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Blog Miguel Refoyo

Tribuna de Salamanca

La máquina de matar inhibida

Joe Wright propone un juego de apariencias donde el €˜thriller€™ no es más que un simbolismo dentro de una trama con propensión a lo ostentoso que acaba por desfallecer.

En €˜Kick-ass€™, la novela gráfica de Mark Millar y John Romita Jr. y adaptada al cine por Matthew Vaughn, un padre expolicía que intentaba acabar con los principales capos de una mafia de narcotraficantes que mató a su esposa, educaba a su hija pequeña en el arte de la guerra y para que le acompañara en su función superheroica en busca de venganza. Lo que allí suponía un ejemplo de anarquía cinematográfica en
la deconstrucción del héroe de cómic, con un espíritu irónico cercano al cinismo poco tiene que ver con las bases sobre las que se erige €˜Hanna€™.

Ambas comparten a esa dulce e inocente niña que es en el fondo una bestia adiestrada para matar. Aquí la protagonista es una etérea y fría joven de rostro hierático de penetrantes ojos azul aciano que esconde bajo su pálido rostro años de aprendizaje en el arte de la lucha extrema, el manejo de las armas, la caza, la defensa y la guerra en todas sus variantes que busca su lugar en el mundo. Se trata de un viaje iniciático desde la niñez al mundo adulto, donde la pérdida de la inocencia viene dada desde un punto de vista fabulesco en ese halo misterioso que esconde la naturaleza de la protagonista en su viaje a la civilización en busca de respuestas.

Para ello Joe Wright, adecuado a películas de época como €˜Orgullo y prejuicio€™ y €˜Expiación€™, no varía en su ejecución respecto a ellas, apoyándose en todo momento en la poética, donde prevalece la estética de un ejercicio de efectismo formal, de cierta grandilocuencia esteta. €˜Hanna€™ está trazada con los rituales esquemáticos de los cuentos de hadas, como si fuera una nueva versión de Caperucita y el Lobo combinada
con el espíritu de los Christian Andersen donde los €˜glocks€™, los €˜smartphones€™ y los seguimientos satélites de la CIA representan la maldad del villano de turno, que llega a resultar involuntariamente ridículo en forma de madame de la CIA acompañada de gregarios de puticlub torpes y burdos.

La comicidad involuntaria no le viene bien a un €˜thriller€™ con ínfulas de oscura visceralidad para que el suspense haga avanzar una trama que va debilitando su poder de sugestión desprovisto de ambigĂźedad moral hasta el punto de llegar a encuadrarse en la subclasificación de película de persecuciones vacía de ímpetu efusivo. La violencia y la sangre están inhibidas, la agresividad resulta desangelada, así como las emociones carecen de matices, de fondo dramático que las sustenten.

El problema es que a Wright se le vuelve a ir la mano en el exceso de trascendencia con la que asume su cargo, tendente hacia un esforzado europeísmo que prevalece en toda la acción, con tramas de espionaje y genética soterrada que esconde un cuento demasiado artificial, que tiene que recurrir a la labor fotográfica de Alwin H. Kuchler para establecer un estado de ánimo y un aumento del nivel de tensión. €˜Hanna€™ al final queda como una fábula surrealista de sangre y arrepentimiento, más superficial que hiperactiva y audaz. Poco ortodoxa, sí, sin embargo acaba dejando un sinsabor que, afortunadamente, se olvida una vez se abandona la sala de cine.

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