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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

No habrá paz para los malvados

¡Rock and Roll! Enrique Urbizu compone una extraordinaria coalición de ‘western’ crepuscular y sucio y desalmado ‘noir’ con una admirable visión fílmica construida de forma personal y calculada de forma milimétrica.
El cine de Enrique Urbizu viene caracterizado por haber definido con su talento una carrera de honestidad intachable tras las cámaras, con una madurez forjada dentro de una filmografía a la que ‘No habrá paz para los malvados’ no es ajena.

Lo que emerge del texto esconde una parte sumergida que va aflorando según avanzan las pesquisas de ese personaje antológico y desapaciblemente entrañable que es Santos Trinidad, un perdedor despojado de heroísmo y moral, que simboliza los peores valores humanos que pueden caracterizar a un agente de la ley. Un policía alcohólico y desarraigado, que maniobra al margen de sus compañeros en beneficio propio y personifica una arteria antisocial e ignominiosa de la ley por la que late la grandeza de ‘No habrá paz para los malvados’.

Trinidad es el centro de gravedad sobre el que orbita todo el atractivo de la historia, jugándose con ello la antipatía del espectador que, sin embargo, y en efecto antitético, acerca su afecto a este cerdo desalmado que vive de las transgresiones morales pero que asume su condición de superviviente en un mundo de falsedades e hipocresía. A esa excelencia contribuye en su totalidad un Jose Coronado en estado de gracia, componiendo un papel complejo y arriesgado, dotando de credibilidad y proximidad el rastreo de este neurótico policía.

Mientras tanto, a Urbizu y a su coguionista, Michel Gaztambide, les gusta jugar a resguardar la personalidad de sus personajes principales, de los cuales poco se sabe, sutilizando además los giros, un tanto avocados en función de su final, sin hacer alardes de piruetas argumentales, dejándose llevar por la lógica de la investigación en su trama de búsqueda donde las piezas van encajando solas y siguiendo una intención de confusión voluntaria.

Aquí, interesa centrarse en el momento presente, en la rutina policiaca de un hombre amargado y oscuro cuyas motivaciones personales no van más allá de su ímpetu y fiereza para salvaguardar sus espaldas. El cineasta vasco sabe componer una visión fílmica reconstruida de forma personal sobre un marco genérico reconocible como el thriller’ de componente policiaco, consciente de las posibilidades de expresión del género con algo de ascesis, de evasiva actitud y austeridad buscada, para ir dilatando la tensión con la que va descubriéndose el caso en una vertiente de investigación paralela llevada por los roles encarnados por la debutante Helena Miquel y Juanjo Artero.

Nadie va a descubrir la excepcional ejecución visual de este director que filma con brutalidad visceral, con un ensalzado realismo para retratar situaciones y contextos. ‘No habrá paz para los malvados’ supone una extraordinaria coalición de ‘western’ crepuscular y sucio y desalmado ‘noir’ que escupe con rabia en las doctrinas y tendencias idiotizantes del cine español modernas para entregar una película marginal, desprovista de mensajes moralizantes y asumiendo el riesgo de lo que se sabe una victoria segura.

La de la dignidad de un director que cree férreamente en cada plano que rueda. Un modelo a seguir. Esperemos que pronto Urbizu vuelva con más… ¡Rock and Roll!

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