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Contrato único indefinido

El marco laboral español es un inmenso fracaso. Con un paro por encima del 27% es inadmisible que el presidente despache la cuestión diciendo que el Ejecutivo está "muy satisfecho" con la reforma laboral. Tras décadas de reformas y convenios, el mercado laboral español sigue siendo dual y precario.

Los gobiernos españoles, que tienen la obligación de velar por todos los españoles, pero en especial por los más débiles, han mantenido una evidente discriminación con una gran masa de ciudadanos, entre ellos los más jóvenes, que encadenan contratos temporales con bajos salarios, escasos derechos y alta precariedad. Las últimas reformas han debilitado la posición de los indefinidos al abaratar el despido, pero nada han hecho por los eventuales ni por los parados.

 

Existe la opción del contrato único indefinido, es la propuesta de Unión Progreso y Democracia, la que llevaba en su programa electoral de 2011 y la que defendió durante los debates de las dos últimas reformas laborales: la del PSOE y la del PP.

Este contrato único indefinido contempla una indemnización creciente que comenzaría en 12 días por año trabajado (mayor, por tanto, que la que ahora reciben los trabajadores eventuales) que se iría incrementando a razón de dos días por año hasta alcanzar los 34 días para despidos improcedentes.

 

El sistema de indemnización 'portátil' (el modelo austríaco) ciertamente supone un pequeño coste para la empresa, pero a cambio le evita afrontar un gran pago en caso de despido. Y como el trabajador lleva esa indemnización consigo al cambiar de compañía, favorece la movilidad de los trabajadores. Para afrontar la indemnización por despido, la empresa iría dotando un fondo que el trabajador podría llevarse a otra con su nuevo contrato. La ventaja de este sistema es que todos los contratos son indefinidos desde el inicio y los derechos laborales son acumulativos: no se pierde antigüedad al cambiar de empleo.

 

También se evita el riesgo empresarial implícito en convertir a un trabajador eventual en fijo, porque se pasa, poco a poco, de una indemnización muy baja a una muy alta, haciendo más atractiva y menos arriesgada la contratación. Se incentiva, además, una relación más estrecha entre empresa y trabajador. En un trabajador eventual, la compañía apenas invierte ofreciéndole formación; en cambio, cuando va a estar por tiempo indefinido, a ambos les interesa aumentar los conocimientos y habilidades.

 

El actual marco laboral español es caótico. Está repleto de tipos de contratos, de bonificaciones, de casos particulares. Las últimas reformas han creado nuevas fórmulas pero, en general, precarias. UPyD propone limitar los contratos temporales a actividades muy concretas y muy bien tasadas, dándoles un carácter excepcional. Esta es la única forma de atajar la existencia de diferentes mercados laborales en España, aportando claridad y seguridad jurídica. Dos bienes, por desgracia, escasos.

 

¿Tiene esto solución política? La legislación laboral no crea empleo, pero sí crea las condiciones para un mejor y más justo mercado laboral cuando haya reactivación de la economía. Y previene que la próxima crisis no se resuelva con millones de despidos de empleados precarios, sino con fórmulas de flexibilidad salarial y reparto del trabajo. Transmitir a la opinión pública mediante los clásicos altavoces mediáticos que no hay alternativa ni cabe hacer otra cosa contra el paro es intolerable. Cabe debatir, al menos, las ventajas e inconvenientes del contrato único indefinido adaptado a España.

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