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Caminos que recordar

José Luis Morante

Un paseo por Barco de Ávila

 
La mayor parte de los viajeros que se acercan hasta Barco de Ávila se lleva una privilegiada imagen en la retina: la silueta perfecta del castillo, testigo impasible del paso de las estaciones. El edificio, de planta cuadrada y sólida armazón, fue construido sobre el emplazamiento irregular de un antiguo castro vetton, abandonado y desmontado tras la dominación romana. Sus yacimientos pétreos se aprovechan para la cantería de cimientos y muros, y permiten en la alta edad media la defensa del valle por algún señor feudal. Ya en el siglo XIV, cuando la reconquista avanza hacia el valle del Tajo y los reinos taifas musulmanes se repliegan hacia el sur de Sierra Morena, alcanza su forma constructiva actual. Era un modo de fortalecer el poder nobiliario y evitar las frecuentes razzias musulmanas. No han sido las únicas vicisitudes históricas vividas entre sus muros.

Pero Barco de Ávila cuenta con un enorme patrimonio histórico y con una armoniosa topografía urbana. El conjunto más homogéneo se percibe en la Plaza que todavía mantiene una disposición porticada. Como tantas plazas castellanas cubre las necesidades del mercado semanal y da resguardo al vecindario de la brisa fría que delata la proximidad de la Sierra de Gredos. Son los productos agrícolas de la zona los que satisfacen la demanda alimenticia de sus pobladores y las compras de llegados por la fama de sus legumbres. Es sabido que las judías de Barco tienen denominación de origen y una calidad particular, debido a su suelo de cultivo, procedente de la degradación de rocas graníticas. En la plaza sobresale la renacida casa consistorial que, tras la eliminación de los antiguos muros, ha dado paso a la airosa Casa del Reloj, con fachada de piedra labrada y elementos de mampostería castellana, con un elemento muy original, la torrecilla metálica que corona el tejado y acoge la campana del reloj.

En la Calle Mayor está la cárcel, un inmueble restaurado, de amplios balcones y alta portada que se adentra en una hermosa escalinata. La cárcel, que un día fuese de la parroquia, y más tarde del concejo municipal, ha cumplido durante años una función judicial. Ahora es vistosa sala de exposiciones temporales y cobija la bien nutrida biblioteca municipal.

Son muchas las calles de interés del municipio, cuyo recorrido no puede agotarse en una sola jornada. Me encamino hacia el cercano cauce del río. Permanezco unos minutos inmóvil, sobre el puente viejo, viendo como las tonalidades de luz se reflejan en las transparentes aguas del Tormes. Me llega el rumor apaciguado de su cauce, mientras contemplo sobre las almenas el vuelo de ida y vuelta de golondrinas y vencejos, ese vuelo tenaz que siempre duda al elegir el lugar de destino.

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