al margen del ya mencionado. En el Ayuntamiento solamente te dicen: “busca un sitio en el que los vecinos no se quejen, y trata de no molestar. Si viene la policía sigue sus indicaciones. Lo normal es que te pidan que cambies de ubicación”. Al final se han estandarizado como lugares “aptos” la plaza del Liceo, la Casa de las Conchas, calle La Rúa y puerta de la Catedral, pero los vecinos de estas y otras zonas siguen llamando constantemente alegando molestias, y son fundadas la mayor parte de las veces. “Si utilizas amplificador, al menos escóndelo para que no lo veamos”.

 

En Madrid se abordó el asunto de manera mucho más coherente, aunque también fue objeto de crítica en un primer momento. La diferencia es que allí ya se permitía el uso de amplificador. El Ayuntamiento de Madrid limitó el número de músicos callejeros, y fijó las zonas donde podían tocar, con un régimen claro de horarios. Se realizaron audiciones para garantizar la calidad de los músicos, y desde entonces cualquiera que quiera tocar en la calle conoce el procedimiento a seguir. Está permitido para todo el mundo pero hay criterios de acceso objetivos y muy razonables.

 

En juego la imagen de la ciudad

 

Madrid entendió que está en juego la imagen de la ciudad. Se trata de respetar a vecinos y viandantes, pero también de proyectar una imagen positiva para el turismo. Un buen músico enriquece la calle en la que toca. La música es cultura, encima de un escenario y sobre los adoquines.

 

Nuestro Ayuntamiento viene dando numerosas muestras de apoyo a la música local a través otras iniciativas, como la de ceder el escenario de la plaza mayor a bandas locales en las fiestas de la ciudad, los premios anuales de composición o ayudas para locales de ensayo. Nuestra música es una seña de identidad que nos patrocina a todos los salmantinos, de la misma forma que lo hace el deporte, la literatura o cualquier otra disciplina. En consonancia con el resto de medidas municipales debe estar la de permitir música en nuestras calles de forma igualitaria y efectiva, atendiendo a las necesidades de músicos, vecinos y paseantes.

 

Michael Heater, más conocido como el violinista de la Plaza del Liceo. Nuestro músico callejero más respetado

Michael Heater, más conocido como el violinista de la Plaza del Liceo. Nuestro músico callejero más respetado

 

En conclusión

 

Pido al Ayuntamiento que levante la prohibición de utilizar equipos de amplificación en la vía pública, y en lugar de ello regule esta actividad de manera completa y definitiva, aportando seguridad jurídica a músicos y a vecinos.

 

Si lo que preocupa es el volumen alcanzado, la solución pasa por establecer un límite a los watios del amplificador, o a los decibelios que produce el músico.

 

Si lo que preocupa es un excesivo número de músicos callejeros, se pueden conceder licencias limitadas o repartir horarios entre todos.

 

Si lo que preocupa es la constante molestia para los vecinos, se pueden limitar las horas o días para el desarrollo de la actividad, y el volumen máximo permitido.

 

Si lo que preocupa es la calidad del músico, se pueden realizar audiciones, algo así como controles de calidad frente a tribunales especializados, aunque en mi opinión es un criterio polémico en su aplicación al ser subjetivo.

 

Cualquier argumento posible contra la modificación de la ordenanza enmascara pereza legislativa. Tarde o temprano habrá que corregir el problema, y existe la mala costumbre de postergar las cosas durante años cuando es obligación de los poderes públicos velar cada día por los intereses de los ciudadanos.

 

El momento es ahora. El Ayuntamiento ha zanjado las polémicas fiestas de contenido sexual en locales de hostelería, y restringido los excesos de las despedidas de soltero y las fiestas universitarias. Han metido la música callejera en el mismo saco, como si fuese algo negativo. En septiembre se aprobarán definitivamente varias modificaciones introducidas, y tenemos que elevar estas propuestas ahora que el debate está activo.

 

En definitiva, es una cuestión de igualdad de derechos y de imagen de la ciudad. El Ayuntamiento no puede seguir mirando para otro lado y presumir de que nos permite tocar. Tocar sin sonar es lo mismo que prohibir. Tenemos que modificar la Ordenanza, tomando Madrid como el ejemplo a seguir, o estableciendo otros criterios objetivos.

 

Tu apoyo es importante

 

Si estás de acuerdo con estas ideas, comparte el artículo para que llegue al mayor número de salmantinos, y en especial a los dirigentes del Ayuntamiento. Haciendo las cosas bien todos salimos ganando: músicos, vecinos y Salamanca.

 

En mi canal de YouTube encontrarás las canciones que no puedo tocar en la calle. Ayúdame a acercarlas a la gente.

Comentarios

Rafael 14/08/2015 16:27 #9
Muy bien expuesto David y sobre las bobadas de que si niňo de Papá o si somos bobohemios... Ni caso. Más quisieran ellos tener el valor para irse a ganar la vida en la calle en el supuesto de que valieran para tocar un instrumento. Por aquí es fácil criticar o desvirtuar a una profesion tan infravalorada.
Animo 14/08/2015 13:49 #4
El chico lo deja bien claro, no es músico callejero. Es profesor de guitarra en varias escuelas de música y con ello gana más dinero que la mayoría de abogados. Cuántos prejuicios y envidias, afortunado él por poder dedicarse a lo que le gusta. Por otra parte se ve que sabe escribir, en el contenido ya no entro porque es una cuestión compleja y no estoy bien informado
Usuario 13/08/2015 22:37 #3
Qué humildad desprende el titiritero! (ironía) Pues hijo, qué lastima.. licenciado en derecho, máster, opositor, para acabar de ....músico callejero. En resumen, niño de papá que vive sobradamente con sus tonterías en la cabeza a los 28 años. A currar todos os mandaba yo!! Bien por el ayto. Las calles de Salamanca no son un cabaret.
R. Song 13/08/2015 20:19 #2
Normal... Ya lo que nos faltaba! los BOBOHEMIOS con amplificadores. A molestar a papá y mamá a vuestras casas. Dejadnos a los demás en tranquilidad.
anónimo 13/08/2015 15:15 #1
Hola, estoy totalmente de acuerdo con tu artículo, yo también soy músico, y estoy intentando darme a conocer. Dado a la escasez de propuestas para conciertos me he propuesto deleitar con mi música al público callejero. Estoy especializado en la guitarra eléctrica y me parece totalmente injusto no poder utilizar un amplificador. Una de esas "despedidas de soltero" ahora tan de moda en salamanca molestan más a los ciudadanos que un músico tocando la guitarra.

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: