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Ciudadano Descatalogado

Honorio Cardoso
El blog en Tribuna de Salamanca de Honorio Cardoso

Ens posem com ens posem

Las elecciones catalanas se han producido, los resultados están sobre la mesa y la polifonía –o cacofonía- analítica se ha desplegado sin cortapisas. Y, podría decirse, que con desinhibición y desahogo por una parte significativa de la peña de comentaristas y tertulianos que domina la medioesfera hispánica. Lo que  para la gente medianamente inteligente resulta (dolorosamente) palmario es que, nos pongamos como nos pongamos/ens posem com ens posem, estamos atrapados entre dos construcciones fantasmales: la España irreformable y la Cataluña irredenta. Irreductibles ambas en su esencialismo ahistórico, agotadoras en su matraca justificadora –Espanya ens roba versus la Cataluña egoísta-, sostenidas ambas por unos votantes impasibles al tufo de corrupción, comisiones y fortunas ocultas de sus respectivos dirigentes políticos y con unas élites indiferentes al dolor, decadencia, deuda y desgarrón emocional que su enfrentamiento de dinosaurios terminará generando.

Parece irrebatible que el poco más del millón novecientos mil votos que acumularon las fuerzas políticas contrarias a la independencia son más que el millón y medio largo de los votos que respaldaron a los grupos declaradamente independentistas; pero resulta, cuando menos, patético el afán en contemplar estos como una nube pasajera del espacio político catalán. De igual manera, habrá que considerar incuestionable que el número de escaños de las fuerzas no independentistas (63) queda por debajo de sus competidores (72); ahora bien, sólo desde el cinismo es posible minorizar el peso de aquellos escaños a la hora de formular proyectos de país.  Si bien, más allá de los meros números y de la evidente fractura política, lo que los líderes del Junts y los dirigentes del constitucionalismo realmente existentes parecen querer ocultar a sus respectivas comunidades es que los resultados del 27-S dibujan, en sus respectivos campos, unas líneas de fisura que pueden desencadenar fallas insalvables si se sigue alimentando el simplismo y la confusión. Tras los comicios, el contexto sigue siendo propicio a un choque de trenes, pero también parece posible que una reconfiguración tectónica (ruptura Junts/CUP o imposible conexión del bloque del no) termine enterrando a parte de los agentes principales que, hasta hoy, han protagonizado la escena. Mientras tanto, a la espera de las elecciones generales, seguiremos sufriendo el frívolo postureo paralizante y venenoso: catalanofobia expansiva y antiespañolismo desenfadado como mecanismos que impidan perder moral o efectivos en las trincheras en las que pretenden tenernos encerrarnos.   

 

Nos pongamos como nos pongamos, la percepción social de los partidarios del statu quo y de sus contradictores es la de una progresiva debilidad democrática del Estado tejida, entre otros, por estos mimbres: la incapacidad del gobierno de los Populares para pasar de la política declarativa a la acción propositiva; ítem más, el desacierto del Ministro de Justicia, Rafael Catalá, en la utilización partidaria de la Fiscalía  (con dimisión incluida de Torres-Dulce) y en su permanente glosa mediática a las decisiones judiciales; y, como intragable nata pastelera, el tratamiento funcionarial y tancredista de Rajoy a la cuestión catalana con su insufrible respuesta de que “eso (la independencia) no va a ocurrir” porque Él no lo permitirá y la Ley tampoco. Desidia oficial que, en primer lugar, ha extendido el sentimiento de que el único arsenal que ha ido creciendo en este tiempo es el del secesionismo y, en segundo y más importante, ha impedido poner en valor la incompetencia de los gestores del Procés para acumular socios internacionales y aliados al otro lado del Ebro y que viene a desvelar el componente retórico de sus intentos reales por articular el derecho a decidir mediante un referéndum democrático.

 

Lo que une a los protagonistas fundamentales de esta dramática porfía, es que tienen títulos de propiedad en el Régimen de la II Restauración borbónica cuya piedra fundacional, habrá que volverlo a recordar aunque moleste, fueron las componendas  y la marginación de la movilización popular constituyente. Por ello se opone Rajoy a la convocatoria de un referéndum y por eso Artur Mas está encantado con la negativa gubernamental. Fue a partir de ese momento cuando pisó a fondo el acelerador, no por compromiso de profundización democrática, sino porque, si el único camino era la sucesiva convocatoria de elecciones, su posición quedaba liberada de compromisos. Sean estos con la Moncloa o con la Meridiana. Una semana después del 27-S ninguno de los dirigentes de Junts Pel Sí ha reafirmado su compromiso con dicho referéndum, pero no pueden ocultar su satisfacción con el más seguro caminar de la elaboración de leyes hacia el objetivo secesionista.

 

No es la hora de la Ley, sino la hora de la Política. De tomar medidas que hagan frente a las exigencias de la realidad y a los desafíos que abre el desmoronamiento de un desastroso statu quo. Para los partidarios del radicalismo democrático de uno y otro lado del Ebro la respuesta pasa de manera ineludible por un referéndum democrático y con garantías. Cuanto más avance el deterioro institucional,  cuanto más domine la rigidez impostada de los excluyentes, cuanto más tarde en convocarse y más cerca estaremos del precipicio.

Comentarios

Lourdes 04/10/2015 21:50 #2
Me gusta ver escrito lo que pienso. Gracias por este artículo.
Charo 04/10/2015 10:40 #1
Interesante!!!!!

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