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Blog Ramón Vicente

Tribuna de Salamanca

Flautas, armónicas y trompetas

Cantaba canciones, abría los ojos de par en par y desde la parte de atrás del coche amarillo de mi padre veía como se cambiaban las cintas o la emisora de radio. Escuchaba el ruido, las interferencias, el sonido de la rueda que al girarla de un lado a otro daba paso a un nuevo dial.

Por aquel entonces me acuerdo del programa de radio del insustituible Ángel Álvarez, historia de la radio, que presentó su 'Vuelo 605' durante 41 años en RNE, Cadena Minuto o M-80. Yo también me embarqué con Ángel Álvarez en su 'Vuelo 605', reza un grupo en Facebook.

En el coche se escuchaba a artistas de todo tipo, desde la Pantoja a Raphael, pasando por Bob Dylan o los Pekenikes€Ś estos me encantaban. Los hermanos Sainz, que formaron el grupo en 1960, sufrieron muchas penalidades hasta que dieron con la clave sonora. Después de seis años pasaron a convertirse en un grupo instrumental. Se reinventaron, crearon un sonido propio dando paso a flautas, armónicas, trompetas... y fue esa sección de viento la que le reportó el reconocimiento a la banda. Consiguieron un estilo con identidad propia en canciones como 'Cerca de las estrellas', 'Soñar no cuesta nada', 'Trapos viejos' o 'Hilo de seda', una de mis favoritas.

En aquellos días en nuestro país era más importante fijarse en el pop y el rock & roll que llegaba desde el Reino Unido o los EEUU. Incluso atreviéndose algunos grupos a cantar en inglés como en el caso de 'Los Bravos', donde la voz la ponía el carismático cantante alemán Michael Volker, más conocido después como Mike Kennedy cuando se separó del grupo en 1969.

Ahora las tonadilleras son presas de los vampiros chupasangres más variopintos y su música ha pasado a un segundo, tercer o cuarto plano. Igual que en los locales de moda, donde la música no es más que la banda sonora de segundas copas.

Tengo buenos recuerdos de la noche salmantina, de cuando empezaba a salir por los bares de copas. Íbamos a los locales dependiendo del ambiente, de la gente, pero también de la música que se ponía en ellos. La figura del DJ era algo más que una pantalla de ordenador con un programa que mezcla las canciones.

Los DJ´s preparaban un menú musical comiéndose la cabecita y cambiando los platos según llovía la gente que entraba en la pista. No se solía regalar nada, todos íbamos, bailábamos, charlábamos y de vez en cuando preguntábamos €œÂżqué está pinchando, qué es esto?€ A veces, incluso se ligaba. Recuerdo que DJ´s como Suso, Félix (Boli), Carlos (El loco), Juaco se pasaban horas en las tiendas de discos escuchando las novedades que salían al mercado, no sólo lo que se emitía en la radio. Las tiendas que venden discos hoy agonizan€Ś

Ahora en los coches no hace falta meter un casete, no hace falta girar la rueda para cambiar la emisora, con darle a un botón podemos elegir el dial que queramos. Hoy en día con conectar un USB en el salpicadero del coche lo tenemos todo y está muy bien, la verdad es que es un avance increíble.

Imagino que tarde o temprano se implantará en nuestro país la radio vía satélite en los vehículos, como en Estados Unidos, pero Âżno era más bonito antes? Echo de menos el ruidito de la cinta cuando entraba en el radiocasete y los momentos de espera cuando teníamos que rebobinar un tema para volver a escucharlo. Llámame nostálgico.



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