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Buen ciudadano Canino

Pedro García

Agresividad (III)

Para corregir un problema de agresividad por dominancia es imprescindible invertir la relación de dominancia que se ha establecido entre el perro y la persona o las personas afectadas, algo que no puede hacerse sin la colaboración de dichas personas y la asesoría de un adiestrador profesional. Dicho muy brevemente, esta inversión se realiza mediante el reforzamiento negativo de la conducta agresiva y el reforzamiento positivo de las conductas de subordinación. Es importante que el reforzamiento lo lleven a cabo todas y cada una de las personas hacia las que se dirige la agresividad. El adiestramiento en obediencia es un excelente método para lograr un mayor control sobre el animal.

 

Normalmente este tipo de agresión se produce contra los dueños del perro o contra las personas conocidas por el animal. Se genera cuando por diversos motivos un perro llega a sentirse el líder del grupo - es decir, el dueño de la casa - y por lo tanto no acepta que ninguna de las personas que viven con él le pida que realice algo que no desea hacer.

 

Es muy común que el dueño de un perro le permita a su animal hacer todo lo que quiera: sacarlo a pasear cuando así lo dispone el perro, alimentarlo cada vez que el animal ladra pidiendo comida, y demás. Todas estas actitudes tienen como denominador común que el perro toma la iniciativa y el dueño obedece. Sin necesidad de palabra alguna, el animal siente que tiene el control de la situación, es decir, el poder.

 

Sin embargo, en algún momento de la convivencia el dueño suele pedirle a su compañero que haga algo. Si es del agrado del perro, cumplirá la orden sin problema. En realidad lo hará porque él desea hacerlo y no por respeto a su propietario. Por el contrario, si esa orden no es de su agrado, no obedecerá. Si el dueño se enfada y lo reprende, el perro posiblemente le gruñirá. Si la persona no entiende el mensaje y continúa en su accionar, muy probablemente termine mordida por su propio perro.

 

A diferencia de lo que la mayoría de la gente cree, el castigo físico al agresor no suele ser eficaz para resolver el problema. Esto se debe a que el perro considera que es él el dominante del grupo y, por este motivo, no sólo no aceptará el castigo sino que probablemente reaccionará con mayor agresividad.

 

El método más adecuado para resolver este comportamiento indeseable consiste en demostrarle al perro no que uno tiene más fuerza que él sino más poder. El camino más sencillo es suspender caricias y todo tipo de interacción con el perro, a menos que el animal obedezca una orden. En ese caso recibirá su premio, es decir, una caricia. En un comienzo los pedidos realizados al animal deben ser de su agrado para que obedezca. Luego, y a medida que se observan resultados positivos, se debe aumentar el grado de exigencia. De esta forma el perro aprenderá que hay que trabajar para poder sobrevivir y que el encargado de "pagarle" por la tarea es su propietario, quien a partir de ese momento se habrá convertido en el verdadero jefe del grupo

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