Morante original

Caminos que recordar

José Luis Morante

El Soto de Ávila

El mapa urbano de Ávila conserva todavía las dimensiones justas del lugar habitable. Su demografía en el primer tramo del siglo XXI preserva la imagen de una ciudad hecha a la medida del hombre que aglutina pasado histórico, monumentos en buen estado de conservación y servicios para que el presente complete el calendario laboral en las mejores condiciones. Además el crecimiento urbanístico ha languidecido con la crisis y son muy pocas las grúas activas que urbanizan las parcelas cercanas a la capital.
Tiene otra ventaja, muy palpable, para todos los que a lo largo de la semana practicamos un oficio sedentario: el contacto con la naturaleza. Por cualquiera de los cuatro puntos cardinales de su red viaria, en unos pocos minutos es posible sumergirse en un entorno poco transformado.

Así que hoy, he preferido aparcar el coche, calzarme zapatos cómodos y programar un largo paseo por un parque natural, a pocos centenares de metros del perímetro amurallado: El Soto.

Situado en la zona meridional de la capital, muy próximo al pabellón deportivo, la plaza de toros y el estadio de fútbol Adolfo Suárez, El Soto es un parque de ribera que acompaña la orilla norte del río Adaja.

Chopos y fresnos eran las especies arbóreas características de la zona, que cuenta también con algunos álamos y eucaliptos, junto a una pradera estacional y un complemento vegetal de zarzas, juncos y helechos. La remodelación del parque ha enriquecido el lugar con una distribución más adecuada para usos sociales, acordonando sendas de peatones, carriles de bicis y algunas mesas para ocio familiar que eviten la nefasta práctica de la barbacoa al aire libre, que tantos estragos ha causado en pinares y zonas verdes.

No disgusta la remodelación; no tiene el carácter artificial que estos espacios tienen en otros lugares, llenos de columpios de colores chillones y bancos atestados de graffitis e inscripciones analfabetas. Los senderos, el aparcamiento y las delimitaciones para usos peatonales tienen una presencia discreta que no hace añorar el soto de hace décadas, cuando el lugar colindaba con tierras de labor y abundante ganadería vacuna y fluían las aguas del Adaja con una buena cosecha de barbos, truchas y carpas.

Cuando llego, El Soto presenta una apariencia impoluta, de mañana limpia y primaveral. Algunos abulenses caminan a buen paso, como si quisieran eliminar para siempre toxinas y desánimo, y otros leen la prensa con el sosiego del que piensa disfrutar del largo fin de semana, marcando distancia con las preocupaciones de los días laborables.

Emprendo un recorrido de pasos tranquilos. El fin de semana exige disfrutar cada instante, buscar con la vista ese matiz que convierte el paseo en un grato ejercicio de contemplación en el que olvidamos la hora de regreso.

Comentarios

Deja tu comentario

Si lo deseas puedes dejar un comentario: