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La transparencia con careta

Hace unos días todos los cargos públicos de Ávila hacíamos un “ejercicio de transparencia” arrastrados por la urgencia del Partido Popular de demostrar a los ciudadanos su compromiso para dar a conocer los sueldos y propiedades de sus diputados, alcaldes y concejales.

       

Me temo que es una mera medida oportunista que desvía la atención sobre el concepto real de una palabra, transparencia, que tiene un significado mucho más amplio y que merece ser tratada con respeto, para que la confianza de los ciudadanos en los políticos sea real.

         

Este nudismo repentino, esta urgencia por mostrar lo que tanto tiempo se ha ocultado a los ciudadanos se me antoja como una maniobra de distracción sobre algo que los españoles pensamos desde hace mucho tiempo, que la  confianza en el quehacer político está minada, que los políticos están en deuda con una ciudadanía que no comprende el comportamiento de quienes dicen representarla y recela de ellos.

 

Nos ocultamos detrás de una careta cuando no facilitamos información adecuada, completa y entendible al ciudadano, cuando hacemos uso ilegítimo de información privilegiada, cuando favorecemos a determinadas personas con un tráfico de influencias demasiado evidente en algunas administraciones locales, cuando fomentamos un clientelismo electoral que raya con el soborno, cuando damos prioridad a nuestros  propios intereses olvidando aquellos que son los de la sociedad, cuando hacemos uso indebido de bienes municipales (llámese uso de coches oficiales, entradas protocolarias a discreción, o dietas no justificadas) cuando en nuestra gestión afloran términos como influencia, fraude, malversación, prevaricación, caciquismo y muchas más.

 

Este desnudo con careta, al que nos hemos sometido los cargos públicos, no pretende resolver verdaderamente el problema ya que no revela más que unos cuantos datos para satisfacer la curiosidad de algunos,  y que da pie a  dudar de si lo que se ha publicado corresponde a la realidad.

 

Y si a esta falta de transparencia se suma otra palabra, “desconfianza” ante lo que el político promete y lo que realmente  hace, ante el incumplimiento de compromisos electorales, por no rendir cuentas de su gestión, por mantener la impunidad  frente a la justicia, por beneficiarse de indultos incomprensibles e inoperante para perseguir lo corrupto, nos llevan a una desafección total con la clase política.

 

Quitémonos esa careta que deja incompleta la palabra y cambiemos la ecuación. Sumemos transparencia, ética, compromiso, credibilidad y recuperaremos la confianza en los que nos deben gobernar.

 

Por Manuel Vicente Pérez

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