Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

La Colilla. Cercanías

 
La proximidad geográfica a la capital de La Colilla hace inevitable el encuentro con los últimos barrios del ensanche y la compañía habitual de muchos abulenses. Se accede al pueblo por un pequeño ramal que parte desde la carretera de Piedrahita y Barco de Ávila, en un mínimo espacio temporal. Desde hace siglos, La Colilla se define por uno de sus materiales naturales: la piedra; de sus canteras ha salido buena parte de la mampostería granítica de muchos monumentos abulenses de la ciudad medieval y de las fachadas y arquería de las principales plazas. La piedra define un oficio, la cantería, que se ha ido adaptando al transcurrir del tiempo y a la demanda de materiales que marca el ritmo de varias generaciones de colillanos.

Circular por el pueblo es percibir cómo las fachadas de su arquitectura rústica han sido remozadas por el empaque del granito. El perímetro municipal se va prolongando en vistosos chalets y los huertos cercanos aparecen arropados por las construcciones, como elementos complementarios de la vida diaria, como algunas casillas agrícolas. Pero las pautas del deambular cotidiano han cambiado por el intercambio poblacional con la capital. El precio de la vivienda ha facilitado los asentamientos en el municipio, del mismo modo que el empleo en Ávila que emana de sectores como la hostelería, la industria y el comercio sirve de reclamo para la mano de obra más joven, cada vez menos propensa a ejercitarse en los duros oficios tradicionales.

El término municipal aparece con una doble vertiente. La zona alta está formada por las estribaciones de la Sierra de Ávila, fuente natural de los recursos, aunque no hay cerros ni alturas de interés. En la zona sureste se abre la amplia llanada del Valle Amblés, una de las zonas más fértiles de la cartografía provincial, surcada por algunos arroyos y por el cauce manso del Adaja. Esa vista se acrecienta en el atardecer, cuando el sol desaparece por las siluetas de Serrota y el campo queda mucho, en el claro silencio que precede a la noche.

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