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Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

Telegenia y retóricas gastadas

Pedro Sánchez ha comenzado a desgranar el programa con el que el PSOE se presenta a competir en las elecciones generales de diciembre de este año.  En sus declaraciones a los medios, y las efectuadas en el rondo de presentaciones de las listas provinciales, está expresando que el programa de los socialistas pivota sobre cinco grandes reformas: laboral, educación, fiscalidad, pensiones y constitucional.  

Dice Pedro Sánchez que la reforma constitucional es la llave para evitar los enfrentamientos entre gobiernos autonómicos y central y que deberá servir para “garantizar la convivencia” entre los españoles en los próximas tres o cuatro décadas.  Hasta el momento ha avanzado que dicha reforma contemplará la inclusión de la sanidad como derecho fundamental y una cláusula social que evite los recortes en esta materia. Ha anunciado también la elaboración de un nuevo estatuto de los trabajadores como freno al ascenso de la precariedad, una nueva ley educativa para desmontar la LOMCE, reforma fiscal “para poner fin a las amnistías del PP” y garantías de estabilidad y sostenibilidad de las pensiones con la revisión del Pacto de Toledo.

 

Considera el Secretario General socialista que semejante abanico será suficiente para levantar el cuadrado de hierro que ahorma el futuro de la sociedad española: falta de oportunidades, avance de la desigualdad, desconfianza en las instituciones y quiebra de la convivencia.

 

Pues, francamente, yo no lo veo. Con el programa y con el líder tengo mis dudas.

 

En relación con el candidato me encuentro con que tres de los gerifaltes del ¿nuevo? Psoe –su actual Secretario general y los portavoces del Congreso, Antonio Hernando,  y del Senado, Óscar López,- constituyeron la guardia de corps de Pepe Blanco, alias Pepiño y eximio Secretario de Organización de otro lumbreras, ZP. En fin, no me parece a mí un póquer ganador en una partida política seria. Cierto es que yo estoy desclasificado para llegar a comprender las sutilezas de la nueva política y que en una sociedad de la imagen y el conflicto comunicativo como tablero de juego todo puede ocurrir.

 

Y no lo veo en relación con el programa. En primer lugar, porque no parece que su patio trasero se encuentre firme y preparado para acompañar al cabecilla en su asalto a La Moncloa: desde Susana Díaz y su distanciamiento persistentemente escenificado (sea por su reciente maternidad, por sus ambiciones personales, por “compromiso con los andaluces y andaluzas” o, simplemente, porque sí) a Ximo Puig y su andanada sobre los “los liderazgos revisables”, pasando por los afectados por desplazamiento o inmersión en los listados electorales. Todo ello augura una precampaña agitadita, por decirlo con suavidad. El adjetivo para el período postelectoral, si no se ganase, habría que buscarlo el diccionario específico de ajuste de cuentas.

 

Tampoco lo veo, porque nada parecen ayudar movimientos como el fichaje de Irene Lozano, un cuadro de la cuadra magenta. Cuadro y cuadra que las han soltado de aúpa contra el partido del Pablo Iglesias originario. Igualmente, no parece que la inclusión de Madina en  Madrid, tras haberse negado a ir de tercero en la lista de Bilbao, pueda ser presentado como gesto renovador y de apaciguamiento. No considero yo que con semejantes ejercicios el candidato socialista vaya a generar un movimiento heterogéneo que aúne voluntades internas, recupere votantes desencantados  y permita promover una mayoría diferente a la ya dinamitada que depositó antaño en el Psoe esperanzas de cambio y transformación.

Y, desde luego, no lo veo con sus contenidos programáticos. No hay concreciones y suena a repetitivo, a la retórica discursiva de siempre. ¿Es creíble el ritornello al laicismo? Cada vez que que se ha esgrimido ha tenido el uso de de ruido de campanario para vincular a la parroquia socialista,¿ por qué creer que ahora sí va en serio?

 

En otro aspecto, un sistema tributario justo, eficiente y capaz de sostener un bienestar digno para la mayoría social española pasa por terminar con los privilegios fiscales de las grandes fortunas, porque la figura de delito fiscal deje de ser un mero adorno en el Código Penal y por articular una Agencia Tributaria realmente potente y volcada en la lucha contra el fraude y la economía sumergida, y no por caramelos de nuevas figuras impositivas que cargarán sobre quienes ya tributamos. Todo suena a la retórica socialdemócrata de “entregadnos a nosotros la sartén” como garantía de que no os violaremos con el mango, sino que sólo os zurraremos las nalgas con el cazo. Tras nosecuantos años de gobiernos socialistas ¿en qué se ha rebajado el poder cultural o económico de la derecha española? Ésta es la pregunta del millón que el socialismo español pretende obviar y que la sociedad española merece que se le conteste.

 

Ni renovación de propuestas, ni proyecto de ruptura, ni cambio de estrategia. Arriba he expresado que sólo con telegenia no van a ganarse las próximas elecciones generales. O sí, vayan ustedes a saber. Si así fuese sólo pido un favorcito: no nos den la brasa con que ha ganado la izquierda.  

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