Silueta original

Con la verdad por delante

Gabriel De la Mora
Blog de Gabriel de la Mora en Tribuna de Salamanca.

¿Ciudadanos corruptos?

El PP ha ganado las elecciones porque ha logrado movilizar a sus votantes por el miedo y el voto útil, resultando que la corrupción generalizada que afecta al partido apenas ha afectado al resultado, ¿acaso son corruptos los votantes del PP? ¿Y los dirigentes y cargos públicos?

La explicación más referida estos días sobre la victoria del PP en las pasadas elecciones es que somos un país de corruptos, lo que parece retrotraernos a la crítica culturalista noventayochista sobre la idiosincrasia de una España pobre e ignorante; quizá algo de razón no falte, no obstante a estas alturas de la historia española este tipo de argumentaciones poco aportan.

           

            Es evidente que buena parte de la sociedad española es bastante tolerante a la corrupción, optando por otorgar mayor peso a la hora de votar a otros factores, prefiriendo lo malo conocido que lo bueno por conocer. La autojustificación de muchos votantes del PP es que todos son iguales, por lo que puestos a elegir nos quedamos con los menos malos, esto es, los nuestros.

 

            La verdad es que me cuesta definir a los votantes del PP como corruptos, no obstante, no me cuesta demasiado atribuirle dicha cualidad a cargos públicos y militantes de dicho partido. Precisamente hace unos días me recriminaba cierta alcaldesa de PP que pudiera llegar a justificar estas acusaciones, queriendo recordarme que no todos son corruptos en su partido y que generalizaciones de este estilo podrían estar próximas a discursos del odio.

 

            Algo de razón podría darle, pues la existencia de una diferencia entre personas, en este caso la tolerancia hacia la corrupción, globalizándola sobre un colectivo, y de este modo atribuyendo dicha cualidad a todos los individuos pertenecientes al mismo, forma parte de los elementos que cualquier discurso racista tiene; no obstante, asegurar que pudiera existir discriminación, rechazo o exclusión social de los votantes, militantes, dirigentes o cargos públicos del PP por atribuirles ser tolerantes con la corrupción, más bien parece una broma pesada, siendo como son, quienes ostentan el poder público en miles de municipios, diputaciones, comunidades autónomas y el mismo gobierno central y quienes practican y amparan políticas discriminatorias y excluyentes para cientos de miles de personas.

 

            No obstante, si bien puede ser injusto atribuirle la condición de corrupto a quien no lo es, por otro lado parece evidente la gran responsabilidad de los dirigentes del PP por la corrupción en su partido, al no denunciarla y ser incapaces de realizar una limpieza y renovación, también en nuestra ciudad y en nuestra provincia. Y es que la corrupción, como le recordaba a la citada alcaldesa, no sólo es una cuestión de acción, si no también de omisión.

 

            Así me lo explicaba mi señor padre hace ya muchos años; muy cristiano él, comentaba que entre los políticos que había conocido muy pocos eran válidos y de fiar, pues decía que se podía pecar de palabra, obra y omisión y quien no se lo llevaba crudo sí sabía quien se lo estaba llevando y si no lo sabía más vale que lo dejara... y si no lo denunciaba ni hacía nada al respecto, entonces también podía considerarse un corrupto. No le quito una coma.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: