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Fernando Rodríguez López
Blog de Fernando Rodríguez López.

El pecado original

No es fácil saber a estas alturas cuál era el modelo de Estado que imaginaron las cortes constituyentes al redactar la Constitución de 1978, pero casi seguro que cuando se fraguó el esquema de las Comunidades Autónomas no se pensaba que podría conducir al despropósito en el que estamos 35 años después.

La idea central, como en muchos otros puntos de la Constitución, era crear mecanismos que facilitaran pasar página tras el franquismo haciendo lo posible para contentar a cuantas más partes mejor; en el caso del modelo autonómico, el objetivo era conseguir que los territorios forales con €œderechos históricos€ y las regiones que habían aprobado estatutos de autonomía durante la Segunda República no vieran la Constitución como un paso atrás o como una oportunidad perdida, abriendo al tiempo la puerta a que otras regiones pudieran también acceder al autogobierno.

Y así es como se planteó un €œEstado unitario regionalizable€ que, con un ojo puesto sobre todo en Cataluña, Galicia, Navarra y País Vasco, permitía a provincias €œcon entidad regional histórica€ o a grupos de provincias limítrofes constituirse en Comunidades Autónomas. ÂżCuántas Comunidades Autónomas pensarían en aquel momento sus señorías que surgirían? Âż10, 12, 15€Ś 17? ÂżY qué criterios pensarían que se utilizarían para formarlas? ÂżHistoria compartida? ÂżCultura y lengua comunes? ÂżVoluntad política? Probablemente un poco de todo esto, y así fue como, en cuestión de unos pocos años, el territorio español se organizó en forma de 17 Comunidades Autónomas (más Ceuta y Melilla), que pasarían a convivir con el Estado central, las Diputaciones Provinciales y los Ayuntamientos.

Pero siendo importantes las preguntas anteriores, hay otra que me lo parece mucho más: Âżcómo pensarían los redactores de la Constitución que iba a evolucionar el nuevo modelo? ÂżUn €œsimple€ traspaso de competencias y recursos desde el Estado hasta las Comunidades Autónomas, casi €œa coste cero€? ÂżO ya entonces preveían que, al exprimirse el modelo al máximo, se generarían enormes e ineficientes disfunciones y duplicidades (y triplicidades) administrativas, como las que hemos empezado a sufrir cuando se ha levantado el telón de la ilusión del crecimiento económico?

Mi impresión es que esta cuestión no estaba en el debate constitucional, que lo importante era superar la situación y crear un marco políticamente estable para garantizar una transición pacífica. El objetivo no era en absoluto la eficiencia económica de las Comunidades Autónomas; si lo hubiera sido, la Constitución habría introducido criterios económicos para la formación de las Comunidades y luego no habría permitido la fragmentación de, entre otros, los sistemas educativo, sanitario, laboral, judicial o tributario en 17 parcelas, sino que habría buscado algo así como un trasvase de competencias €œóptimo€, posiblemente diferente para diferentes regiones. Pero no, no hizo nada parecido porque no era ése el objetivo, sino la consolidación de un nuevo modelo de convivencia para superar un momento históricamente complicado.

ÂżSe logró? Bueno, cada uno tendrá su opinión, aunque yo diría que el resultado no ha sido del todo malo. Pero diría también que es hora de volver a pasar página. El modelo Estado €“ Comunidad €“ Diputación €“ Municipio con café para todos puede haber servido para asentar nuestra democracia, pero es insostenible en un mundo global, mucho más complejo que hace 35 años, en el que para sobrevivir necesitamos ser más competitivos y más eficientes. Creo que ha llegado el momento de una nueva transición, esta vez a un modelo de Estado más racional, en el que tengamos una menor dependencia de las Administraciones Públicas y en el que rediseñemos su actuación para evitar duplicidades e ineficiencias. Y en el que no nos duelan prendas renunciar, como Comunidad Autónoma de €Ś (póngase el nombre que proceda), a competencias ya transferidas que la razón nos dice que sería mejor ejercer desde el plano del Estado.

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