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Con la verdad por delante

Gabriel De la Mora
Blog de Gabriel de la Mora en Tribuna de Salamanca.

El fraude inocente de la peor de todas la formas de gobierno

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La máxima de Winston Churchill en relación a la democracia representativa como “la peor de todas las formas de gobierno, a excepción de todas las demás”,  suele utilizarse precisamente para defenderla, y sin embargo entraña más bien gran decepción y escepticismo; y no es para menos, la realidad es que millones de personas debemos acatar la autoridad caprichosa de un grupúsculo de personas que controla los designios de la Administración y redacta las leyes al gusto de los poderes ocultos que más les influyen, generalmente los económicos y financieros.

 

Esta situación se produce gracias a la legitimidad otorgada por un acto electoral sólo algo más que esporádico, previa manipulación de las masas; acto que no nos convierte en más o mejores ciudadanos, si no en más o menos borregos, creyéndonos que por el mero hecho de votar tendremos derecho a asistir a la fiesta, mientras el resto del período marcado nos dejamos robar los derechos desde el sillón, pues solo la lucha hace justicia y lo demás es pura ilusión, algo que bien sabían nuestras madres y nuestros abuelos.

 

Falsable democracia que se sustenta, teóricamente, en ciertas libertades públicas gracias a las cuales la ciudadanía sería consciente de la realidad de los hechos y los aspirantes al poder, que debiera servir al Derecho y la Justicia, pudiendo libremente opinar y debatir, para seleccionar a los mejores, los menos malos. Cosas de la Ilustración, que tan bien definía Kant, ese que está tan de moda citar sin haberlo leído, como la “libertad de hacer uso de la razón pública en todos los terrenos”. Libertad que sin embargo apenas se encuentra sólo en manos de grandes corporaciones de la comunicación, si de elecciones generales hablamos, empresas que ya poseen en propiedad los medios de izquierdas y los de derechas, a gusto del consumidor, el único soberano en este sistema. Sin hablar del control del espacio público en el cual expresarse, donde hasta el reparto de octavillas es sancionable con 150€, como bien es sabido en nuestra propia ciudad.

 

Y si la libertad de prensa no es un fraude inocente, como diría Galbraith, no lo es menos el único cauce reconocido por la actual Constitución para la efectiva participación ciudadana: los partidos políticos. Estructuras oligárquicas no democráticas que se encuentran desligadas desde hace décadas de la gente del común e incluso de la participación de sus afiliados, asqueados de opacidad, traperismo y lamedores de traseros. Las cúpulas han bloqueado todo ascenso de los mejores, quedándose con la mediocridad, formando dóciles dirigentes, sirvientes de quien les puso en la lista y les ofreció los privilegios de los que disfrutan, resultando en escaso valor moral para acometer reforma alguna que se precie de tal nombre y mucho menos mostrar oposición alguna a las injusticias e ilegalidades perpetradas desde su propia bancada.

 

Y como sólo partidos se presentan a elecciones pocos son los que votan, siendo los más los que pensamos, en estas circunstancias y tal como hace un siglo, “que no hay estrago moral comparable, que no hay desastre tan grande para la vida moral de la Nación como un período electoral a la española y una revisión de actas, también a la española”; reconociendo que sí existiera auténtica responsabilidad cívica bien fácil sería demostrar de quien son las siglas del Peor Parado y responsable del mayor aumento de la corrupción y la desigualdad de nuestra historia reciente, por mucho que lo intenten ocultar comprando voluntades; hasta los niños saben ya lo que es la caja B y que los dineros que se guardan en la misma vienen de todo tipo de empresas relacionadas con las obras y privatizaciones de servicios públicos y que suelen acabar en medios de comunicación afines o en los bolsillos de los dirigentes más listos, ya sea en sobresueldos, regalos o cuentas en Suiza.

 

Al otro lado de la dirigencia hegemónica la cosa no está mejor, sólo hay que ver al Partido Socialista Obrero Español, al que le sobran ya la mayoría de los apelativos, especialmente el socialista y obrero. El mismo partido que a punto estuvo de introducir las mismas reformas laborales en 1994 que el mismo PP finalmente introdujo en 2012 presionado por las multinacionales y la Troika, lo que no consiguieron gracias a que los combativos sindicatos catalanes pararon en seco las intenciones de José Antonio Griñán, sí, el de los EREs. El partido que gobernando por décadas nunca apostó por ofrecer batalla por el derecho a la vivienda, favoreciendo y auspiciando el desarrollo de la burbuja inmobiliaria y manteniendo las redes clientelares que hicieron que hasta las bases de IU en Extremadura prefirieran dar el gobierno al Partido Popular, con tal de hacer la indiscutible limpieza que ofrece la alternancia; todo lo contrario de lo que ha hecho Ciudadanos, prefiriendo mantener en el poder a las dirigencias más corruptas del país, las del PSOE andaluz y las del PP madrileño o salmantino, dejando a las claras la regeneración que practican que no acaba con la impunidad, pues no exige las imprescindibles responsabilidades, políticas y judiciales.

 

Lo cierto es que espero pocos cambios. Ahora bien, puestos a pedir, pidamos. Un acuerdo tras las elecciones, uno solo: la reforma electoral con la posterior disolución de las Cámaras, para dar paso a una nueva asamblea constituyente que de forma  amplia y participada impulse las radicales reformas estructurales del sistema político que la ciudadanía reclama. Los parlamentarios recién salidos de las urnas probablemente tendrán en sus manos la posibilidad histórica de abrir una nueva Transición y hacer lo que esta sociedad delegacionista no se atreve a realizar ella misma, pero que sin ella será imposible implementar, pues desde el parlamento y el gobierno sólo se puede mascullar, lo más anunciar, “radicalmente, rápidamente, brutalmente; tan brutalmente que baste para que los que estén distraídos se enteren, para que nadie pueda ser indiferente y tengan que pelear hasta aquellos mismos que asisten con resolución a permanecer alejados...

 

Ciudadanos, Podemos y PSOE supuestamente se han comprometido a reformas constitucionales de cierto calado que precisarían, para ser ciertas, la apertura del proceso constituyente, veremos cuánto dura la promesa electoral y si podremos participar en la toma de decisiones, más allá de votar a unos nuevos diputados constituyentes. En todo caso, sin una efectiva participación ciudadana y suficiente consenso popular y con las calles, las plazas y las redes luchando por el Derecho, la Democracia y la Justicia, nada podrá hacer ningún gobierno, ni ningún gobernante, contra los poderes que tan bien se manejan entre los despachos y los mercados financieros.

 

Comentarios

Luis 11/12/2015 10:01 #1
Más claro que el agua ¡Estoy orgulloso de nuestro concejal y diputado!

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