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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

Regreso a la adolescencia sentimental

Ficarra y Recua brindan una comedia romántica con componentes dramáticos que, pese a sus estupendos diálogos e inspirado reparto se muestra demasiado inocente y conservadora bajo su aspecto de comedia sofisticada y vanguardista.
Glen Ficarra y John Recua sorprendieron con su guión de locura navideña en ‘Bad Santa’, comedia irredenta de malsano humor negro. Su paso a la dirección de carácter binómico se consolidó en ‘Philip Morris, ¡te quiero!’, de nuevo otra comedia dramática y carcelaria sobre el ‘amour fou’ entre dos hombres que escondía un cuestionamientos a las oscuras formas de poder. Su tercera película, por supuesto, no podía inscribirse en otro género que no fuera la comedia. ‘Crazy, stupid, love’ gira en torno a un hombre gris que se replantea seriamente su situación personal cuando su mujer le confiesa su adulterio y su desaliento en una relación destruida por la rutina y la incomunicación.

Tras una reflexión sobre el tiempo perdido y la vida sentimental dilapidada por el fracaso, reformula su situación para lanzarse al noble arte de la seducción. ‘Crazy, stupid love’, es así comedia de enredo, donde el diálogo y la superposición de tramas y fondo coral que circula alrededor de la figura de Steve Carell, que constituye el sustentáculo del guión de Dan Fogelman, el escritor de las dos cintas de animación como ‘Enredados’ y ‘Cars’ y que fragua su solidez en la agilidad con la que se intercalan las tramas románticas; bien sean de amores perdidos, de pasión idílica, de sentimientos imposibles, polvos pasajeros… Sin embargo, la gran atracción de la función se asienta en el incandescente Carell, que vuelve a componer con asombrosa facilidad ese papel por el que empieza a caer en la monotonía del encasillamiento; un tipo de buen corazón, algo despistado con cierto aire burgués que representa la pulcritud que esconde una vida vacía y sin la capacidad de sostener un matrimonio consumido por la desidia. Pero lo cierto es que el cómico impone una clase y un talento fuera de toda duda.

El tono agridulce salpica su metraje de momentos de auténtica comedia de calidad, que empieza con la transformación de Cal despojándole de sus zapatillas New Balance y una anacrónica cartera de velcro y alcanza su cúlmen con el momento ‘Dirty Dancing’, por poner algún ejemplo. Pese a algunos trazos de brillantez, también tiene sus momentos de bajón, como ese clímax (pelea incluida) para alcanzar su previsible ‘happy end’. Es una pena que, de fondo, el filme venga sellado por algunos tópicos y artificios que hacen que el fantástico arranque se vaya convirtiendo en algo insustancial, debido, sobre todo, a la corrección política y al fondo moralista que lleva arraigado su mensaje esperanzador sobre el amor y su importancia dentro de nuestras vidas. El problema de ‘Crazy, stupid, love’ es que, bajo el aspecto de comedia sofisticada y vanguardista, es demasiado inocente y conservadora. Le habría echo falta más picardía y pérdida de concesiones a la compostura. Un discurso sobre lo importante que es tomar la iniciativa en esta vida, no traicionarse nunca a sí mismo y la perseverancia es el apaciguador mensaje inscrito en sus intenciones como propuesta romántica.

Destaca además un elenco que sigue a ese genio de la miscelánea cómica y patética con la que dota a su rol el gran Carell, haciendo énfasis en el genial Ryan Gosling, que demuestra saber moverse fuera del ‘indie’ alejado de personajes de sobrepeso dramático para ofrecer una recreación chulesca y entrañable del ‘fucker’ de discoteca que anhela poder mostrar sus emociones para conquistar a una Emma Stone que se está labrando una estupenda carrera con el acierto de sus comedia. Julianne Moore, Kevin Bacon, una histriónica y siempre gratificante Marisa Tomei son también fundamentales para esta película sea efectiva debido además por el equilibrio que existe entre lo absurdo y lo trascendental, entre la comedia romántica y el drama familiar.

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