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Blog Paco Cañamero

Tribuna de Salamanca

El fin de una leyenda

La nostalgia se hace presente en el Campo Charro en esta temporada de 2011. Es el año I de la desaparición de los €˜patasblancas€™, un mito ganadero de Salamanca que viene a sumarse a la caída de otros emblemas de esa tierra.

Recién escrito el réquiem de la divisa de los €˜patasblancas€™ queda el recuerdo de un estandarte que pastaba en Castillejo de Huebra, en pleno cogollo ganadero salmantino. Todo comenzó a raíz de que los actuales propietarios €“José Manuel García y Pilar Majeroni- decidieran hacer un vaciado sanitario ante la situación administrativa que tanto les perjudicaba y hacía insostenible poder mantener la vacada con el elevado número de bajas veterinarias que deberían llevar a cabo en los sucesivos controles sanitarios a los que eran sometidos.

Los €˜patasblancas€™, que lucían hermosas hechuras y ofensivos pitones, fueron conocidos con ese nombre por los llamativos pelajes entre los que abundan €˜bragaos€™, listones, meanos, €˜ensabanaos€™, coleteros€Ś Durante muchos años constituyeron un icono ganadero, sobre todo cuando estaba en manos de Manuel Sánchez Cobaleda, inolvidable criador del que se podían referir numerosas anécdotas. Manuel, hombre parco en palabras, fue el propietario de los €˜patasblancas€™, toros de procedencia Vega Villar (encaste nacido en tierras zamoranas y extendido en Salamanca), en cuyas manos gozó de máximo cartel y estuvo presente en las más postineras ferias, como la de Sevilla, en la que fueron anunciados durante más de 20 años. Entonces existió tanto €˜feling€™ entre el criador de Salamanca y la afición sevillana que se da la circunstancia que un año quedó excluido de los carteles y se organizó tan malestar a la vera del Guadalquivir que el propio Gobernador Civil hispalense mandó que se dispusieran las facilidades precisas para que los toros de Sánchez Cobaleda, los afamados €˜patasblancas€™, pudieran ser lidiados durante la Feria de Abril.

Son muchas las anécdotas que se cuentan de esta afamada ganadería que acaba de escribir su réquiem, como la costumbre que tenía Manuel Sánchez Cobaleda de lidiar en los tentaderos vacas utreras, finas de cabos y cornalonas, lo que provocó las iras de muchos toreros, algunos muy importantes. Como ocurrió una mañana de la pasada década de los 40 cuando llegó como invitado Carlos Arruza. Fue poco después de romper con tanta fuerza en los ruedos españoles. Esa mañana, bajo el escenario de las nieblas invernales, Carlos Arruza entró en la finca y nada más llegar a las instalaciones y descender del automóvil, tras los saludos iniciales se dirigieron a la plaza de tientas, que está al lado de la ribera.

En el tentadero, Arruza, como es habitual cuando se va a un sitio por primera vez, se subió para ver las becerras y cuál fue su sorpresa que se encontró con toda una €˜corrida€™. Entonces, el torero mexicano hijo de españoles (y sobrino del genial poeta León Felipe) se quedó tan asustado ante tamaña €˜leña€™ que sugirió al ganadero que cambiase el encierro y le encerrase unas eralas, que era los más apropiado. Entonces, Manuel Sánchez Cobaleda, con su timidez y forma tan parca en palabras le dijo que no, que en su casa mandaba él, por lo que el afamado torero optó por marchase de la finca pensando que se trataba de una faena orquestada dada la vinculación y amistad que tenía el ganadero Sánchez Cobaleda con Manolete (quien entonces pasaba largas temporadas en el Campo Charro) y como Arruza se había convertido en su máximo rival (!desde que ha venido Arruza, Manolete está que bufa!) pensó de esa manera le hacía pasar un rato. Aunque la enemistad duró poco tiempo, porque la siguiente temporada, Arruza, mató varias corridas de Sánchez Cobaleda por distintas plazas de España con mucho éxito.

Fueron solamente algunas de las anécdotas de la ganadería de Sánchez Cobaleda, que dejó escrito un grueso volumen ganadero en Salamanca por la bravura de sus toros, la personalidad de su ganadero y también por otro pintoresco personaje llamado Lucio, fidelísimo mayoral de esa casa hasta el día de su muerte. Lucio era un hombre agradable, socarrón, muy mujeriego, espléndido, que vestía siempre de corto y pasó gran parte de su vida al servicio de la ganadería de Sánchez Cobaleda. Fue uno de los mayorales más famosos de todos los tiempos y un personaje que siempre miraba el lado positivo de la vida, gracias a la particular filosofía de la que hacía gala.

Hoy ya todo es parte de una historia que contribuyó a hacer grande al Campo Charro. Todo por culpa de las nuevas modas del toreo, las mismas que han acabado con la leyendas de los €˜patasblancas€™.

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