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Blog Ramón Vicente

Tribuna de Salamanca

Los discos quedaron guardados

Los discos quedaron guardados. El vinilo en su funda de cartón rasgado por las esquinas y envuelto, en algunos casos, en un plástico protegiendo los surcos sonoros que hacen clip cuando la aguja gira en círculo sin memorizar el paso anterior, como aire que se va para no volver, como el humo que desaparece haciendo una espiral.
Y los demás en tarrinas de plástico, que aunque giran no suelen dejar en la orilla el sonido de las olas, al menos el que mis tímpanos conocieron en su formato más clásico. Así sé que se sienten algunos músicos de nuestra ciudad, dentro de una tarrina de plástico de la que sacan la cabecita de vez en cuando para que les vean. Quizá deberían gritar más alto.

“Los tiempos cambian, me adapto, lo intento, es mejor”, dicen. Podría estar de acuerdo con algunas cosas y para muestra un botón. Aquí estoy, tecleando estas líneas en formato digital, pero no se me olvida escribir, con mejor o peor letra, más lento quizás que cuando tomaba apuntes… La cuestión es que no entiendo porqué se pierden algunas cosas y se sustituyen por algo peor.

Tal vez a la industria discográfica le sale más rentable, aun sabiendo que el producto final es de inferior calidad. Está comprobado que un CD no transmite esos matices que el pasado de moda vinilo nos hacía sentir. Aunque algunos nostálgicos luchan como el barco que quiere volver a puerto, que está a la deriva y no encuentra el faro. Ya casi no quedan fareros.

Ahora los tiempos están cambiando, me alegro. Se abren nuevas puertas y eso creo que no lo vieron venir los magnates de las discográficas, por suerte para los músicos que toman las riendas de su vida musical. Ahora, con el disco físico agonizando, los grupos florecen como chisporroteos de electricidad, aunque, la verdad, sobrevivir es una tarea más que complicada.

Unos cuantos conciertos en locales que no pagan demasiado, o nada, en muchos casos aprovechándose de las ganas de tocar y de intentar salir por la puerta grande. “La música es como el mundo del toro”, decían muchos que tenían que pagar por saltar al ruedo. Pues ahí está, a tocar, a saltar y a lidiar con los que están en la barra de cachondeo.

Me gusta buscar música por la red, me gusta ver como grupos salmantinos salen a la luz a través de diferentes plataformas gratuitas. Aunque para algunos los grupos de nuestra tierra siguen siendo invisibles. Me pregunto, ¿por qué no tocan grupos de nuestra ciudad en un festival como el Festival Internacional de las Artes de Castilla y León?

Facyl nos trae nuevas propuestas teatrales, perfomances e instalaciones, lecturas cosmopolitas que se nos venden como lo más, incluso proyecciones en los monumentos. Todo ello compaginado con algún que otro grupo sueco o polaco que no conoce casi nadie. ¿Por qué no sacar a la luz grupos de Salamanca? Conozco a unos cuantos, de diferentes estilos… Leyendo el libreto promocional, lo entiendo, ya lo entiendo.

Desean mantener “su esencia y dar continuidad a una línea de programación coherente respecto a ediciones anteriores”. Estoy impaciente por conocer el próximo cartel del festival, con menos presupuesto.

Dicen que será complicado mantener una programación similar con la mitad de dinero, estamos hablando de dos millones de euros, sólo de pensarlo me mareo. ¡Pero esta será la nuestra!, ¿Menos euros = más grupos de nuestra ciudad? Seguro que tenemos suerte.

Y que conste que hay algunas cosas de la programación que me han parecido interesantes. Que el festival es una apuesta, como dicen, multicultural, vanguardista, contemporánea…me gusta esta palabra. Lo que no quita para que se hubiera hecho un guiño a los de casa. Y no hablo de pedir favores o de rellenar algún que otro hueco en las Conchas.

“Sueño a veces con ciudades hermosas y laberínticas donde se descubren extraños tesoros”, recoge el folleto. Imagino que sólo hace falta buscarlos, esta ciudad tiene unos cuantos, os invito a descubrirlos. Y yo, mientras tanto, sueño.

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