Silueta alfredo original

Curiosidades y Anécdotas de la Historia

Alfredo Rodríguez Blázquez

EL INFANTE DRAG QUEEN

 Cuenta J. Balansó, en uno de sus libros sobre los borbones, concretamente en el titulado las Perlas de la Corona, la historia de Luis de Orléans, el hijo menor de la Infanta Eulalia. La vida disoluta de dicho infante de España no fue para nada similar a las de otros príncipes e infantes de la rama Borbón. Hijo menor de Antonio de Orléans y de Eulalia de Borbón, la más pequeña de los hijos de Isabel II, fue, sin duda alguna, la oveja más negra de la familia. Para muestra lo que se contaba de él según documentos de la época.


 “Luis, atractivo homosexual, informó un día a su familia de que quería ser actor, que acababa de firmar un contrato con una compañía teatral y que pensaba irse a América. Su tía, La Chata, casi tuvo un vahído. Alfonso XIII se quedó con la boca abierta y su madre, Eulalia, pese a sus alardes democráticos, escribió a la reina Cristina, hecha una hiena: “No puedo creerlo… ¡Actor!.. Y además dice pestes de mí, no te puedes imaginar el calvario que estoy pasando”


    En realidad el infante don Luis no era un homosexual corriente. Era un drag queen, como diríamos hoy. Uno de sus condiscípulos en los centros de enseñanza, testimonió que era tremendo, cuando se pasaba:


    En el baile de la condesa de Chabrillan, se presentó Luis teñido con añil de pies a cabeza para representar al Dios Azul. El infante cabalgaba sobre un elefante, arreado con atalajes de oro y pedrería. Hizo su entrada semidesnudo, cubierta la cabeza con un turbante verde.


    Don Luis era despreciado por su hermano mayor Alfonso de Orléans y su primo Alfonso XIII. Y él, conocedor de ese desprecio, se vengaba con ironías punzantes y con un comportamiento desbocado. Gustaba que le llamasen “el rey de los maricas”. Y se hizo célebre la queja de una empingorotada dama veneciana: “Yo tenía dos lacayos negros y guapos, pero los perdí a los dos. Al primero se lo llevó la tuberculosis; al segundo, el infante de España”.


    Cierta noche de Septiembre de 1924, don Luis, acompañado de uno de sus amantes, un noble portugués, saliendo de un garito se ligaron a un joven marinero a quién llevaron al apartamento del aristócrata, prometiéndole una noche súper golfa. La diversión terminó con la muerte del marinero en circunstancias estrafalarias, según detalla Alderete, que como periodista siguió de cerca el suceso. Alfonso XIII, harto de la vida orgiástica de su primo, decidió cortar de raíz y le retiró el título de infante de España. Cuando don Luis se quedó sin un céntimo, se casó, a los cuarenta y dos años con una viuda de setenta y tres forrada en millones, la princesa de Broglie, María Say, heredera del rey del azúcar. Separado de esta pobre víctima, a la que dejó arruinada, murió en París en 1945, en el más completo olvido de su familia que había acabado por no tratarle”.

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